Anotación párvula para lector agudo.


Ya hace más de dos largos años que Pablo Iglesias viene hablando de socialdemocracia, como viene dando muestras Podemos, ahora Unidos Podemos, de que son los únicos que hablan con alguna coherencia, que argumentan con el reconfortante sentido común más propio de seres humanos que de ninots de falla de cartón piedra, muy otros, todos esos que farfullan o que se limitan a articular sonidos sin significado, a veces incluso con cierta dificultad fonética y a pesar de la facilidad de la tarea, que lanzan al aire sin ton ni son palabras comodín y topicazos, es decir, justo lo que hace el resto de políticos de otros partidos y la gran mayoría de medios de comunicación, por no decir todos. Unos y otros secan el cerebro y provocan interminables bostezos, cuando no desatan la ira. Pero son precisamente los políticos de Podemos los que son perseguidos con saña por esos medios sin tregua por tierra, mar y aire y son empujados, incluso con violencia verbal, a decir, de lo que se les pueda ocurrir a sus severos examinadores, que algo es blanco o negro, cuando salta a la vista, todos lo vemos, que es verde o gris, para terminar afirmando, en vista del fracaso de no haberse salido con la suya -suya de sus amos- lo de «vale, vale, pero no me ha contestado usted si es blanco o negro». Les suena, seguro que les suena. ¿Y por qué y para qué todo este trajín? Porque el poder, el grande, el pequeño y aun el mezquino, teme a Unidos Podemos, como teme el rufián a la gente honrada, a las leyes, a la justicia y si se tercia a su propia madre, porque no deja de afearle que rufianee tan de continuo, obviando sus enseñanzas.

Sin Unidos Podemos no hay esperanza a la vista, y esto lo sabemos todos, incluidos aquellos que nos la regalan de continuo para hacer con ella pajaritas de papel con las que entretenernos mientras nos arrebatan cuanto nos pertenece -nos lo hemos ganado generación tras generación con lucha, sacrificio y aún con la vida- y nos conducen de la mano directamente al infierno. Masacremos con información, con reflexión, con sentido común, con cabeza y con la lealtad que nos debemos a los asustaviejas y a los asustaniños, y montemos para ellos el mejor espectáculo que se puede esperar de este pueblo: nuestro triunfo en las urnas.

Y sin embargo parece que algunos aún no despertaron. A tal punto es así que, si le pidiera permiso yo al presidente de la finca en la que vivo para colgar en una de las ventanas de casa un cartel electoral del PP, me lo daría y con la aquiescencia enfervorizada de todos mis vecinos, no lo duda ni el portero, pero si quisiera hacer lo mismo con otro de Unidos Podemos, no solo me lo denegaría, se me alborotaría y escandalizaría el gallinero al completo. Y no es que lo intuya, no, es que me consta con la constancia que proporcionan experiencias anteriores que tendría que mudarme, no sé si solo de casa, de barrio o… ¿quizá hasta de ciudad, si juego y pierdo? Si hace sobre unos diez años, aun respaldada por todo un colectivo que combatía lo que contribuyó, junto con tantos otros casos, a la ruina del País Valenciano, un diminuto prendedor en la chaqueta con la leyenda «Jo no t’espere»però el PP, amb candeletes, per variar els seus negocisexacerbó los ánimos y desató la lengua de tantos de mis conciudadanos que al cruzármelos por la calle se me dirigían como si me conocieran de toda la vida con la vulgaridad, con el desprecio total de que es capaz, frente al vencido, un intratable pueblo de cabreros… pues no exactamente, dispense el poeta (1), por haber despreciado el someterse con su propia e idéntica sumisión a tradiciones, ritos y fandangos milenarios, la gran juerga mística, imaginen en esta ocasión, caso de que volviera a gobernarnos la Gürtel and Company and Etcétera. Aunque también es verdad que, al menos de momento, pero a saber en el futuro, considerando donde vivo, no significaría mucho más que llamaran anónimamente a «El Cabinista» de Las Provincias unos, y otros, a los municipales, olvidándoseles con el sofoco que ya no nos irrita Rita. ¿Y que habrá sido de esa pobre mujer, por cierto? Qué desagradable lo de Las Provincias y lo de los municipales, ¿verdad? Así que he preferido traerme los bártulos aquí, a Lengua Candeal, como quien se lleva el colchón a la terraza para dormir más fresco.

1. Años triunfales (Moralidades, 1966) Gil de Biedma

[…] y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
Rubén Darío

Media España ocupaba España entera

con la vulgaridad, con el desprecio

total de que es capaz, frente al vencido,

un intratable pueblo de cabreros.

Barcelona y Madrid eran algo humillado.

Como una casa sucia, donde la gente es vieja,

la ciudad parecía más obscura

y los metros olían a miseria.

Con la luz de atardecer, sobresaltada y triste,

se salía a las calles de un invierno

poblado de infelices gabardinas

a la deriva, bajo el viento.

Y pasaban figuras mal vestidas

de mujeres, cruzando como sombras,

solitarias mujeres adiestradas

– viudas, hijas o esposas-

en los modos peores de ganar la vida

y suplir a sus hombres. Por la noche,

las más hermosas sonreían

a los más insolentes de los vencedores.

Y aun hay otra cosa que puedo hacer, dejar también aquí ese producto de la inteligencia, del buen hacer y del esfuerzo que es el programa tan bien amueblado de Podemos, ese que no se cansa de querer ridiculizar sin éxito tanto truhán y tanto gañán como hay, instados a su vez estos truhanes y gañanes por otros tan gañanes y truhanes como ellos, pero con más poder, esos cabreros que vienen a ser los mismos cabreros de entonces, aquellos que, una vez muerto el dictador, elevaron al cielo la hostia de la Santa Transacción, nombre este bastante más ajustado a lo que hubo que el eufemismo interesado o piadoso de Transición.

Urgen dos cosas: ganar, y luego, sea en el gobierno, sea en la oposición, no quitarles los ojos de encima a «los nuestros», más que nada para que se sientan arropados por todos nosotros o, lo que viene a ser lo mismo, porque el ojo del amo engorda el ganado… ¿O era el criado quien engordaba bajo la atenta y severa mirada del amo? Y si llegaran a traicionarnos, quizá hasta seamos capaces de ser tan exigentes y luchadores como otros pueblos que ya se alzaron en pie de guerra en el momento preciso, o que andan en ello a día de hoy y no tan lejos de nuestro país.

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