Vargas Llosa marujea en la cama de Julian Assange

 

La diferencia esencial entre Julian Assange y Vargas Llosa es que sobre Assange aún existen rincones por explorar, permanecen en penumbra, en cambio, nada de eso ocurre en el caso de Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, todo él resulta a estas alturas más transparente que las aguas de un diáfano riachuelo. Será la edad. Assange tiene una vida por delante, en tanto que al peruano se le queda entera por detrás, ya hace meses que cumplió los setenta y seis. Así que, sobre el Nobel, nos lo sabemos todito, todo, qué lástima, lo de Assange está por ver, qué se hará con un señor cuya trayectoria vital difiere de la común al uso, pero al ser humano le queda aún un largo recorrido, si es que no lo malogran liberales de nuevo cuño tipo Mario Vargas Llosa. Podría ser que Assange fuera a ser una avanzadilla de ese hombre que llegará, ni mejor, ni peor, pero capaz de ayudar a poner al descubierto las cloacas más repugnantes en las que acostumbran a chapotear piaras de cerdos dignos de todos los honores y el respeto universal.

El artículo del Nobel, “Julian Assange en el balcón”, publicado al menos en El País, es tan transparente, que habrían de ocuparse de la monstruosa vitalidad de la pluma de todos los Vargas Llosa habidos los expertos en patologías ocasionadas por el más ciego de los servilismos. Se trata de esa misma vitalidad de la que hallamos prueba diaria, no solo en el mundo de la política y de las finanzas, sino en casi todos, ni digo en el de quienes ejercen de intelectuales orgánicos y cuyos traseros se hallan tan a disposición de sus amos, que nos empujan a los demás a mantenernos vigías en la atalaya, tratando de arrancarles el velo con el que querrían tapar su desvergüenza.

Las palabras de la primera línea del artículo son también las primeras notas de una melodía malintencionada que se mantiene erguida por el rencor y al servicio de USA hasta la última de ellas. Así, el lugar de la embajada de Ecuador que alberga al australiano es ‘un cubículo’. No cabe duda de que, para el autor, que lo sea, o que se lo parezca a él, merece la pena consignarlo, en este caso que Ecuador es un mísero país insignificante que debiera suscitar el rechazo de la gente de bien que, como él, está acostumbrada a pisar las muelles alfombras de los salones de los señores de los delitos por todo lo alto contra la humanidad. Lo extraño es que, el término cubículo lo pide a gritos, no haya escrito que una fiera ruge en su interior. “En el cubículo de la embajada del Ecuador en Londres, donde está refugiado, Julian Assange…” Ya saben cuál es la debilidad amorosa de este novelista, Obama y USA , así que la camorra se le desata contra quienes diferimos o, mejor, rechazamos con fuerza tanta ceguera de amor por parte de un tipo maduro, digno, pues, de ser señalado con el dedo, por falaz, por adulón y servil, por zalamero con el negro Obama, y quede constancia de que negro se usa aquí por el color de la piel del presidente norteamericano, no por el de su alma, la de Guantánamo y tantas otras ferocidades ejercidas contra la legalidad y la democracia; en especial, contra la razón y el sentido común.

“De manera que el señor Assange no es en la actualidad una víctima de la libertad de expresión, sino un prófugo que utiliza ese pretexto para no tener que responder a las acusaciones que pesan sobre él como presunto delincuente sexual.” Qué fuerte acusación, ¿verdad?, y qué obsesión con que miremos en dirección contraria a la realidad, a los hechos. Considera don Vargas que sacar a la luz la basura de la crueldad que se oculta en los pozos negros, sentinas o letrinas de las administraciones de naciones democráticas y civilizadas es pecado mortal, y yacer con mujer, a todas luces, se diría, en relación consentida, llegar al fornicio y ser denunciado por ello, en una reacción turbia y más que sospechosa pintada de delito de violación, el meollo de la cuestión Assange; al menos para el pendejo recalcitrante de la propaganda yanqui.

Se trata de la otra cara de la moneda, la larga historia del activista, primero acusado, enseguida declarado inocente, vuelto a ser acusado, pero esta vez de no haber usado preservativo en la coyunda -lo que en Suecia, me explican, cuenta como violación- con la mujer que le había dado cobijo en su propio lecho, ambos desnudos, ella abandonada y no, según mire uno tan comprometida situación, entregada y renuente a la vez, quizá en estado de una imprudente duermevala -“No dormía; vagaba en ese limbo/ en que cambian de forma los objetos,/ misteriosos espacios que separan/ la vigilia del sueño”-,  pero que tal vez cedió al impulso del  ardiente compañero que compartía su almohada, aunque no creyera estar muy segura por somnolienta, quizá haya habido una entrega pasiva mientras vagaba por ese mismo limbo becqueriano. Difieren las versiones, no es que faltara preservativo, es que lo reutilizó, ¡oh, abandonado!, que algo sabemos de la escasez de higiene los que conocemos a seres de maratonianas permanencias frente al ordenador. Assange, guarro, ¿no ves que se enfada la dama, se enfada Obama, se enfada USA y se enfada el Vargas?

Lo cierto es que los delitos de los que se le acusa aparecen siempre expuestos o narrados de manera algo extravagante y contradictoria. En el verano de 2010, la fiscal Maria Häljebo ordenó el arresto de Assange acusándolo de violación en la persona de Anna Ardin, vinculada a la oposición cubana -por perfilar algo a la dama-, aunque esta misma fiscal retiró la acusación horas después, manifestando que no había motivos para sospechar que estuviera en verdad implicado en un caso de violación. Un mes después, la fiscal superior sueca consideró que sí había razones para considerarla; en consecuencia ordenó reabrir el caso. En la actualidad, cuenta con dos órdenes de arresto en Suecia por presuntos delitos de violación menor en la persona de Anna Ardin y por acoso sexual en el caso de Sofia Wilen. Se le acusa en especial de haber forzado a una de estas presuntas víctimas a mantener relaciones sexuales mientras dormía, según dejé escrito líneas arriba, y sin utilizar preservativo. Lo destacable es que, al parecer, post coitum y post documentos filtrados por WikiLeaks -que es cuando casi siempre surgen las tremendas dudas, después-, una de ellas, puesta en contacto con la otra, la práctica del sexo nos hace más sociables, teme haber sido contagiada de SIDA. ¿Se habrá negado este donjuán activo y activista a someterse a una prueba? ¿Es o no portador de anticuerpos VIH? Se le considera, por otra parte, sospechoso de agresión sexual por haberse negado a ponerse el condón, insisto, desoyendo el expreso deseo femenino, de agresión a su integridad sexual, así como de coerción ilegal por haber hecho descansar todo su cuerpo encima de ella durante una de sus relaciones sexuales. ¡Qué desastre de producto sexual este hombre! A esas alturas de la información leída, escuchada después en un programa en RNE, me sentí muy decepcionada, y por dos motivos, por Assange: que sea tan reacio a usar el preservativo y, al tiempo, tan desconsiderado en la postura del misionero, de donde se colige que los conocimientos informáticos pueden estar reñidos con una buena educación sexual. Cierto que, por otra parte, no dejo de preguntarme por qué esas damas no se pidieron el decúbito prono, al haberlo observado brutal en el primer asalto. Aparte, como curiosidad de mujer educada en mil melindres, por qué mujeres que saben pisar como manda Dios en la alegría de la relación sexual se llevaron a su cama a un hacker, no solo cochino, sino encima de los de aquí te pillo, aquí te mato. ¡Y que no haya manera, Virgen Santísima, de hacer de todos estos machotes caballeros de jazmines en el ojal al estilo del Vargas! Personalmente, las cosas como son, de haber estado en la piel de una de estas señoras, caso de haberlo acogido en mi casa, lo habría alojado en el cuarto de los invitados, o incluso en el del servicio, aun obligada a pagarle un hotel a mi doncella, pero jamás lo habría cobijado en mi dormitorio, menos aun en mi propia cama, que de todas nosotras son conocidas las confianzas que se toman los varones en ese coyuntura, muy en especial los que no se duchan y le dan al ordenador con obsesión, que a saber cómo se educó esa mala bestia, habiendo sido internet, con todos sus peligros acechantes, su principal maestro. ¿Ha escudriñado alguien sus discos duros a la búsqueda de pornografía? ¡Ni se les habrá ocurrido!

¿Qué importa, frente a cuanto acabo de contar, lo que sacaron a la luz los cables de Assange, recogidos por la prensa de todo el mundo con grande escándalo y preocupación de los más leales amigos de Vargas Llosa? Los abusos criminales de los EEUU en Iraq y en Afaganistán, donde entraban y salían como Perico por su casa, la matanza de al menos veinticuatro soldados paquistaníes por parte de militares estadounidenses en noviembre de 2011, su intervención interesada en la primavera árabe, en nuestro caso, el de España y el periodista José Couso, abatido en Iraq en la primavera de 2003 por los disparos de un carro de combate estadounidense, las presiones del exembajador Eduardo Aguirre sobre el Gobierno de Rodríguez Zapatero, en las figuras del Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido y del Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, para la ocultación del delito y la colaboración con las autoridades estadounidenses para impedir la investigación del asesinato. Etcétera, que deletrear las fechorías gringas y las colaboraciones sería redactar una biblia, a ver que nación, moza o anciana, no ha pasado por ese lecho de Procusto que son los USA. Que Assange, sus defensores y sus seguidores teman que, desde Suecia, se facilite su extradición a los Estados Unidos, donde las fuerzas ultraconservadoras ya han pedido que sea juzgado por espionaje y por traición, lo que podría significar una condena a pena de muerte, no parece considerarlo el articulista, pero es la terca realidad para el periodista australiano que, en algunas ocasiones, con todo, se ha mostrado en compañía de gente tan poco sospechosa como Noam Chomsky o Tariq Ali, para analizar, entre otras cuestiones, las causas, el desarrollo y las posibles consecuencias de la ola mundial de protestas que comenzó con la primavera árabe, la presencia de los EEUU en los brotes de esa violencia, que siempre que se dispute algún poder, haya petróleo, coltán o algún otro bien, allí anda el país de Obama. Y a modo de ejemplo concreto de los bienes que se derivan de los cables aireados, el fracaso de las reiteradas intenciones de EEUU de mantener en Pakistán un Gobierno títere a sus órdenes. Assange recibió innumerables premios y nominaciones, entre ellos, en 2009, el de Amnistía Internacional de Prensa por haber descubierto asesinatos extrajudiciales en Kenia, distribuyendo y publicando la investigación de la Kenya National Commission on Human Rights y, en junio del año pasado, el Martha Gellhorn de Periodismo, que se otorga a quien lo ejerza, desafiando el secreto y la mendacidad en los asuntos públicos, las “tonterías oficiales”, como las llamó la famosa corresponsal de guerra estadounidense de ascendencia alemana, Martha Gellhorn.

Y sin embargo, escribe Vargas Llosa, no es verdad que Julian Assange sea un perseguido político de los EEUU.  “Dime con quién andas y te diré quién eres. Porque el presidente Correa y Julian Assange son tal para cual”. Ahí queda eso, que para canela fina o en rama, USA y Obama. “En realidad, el fundador de WikiLeaks no es objeto en estos momentos siquiera de una investigación judicial en los Estados Unidos ni este país ha hecho pedido alguno reclamándolo a nadie para enfrentarlo a un tribunal. El supuesto riesgo de que, si es entregado a la justicia sueca, el gobierno de Suecia pueda enviarlo a Estados Unidos es, por ahora, una presunción desprovista de todo fundamento y no tiene otro objeto que rodear al personaje de un aura de mártir de la libertad que ciertamente no se merece” (risas del respetable en señal de reconocimiento a uno de los más eximios payasos pelota de la familia gringa). “De manera que el señor Assange no es en la actualidad una víctima de la libertad de expresión, sino un prófugo que utiliza ese pretexto para no tener que responder a las acusaciones que pesan sobre él como presunto delincuente sexual” (más risas). “¿Contribuyeron las delaciones de WikiLeaks a airear unos fondos delictivos y criminales de la vida política estadounidense? Así lo afirman quienes odian a Estados Unidos, ‘el enemigo de la humanidad’, y no se consuelan todavía de que la democracia liberal, del que ese país es el principal valedor, ganara la Guerra Fría y no fueran más bien el comunismo soviético o el maoísta los triunfadores”. ¡Dios, por fin, era eso! El peligro del comunismo y de las fuerzas desatadas del mal. No es que sea negro Obama, es que los blancos la tenemos tomada con él. Por negro.

No me resisto a dejar de pegar un último párrafo, aunque recomiendo vivamente la lectura del artículo completo, es una pieza maestra del ingenuo cinismo de los mamporreros al servicio del Imperio, aunque no nos hagamos lenguas manifestando que el mayor y mejor de ellos sea el inefable Vargas, hay otros, prácticamente toda la prensa europea, sus gobiernos y gran parte de sus ciudadanos, opinionados por esa misma prensa y por sus gobiernos en al menos el mismo grado que el peruano. “Nosotros nunca sabremos la manera cómo las revelaciones de WikiLeaks sirvieron para que se deshicieran las redes de información laboriosa y peligrosamente montadas por los países democráticos en las satrapías que amparan el terrorismo internacional de Al Queda y congéneres, ni cuántos agentes e informantes de los servicios de inteligencia del Occidente fueron detectados y posiblemente eliminados por efecto de esas publicaciones, pero no hay duda de que esa fue una de las siniestras consecuencias de aquella celebrada operación de desembalse informativo. ¿No es curioso que WikiLeaks privilegiara de tal modo revelar los documentos confidenciales de los países libres, donde existe, además de la libertad de prensa, una legalidad digna de ese nombre, en vez de hacerlo con las dictaduras y gobiernos despóticos que proliferan todavía por el mundo?” ¡Al Qaeda, el Eje del Mal y el Eje del Bien, el Terrorismo Malo y el Terrorismo Bueno, las bombas cargadas de buenas intenciones por Dios y las cargadas de malas por Satán! El satancito, según la religión del país a considerar y maldecir.

En fin, un dato más, reciente. En 2011, la venta de armas a países extranjeros por parte de los Estados Unidos batió todos los records. Que se sepa, fueron al menos 66.300 millones de dólares, es decir, unos 53.000 millones de euros -The New York Times-. Los destinatarios de ese armamento, en especial sistemas de misiles avanzados y aviones de última generación, fueron Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, países obsesionados con los avances del programa nuclear de Irán. Primero satanizaron Irán por hacer lo mismo que hacían ellos, los gringos, pero en modesto, después vendieron el remedio, su negocio, allá os partáis el alma todos contra Irán. Lo de la venta de armas es apenas una de las actividades más inocentes de las que lleva a cabo los EEUU, mientras que Assange se obsesionó con la libertad de prensa, la censura y el periodismo de investigación. Debiéramos hacerle un envite al Nobel, el de andar a vérselas con que los hechos vayan a darle la razón o no, porque lo cierto es que, de momento, no da una su palabrería peruana y española al tiempo, que él, de nacionalidades, anda sobrado. Y llegado el caso, si las cosas transcurrieran por muy otros derroteros, esperemos que el juez Garzón, entre otros que hay, exija a este novelero que retire lo dicho y, de no hacerlo, lo denuncie allí donde convenga. Por mala fe, por calumnias y por cuanto juzgue estimar. Aunque, por otra parte, esa lengua alentó tanto, que ninguna señoría iba a dar abasto, a no ser que se le juzgara un poco por el todo atropelladamente, una cosa al estilo de lo de las damas que, habiéndolo metido en su cama, alzaron sus más encendidas protestas una vez finalizada la juerga.

La infancia de Julian Assange fue triste y conflictiva, pero no lo fue menos la de Mario Vargas Llosa: el padre, siempre ese padre que falta, que incumple o que vierte su violencia sobre la madre o el niño, a saber por qué. En esa situación de familia desestructurada, casó el peruano, primero, y a la tierna edad de diecinueve años, con su tía, diez años mayor que él, después con una prima carnal, con la que tuvo tres hijos. Así que bien podría hurgarse en su biografía, al estilo que él mismo aplica a Julian Assange, y preguntarse, por ejemplo: ¿A santo de qué ese rechazo a una sana exogamia por parte del mozo? ¿Habrá pedido y habrá habido dispensa papal para este hombre educado por instituciones cristianas, católicas? ¡Ah, la infancia, ese paraíso! Assange nos mostró el mundo en el que vivimos, hasta dónde pueden llegar los gobiernos para mantenerse en el poder y para lograr, con métodos estremecedores, que su país sea más fuerte y poderoso que los demás. Lo que quiso ser lección revirtió en su contra, porque no se piden jamás explicaciones a los responsables de actuaciones como las denunciadas, se persigue al mensajero, en este caso al más audaz y de mayor éxito en pesquisas y logros. En esto sí que no hay novedad. Hay que pensar que Assange, que no tiene un pelo de tonto y que fue perseguido desde la infancia por su propio padre durante mucho tiempo, no solo se lo temía, sino que se lo esperaba más cierto que la luz del mediodía adonde lo esperaba quien él bien se sabía en parte donde nadie parecía.

Aquí, los deberes de don Vargas:

http://elpais.com/elpais/2012/08/24/opinion/1345819181_800344.html

Aquí, nuestro amado Forges:

http://elpais.com/elpais/2012/08/27/vinetas/1346077620_683031.html

 

 

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2 comentarios en “Vargas Llosa marujea en la cama de Julian Assange

  1. Me he reído un montón… eso compensa la diarrea que me produce leer los articulillos de Don Vargas, con lo que gustaban sus novelas. Peor para el, que se retrata como lo que es, para pasmo de todos, en un medio que ya solo sirve para envolver el pescado. Saludos y gracias.

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    1. No, no, Munty, gracias a ti por haberte reído en tiempos de llanto y crujir de dientes. Veo que tenemos mucho en común. Así, el gusto por el humor en un país no precisamente serio, solemne, el haber gozado con las novelas del peruano, las que escribió en la década de los sesenta, seguro, es decir, antes de que el rey Juan Carlos, a quien también le entusiasmaría la literatura hispanoamericana, que leía entre safari y safari, le regalara un marquesado -“Los cholos hemos llegado a la aristocracia española”, dijo por aquel entonces el flamante marqués-, la lectura de El País cuando era un periódico, y a pesar de que fue un periódico pensado para que no voláramos más lejos de lo que proyectó para todos nosotros la Santa Transacción, y hasta juraría que ahora El Diario de Escolar, de los pocos que pueden leerse.

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