La lengua, cada día más vivales…

En un lugar del continente europeo conocido como Reino de España, a cuya lengua privilegiada frente a las demás llaman unos castellano y los más, español, estamos asistiendo, entre mil otras tragedias descorazonadoras de toda índole, a una en concreto que a esta mujer la va no sé si matando o llenando de ira, ya que se trata de un asunto cuyo dramático estado actual fue anunciado, denunciado, peleado y al fin perdido. Su estragamiento se diría definitivo, tanto en su manifestación oral como escrita o registro que se use en prácticamente todo medio de incomunicación español. Mientras el estado de las otras tres lenguas -dos de ellas, hermanas, y la otra, muy respetable pariente de enorme influencia, en especial en el origen del romance castellano- va mejorando sensiblemente a fuerza de empeño y lucha, por el contrario, el castellano, es decir, la lengua cristianizada o elegida por designación directa del Espíritu Santo se desfigura, se trivializa, se anglofiliza monstruosamente con metástasis dolorosisimas y aun letales, se tergiversa, se trastoca, mata…

Hay un caso que, por su rareza e interés, se ganó una entrada completa en Lengua Candeal

https://lenguacandeal.wordpress.com/2017/02/21/necrologica-verbal/

la pérdida definitiva del verbo «oír» para ganancia, denunciable por robo, de su pariente «escuchar». Pero ya no queda lingüista en España que quiera escuchar a ninguno de sus denunciantes, qué decir oír si tiempo ha el verbo feneció y, tiempo al tiempo, llegarán a hacernos prescindir de los oídos por superfluos.

Los principales responsables, aparte de esos curiosos y simpáticos seres que son los feministas radicalizados hasta la ceguera, son los periodistas de todo color y medio, trátese de prensa escrita, de televisión, de radio, de redes sociales, de lo que sea que implique voz o tecla de un tipo que pasa por periodista. Los casos más molestos son apenas un puñadito de perlas salvajes, razón de que me pregunte diariamente al acostarme, después de rezar el Jesusito de mi vida: ¿sería tan difícil lograr que la facultad de como quiera que se llame a día de hoy la de periodismo le negara tajantemente el aprobado al graduado, máster o lo que sea que permite fungir de periodista a cualquier bestezuela que se niega tozuda a aprender una docenita de cuestiones imprescindibles? Silencio. Jesusito no quiere oírme.

Pero tampoco querría excederme, sé de mi monstruosa deformación profesional, por lo que me limitaré a señalar los cotidianos sobresaltos que se puedan contar con los dedos de las manos, diez, justo los diez que deberían cortársele a quien osara minar la paz y la buena salud del oyente o lector de cada día.

1) «Si no» por «sino» o viceversa. ¡Y qué decir cuando se elide entera la condicional negativa! Ejemplo: vuelve a casa porque, si no, mamá se enfadará. Huir siempre de construcciones como esta.

2) Ya verás, amable lector, piensa el periodista de marras, cómo me cargo la coña esa de que no deba haber coma entre sujeto y predicado, a poco que me surja, pongamos, un excursito entre el uno y el otro o un sujeto de cierta extensión, de esos que despistan al auténtico periodista que soy. Ejemplo: que en tan escaso tiempo haya podido ocurrir algo tan escandaloso como lo que denunciaban ayer todos los medios ¡COMA, CONY, PON COMA, DALE ALIENTO AL LECTOR!, colma la paciencia de la ciudadanía. Pero esa coma no nos da aire, nos lo roba.

3) Si «el agua» y no «la agua» por razones que ya me explicaron en Primaria, vais a ver a qué punto lo tengo en cuenta y a pesar del tiempo transcurrido; acabo de cumplir los sesenta y tantos: de esE agua no beberé; de estE hambre jamás saciada todos somos responsables. Sí, pero unos más que otros.

4) LAS miles de personas que nos leen bien lo saben. ¡Al carajo el estribillo de que «miles» es masculino, te pongas como te pongas y sean vacas o señoras los miles de marras!

5) Dignarse (a) + infinitivo. Aunque consta con constancia total que tiempo ha que la RAE admitió la santa barbaridad de considerar aceptable la preposición ante el infinitivo, se me cayó el alma sobre la columna de un escritor gallego al que amo con fervor patrio y solo por la oración que sigue; ved si seré asquerosamente puntillosa: «Ni Pablo Casado ni Santiago Abascal se han dignado a felicitar a Ana Peleteiro… » ¿Por qué, cony, si siempre escribes como Dios? Es que la RAE me deja, seño (y «seño», te guste o no, también figura en su diccionario, junto con «insti» y otras sinsorgadas del tipo de las que podrían incluirse ad infinitum)

6) Adoro los prefijos intensivos aumentativos como re-, súper-, mega-, híper-, macro-, etc., de uso supermegaguay en cualquier noticia, crónica o columna. ¿Te importa que use y abuse de ellos, lectorcillo de mierda?

7) Como adoro términos, sintagmas y expresiones del tipo: contra más, mejor; a la que nos leyó, se puso como loco; a lo que nos dicen, la cosa va para largo.

8) ¿Y ese empeño aragonés en que el verbo «haber» puede conjugarse en plural, no es impersonal bajo ningún concepto, y por lo mismo su complemento directo es el sujeto, que yo me lo sé aunque me cueste explicarlo? Ejemplo: a pesar de que parece que han habido innumerables testigos, nadie dijo haber visto algo que le llamara la atención.

9) Enamoramiento ciego con uso abusivo del primer vocablo recién exhibido en el escaparate de un tonto de solemnidad -la solemnidad suele otorgársela el medio al que le reporta beneficios, léase ser premio Planeta o vender folletines a gogó en toda lengua conocida-, el cual vocablo, como el juguete nuevo de un chico caprichoso, a poco de manosearlo las veinticuatro horas del día, queda abandonado, tirado, olvidado quizá definitivamente. Ejemplo: «procrastinar». ¿Se les ocurre algo menos eufónico y más prescindible? No importa, por fortuna ha caído en desgracia.

10) «Cuyo o cuya» son una cursilada antañona, lector, y lo sé porque me cuesta lo que no está escrito servirme de uno u otro. Así, escribiremos: es la sede del Partido Podrido, que su coste asciende a… Jamás «cuyo coste», quita, quita…

Pues andaba yo entretenida enumerando estos minúsculos defectillos, cuando me entró en el correo el enlace a un diario, y en él, la entrevista a una, al parecer, prestigiosa ensayista y muchas más cosas que podría obviar por innecesarias, pero ya que, al terminar de leer, me entró cierta curiosidad y anduve afanosa buscando y buscando con tal de satisfacerla, hago copy and paste breve de lo esencial:

«Brigitte Vasallo 1973 Barcelona (Catalunya, Països Catalans) Profesora, activista antirracista y escritora a trompicones, «feminista» entre comillas, pensadora bastarda por elección y charnega por nacimiento. Sin estudios universitarios, ha sido camarera, marinera, limpiadora, colaboradora de medios como Catalunya Radio, Pikara Magazine,  elcritic.cat o La Directa. Su primera novela, PornoBurka, fue prologada por Juan Goytisolo y el diario Ara la incluyó en su lista de «La filosofía catalana en 12 noms» La cuestión es la substancia. Y como aquí la hay, vamos a ella. De los párrafos de la entrevista, destaco un par al azar pero, conste, todo en ella, como en el cerdo, es aprovechable.

«El otro día una persona me decía que el hecho de poderse denominar como no binaria le ha dado un oxígeno de vida y esto me parece fantástico» ¡Quién pudiera, Brigitte, quien pudiera respirar oxígeno en estos tiempos de carencia y de nadas!

«Lo que reivindico es el acceso a los medios de producción del lenguaje y que sirva para que no reproduzcamos otra vez los mismos mecanismos, que no nos convirtamos en una RAE alternativa. Hay que poner sobre la mesa que el debate sobre el lenguaje inclusivo no es lingüístico. Podemos estar de acuerdo en que cuerpa es una palabra incorrecta, pero tenemos derecho a usarla. Lo que nadie puede decir es que esta palabra no existe, porque en cuanto la dices, existe» Cony, ¿y cómo no había caído en ello? Recuerda, si no, aquello de ¡hágase la luz, y la luz fue hecha! ¡Digase cuerpa, y cuerpa existe! En cuanto dices la primera memez que se te ocurra, de inmediato cobra cuerpo, existe. Y así, se va haciendo lengua.

Aconsejo vivamente una lectura pausada y reflexiva del artículo completo. Nadie imagina mi estado de ánimo al terminar de leerlo, estado de ánimo que le deseo, como poco, a Ignacio Escolar, director de eldiario.es y, por qué no, a cuantos acogieron a este pedazo de persona en su seno. Dios nos la mantenga lejos… quiero decir, alejada de cualquier contaminación académica. 

https://www.eldiario.es/catalunya/brigitte-vasallo-hay-disputa-ver-amo-lenguaje_1_7918604.html

7 comentarios en “La lengua, cada día más vivales…

    1. Danme routadas, miña nena. Non se pode escribir de ren, seica que porque imos cheos de medo de tanto como acontece nun mundo que talmente asemella o outro, e mentres, esta morea de cínfanos aguilloando tódolos días os ollos e máis os ouvidos. Hoxe non puiden máis, ¡a por eles, seño…! 🙂 E a catarsis fíxose. Quedei de tranquiliña que nin che conto… (escápolle o castelán, mais só hoxe, mañán pode que non) Outro bico.

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  1. Muy buenas noches.
    Luisa (me daré el lujo de tutearte), confieso que tengo miedo de escribir siendo consciente de que cometeré muchos fallos… no me lo tengáis en cuenta porque estoy totalmente de acuerdo con esta entrada del blog y no me puedo contener.
    Fíjate que yo, con mis escasos conocimientos, he de decir que pavor me da ver en series, doblajes y telediarios estatales (y no me refiero a canales privados precisamente) como se emplea el laísmo, palabras de moda insulsas con apariencia de cultas o patadas a las palabras de toda la vida para darles un aire más igualitario que al final hace parecer que las defensoras de los derechos de la mujer están locas de remate. Hay tantas cosas que no entiendo… pero que se le dé voz a personas de la calaña de la tal Brigitte… ¡me supera! Como lo hace que sea bien visto que los presentadores puedan conservar (o incluso inventarse) su acento andaluz o catalán, mientras que los oriundos de Galicia o Asturias (por poner un ejemplo) tengan que ocultarlo con clases maestras de dicción. Y, ahora que la he mentado, ¿no sabrás explicarme por qué en gallego normativo actual es «grazas» pero no «Galiza»? Cambios por aquí, palabrejas nuevas por allá y al final uno se acaba autoflajelando en cada frase al tener la impresión que ha tenido de profesores a títeres de gobiernos que han jugado y siguen divirtiéndose con la educación como si de un muñeco Sr. Potato se tratase. AY! Ay! Disculpa que ya me embalé y se me fue la cabeza enlazando y cosa con otra… Yo también voy a empezar a inventar palabras para existan en este nuestro país y que la seño las enseñe en clase, ¡qué caray!

    NOTA: por dios, no me «crujas» por mis comas bailando la muiñeira ni por demás cosillas. Llegué aquí desde un enlace junto a las 70 palabras para designar la lluvia de los gallegos, pasé por una mañana de órdago conduciendo sin bragas (lo que comúnmente de conoce como «ir de comando») y he acabado queriendo leer más a estas horas intempestivas en las que poco regulo ya.
    Bicos de Tere desde O Carballiño (no desde «Carballino» como dicen muchos de aquí… ¿será que suena más «fashion»?

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    1. Tere, parece que ha ocurrido lo que jamás, y acabo de verificarlo ahora mismo. A saber por qué, tu largo e interesantísimo comentario se fue directo a spam, razón, supongo, de que ni siquiera entrara en mi correo electrónico. En este momento, no puedo responderte, hay muchas cosas pendientes, pero prometo respuesta a la primera ocasión (que no tardará porque soy impenitente grafómana, y a poco que me empujen). Gracias por comentar y un cariñoso saludo, paisana da doce terra meiga.

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  2. Ojalá que se te ocurra volver a pasar por aquí, Tere de O Carballiño :-), que no te quedes con ese molesto regusto de creer que no vio la luz ni tu comentario ni mi respuesta… ¡Ah, y mil gracias por esas «setenta palabras para designar la lluvia de los gallegos» con las que gocé lo que puedes imaginar y más!

    Por lo demás, de acuerdo con las observaciones que nos haces, en especial, esa sobre la plaga de seseo en los medios, seseo propio del castellano meridional o llegado de pueblos hermanos, que respecto y amo, ¡no faltaba más!, en conversación particular -me gusta la diversidad en todo asunto de este país-, pero no en los medios, en los que parecería exigible un modelo estándar neutro y de prestigio, el que puede oírse en otros países europeos, es decir, el compartido y aceptado por la comunidad lingüística en su totalidad, dado que su objetivo es el de convertirse en una variedad superadora de la diversidad, la de una lengua común o coiné, utilitaria sí, pero, más que simplemente correcta o digna, del mayor prestigio posible (el poder educativo de la televisión es inmenso, y ya que lo saben… pues procuran evitarlo). Y te lo dice quien, fuera del instituto, hablaba como un carretero con sus alumnos, pero casi como en el siglo XIX en el aula, porque los chicos deben saber conocer y usar los distintos niveles y registros de su lengua, de acuerdo con el contexto en que lo hagan. Al menos es lo que creo a título personal.

    Más cosas… ¡Ah, sí!, respecto a «grazas» y «Galiza», ojea esto. No había más remedio que aceptar lo que es de casa de toda la vida, ¿no? A mí, me sale Galiza, como me sale grazas o graciñas.

    https://www.farodevigo.es/galicia/2008/06/11/consello-da-cultura-da-valido-18028539.html

    Y nada más por hoy, compañera de aula, me temo :-), a juzgar por como escribes. Máis bicos desta paisana nada na Costa da Morte.

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  3. Buenas noches, Luisa. Seguramente no me recuerdes pero fui tu alumna en 3º ESO, en el I.E.S. Blasco Ibáñez. Hoy, consultando una duda sobre gramática, me apareció tu nombre en el foro de español del Cervantes y recordé lo mucho que disfrutaba de tus clases de sintaxis. Desde esos días, me aficion´e a la lengua y, de hecho, el año pasado me gradué de Filología Hispánica por la UV. Además, decidí dedicarme a la enseñanza y ahora mismo estoy en Salamanca cursando el máster de enseñanza del español. Simplemente eso, Luisa, quería que supieras que tu labor como profesora fue muy importante para mí y, por eso, quer´´ía darte mil gracias. Muchas gracias por haber creído en mi 🙂

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    1. No sé cómo podría recordarte, jovenzuela, sin siquiera un nombre por medio, cuando desde entonces «solo» deben de haber pasado unos ¿doce, quince años, tal vez?, y a vuestra edad se cambia de aspecto mucho y raudo, sin considerar las generaciones de alumnos que pasaron por mis manos en una vida. Puede que ni con nombre siquiera, y no sabes cómo y cuánto lo siento…

      Hace un tiempo, en efecto, solía resolver dudas de las que dirigía cualquiera al foro del CVC, pero alguna moderadora cometió el error de censurarme una o dos respuestas porque, según la pobre y proba mujer, contenían vestigios de «política» que complicaban lo que debía ser labor meramente lingüística (ya sabes que en este curioso país se entiende por «política», pongamos, que se exteriorice simpatía por los cubanos o los venezolanos; no así, en cambio, si se hace por los gringos o los alemanes: deben de ser resabios franquistas…:- ) En fin, ya me conoces, no la mandé a escarbar cebollinos, pero me fui rauda dejándole una notita de ‘amable’ despedida. También es cierto que quiso arreglarlo, una pérdida de tiempo que podría haberse ahorrado a poco que me conociera.

      ¿Así que eres una copiona del currículo de tu antigua profe del Blasco? Porque es más que probable que, en algún momento, haya comentado en clase que, al finalizar Filología Románica en Oviedo, me fui a Salamanca con una beca por expediente creada para la preparación de oposiciones a cátedras. Aunque el profesor junto al cual iba a terminar de formarme, «un anciano» de unos sesenta y tantos años, en cuanto aparecí por el Instituto, se metió en la cama alegando no recuerdo qué dolencia, y así hube de enfrentarme sola, con veintiún añitos recién cumplidos, a un Preuniversitario masculino con alumnos de casi casi mi edad. Tuve que aprender por la vía rápida, mínimamente a ponerlos en su sitio.

      Estuve viviendo los dos cursos a unos pasos de la Clerecía y la Casa de las Conchas, en cuyo bajo, te lo creas o no, desayunaba cada día un vaso de leche con un pestiño. Las charlas hasta las tantas en la Plaza Mayor no se me olvidarán mientras viva, tampoco las bandadas de vencejos cruzándola de día. ¡Ya sabes, carpe diem!, Salamanca y tú os lo merecéis seguro.

      Terminas diciendo «Muchas gracias por haber creído en mi»… ¿Cómo sabes que creía en ti, eh? 🙂 A ver cómo hacemos para que, en algún momento, sea posible recordarte y mantener contacto.

      Un beso.

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