De ratas como gatos, ratones, ratoncitos, murciélagos y pájaros de mucha cuenta.

 

Una breve sugerencia, quizá más bien consideración, que le hacía días atrás a un buen amigo, gente selecta, provocó una de esas respuestas templadas y comedidas que, no por habituales y esperables de muchos de los míos, me deja con la boca menos abierta. Así que, como suele ocurrirme, en lugar de ponerme a refunfuñar como la abuela que soy, o de pedir por teléfono cita a mi psiquiatra, un tipo al que pago generosamente para que se mantenga con la boca cerrada mientras me escucha, me vine a este rincón de las catarsis a descargar un peso considerable, para después seguir yendo a mis asuntos ligera de equipaje. Las líneas que siguen son, pues, la pesada carga que dejo aquí, aunque eso lo he sabido ahora, tras haber puesto el punto final, y claro, tratan el mismo asuntito que mi amigo despachó bondadosa, condescendiente y sabiamente.

Hay un país de cuyo nombre cargado de espaldas me acuerdo en exceso, cuyas gentes, tras fenecer el personaje principal de una historia que les duró cuarenta años, esperaron ver grandes prodigios jamás vistos. Pero he aquí que todo cuanto llegó, y se mantuvo durante otros cuarenta años, fue una insubstancial aunque brutal secuela de más de lo mismo, y ello, porque parece que es más seguro mantener elementos de una obra de éxito, que correr el riesgo de aventurarse con historias y personajes originales. Al menos, es lo que dicen. No puedo saberlo, pero el producto de ese parto de los montes, en efecto, R., me sigue pareciendo ratón –parturiunt montes, nascetur ridiculus mus-, como me parecieron poco más que noctívagos murciélagos –mures caeci- los millones de cómplices de todo pelaje en engendrar y alumbrar a tan mísero ratón. Consta que estos animalitos, los murciélagos, al menos los de este cuento, utilizan su envidiada capacidad de ecolocalización para, si no más, escapar de la luz cuando vuelan a satisfacer sus más obscuros y pequeños y mezquinos y hasta hilarantes objetos del deseo, o a colaborar en la satisfacción de lo que ansían sus amos, enormes, asquerosas e insaciables ratas de alcantarilla, ratas como gatos.

Esa capacidad de orientarse en la obscuridad la fueron adquiriendo con tesón a lo largo de varios siglos de carencias varias y aprendizaje por el método heurístico de ensayo y error. Y aunque los más creen que estos ratones son ciegos, ven, ¡vaya que sí ven!, y por mucho que finjan que no, o finjan creerlos otros muchos ratones y ratitas. Porque, dicho en román, a tal punto lo suyo es complicidad extrema y admiración por la gente hábil en buscarse la vida a costa de la de los demás, que han llegado a mirar con apego a los más inhumanos buscones y gánsteres que salen a diario en la portada de todos los medios independientes. Independientes de la realidad y de la verdad, naturalmente, de las que huyen despavoridos, o a las que se encaran para disfrazarlas. Así, El Paísito, aquel periódico que nos contaba lo bien que iba transcurriendo cada instante de la transición, desde los cuarenta años de hierro a los siguientes cuarenta -también de hierro, pero estos, en papel couché o de seda- y los milagros que se producían casi a diario por arte de birlibirloque, y todo contado con aquel acierto de haberse decantado sus periodistas por el postcastellano, viejo dialecto a pesar del nombre que les permitió aciertos léxicos del tamaño de, por ejemplo, haber denominado transición a las más vulgar de las transacciones, porque, al fin y al cabo, la forjaron romos exjerarcas franquistas con unos cuantos advenedizos con suerte, unos y otros, de los que sabían transigir, no exactamente, a no ser transigir en la acepción de ajustar las partes dudosas y problemáticas que se les presentaron en componenda a repartir como buenos hermanos en el arte de la sinvergonzonería. Nada por aquí, nada por allí, decían ellos, leíamos nosotros.

A día de hoy, los hechos, tercos que tercos, obligan de cuando en cuando a que el actual caudillo, tal que aquel a quien, a saber por qué a estas alturas de la desmemoria, llaman de infausta memoria, cuando da en considerar que alguno de los suyos debe caer, va y lo empuja por el método de enviar, como enviaba su predecesor, carta por lúgubre y mudo mensajero que tal vez descienda, pienso ahora, de aquel mismo, quizá hijo, quizá nieto, hija o nieta incluso, que ya vamos por el dos mil largo y se sabe que, al parecer, las mujeres valemos casi tanto como los varones. Esta mensajera, muda y cabalgando con la orden hecha verbo del patrón: «¡La quiero fuera antes de las 12», con regreso puntual para oírle decir aún: “¡Espero que esto no vuelva a ocurrir nunca!”, remedo de las palabras exculpatorias de un rey emérito, estas otras en el tono descafeinado de registrador de la propiedad, presidente de una comunidad de vecinos. ¿Ocurrir qué, mi señor? ¡Que vuelvan a sorprender a alguien de Casa Nostra afanando una baratija en un hipermercado de Puente Vallecas. ¡Piojosa! ¡Choni! ¡Venezolana! ¡Mangante! ¡Comunista! ¡Gentuza! ¡Etarra! ¡Perraflauta!, este ‘perra’ contagiado de la lengua desenvuelta de valerosas portavozas políticas. Las bandadas de murciélagos de todo tamaño revolotearon alegres entonces, y hasta los que carecían de la más mínima formación política, cuyos habituales comentarios sobre los sobresalientes saqueos cum laude de los gánsteres apenas solían exceder el consolador “todos roban”, pelillos a la mar, se mostraron escandalizados de que nada menos que la presidenta de otra comunidad de vecinos hubiera afanado dos tarros de crema baratos, tal que hacían ellos mismos. ¡Jesús, qué falta de estilo! ¡No sé dónde vamos a parar!

Pero solo hay jarana colectiva, jarana de verdad, de la que se manifiesta, bien en forma de bullicioso jolgorio, bien de pendencia fanfarrona, en torno a ciertos asuntos y hechos. Como la que se produjo cuando unos jueces colmaron su paciencia solo por no haber sabido ajustar una ley a un caso concreto, dicen que de violación, materia esta de las que entienden murciélagos de todo tamaño y color, negro, café, gris, rojizo, amarillo, azulado, blanco a manchas negras o viceversa, hasta los sin pelo… O la que provocó el magistrado que se puso al mando de los ejércitos del celebérrimo estribillo «¡A por ellos, oe!», esta vez colmándolos de satisfacción por haber ajustado lo que no decía la ley a los no delitos de ciertos rebeldes catalanes, con éxito total, pues no, pero casi, casi, de no haberse interpuesto la jurisprudencia del pérfido pueblo burgundio. Que no por españolista o no independentista habrá dejado de ver nadie a qué filigranas mentales se entregó tan obstinado como leal juez para lograr fundamentar la violación de una Constitución, y quizá, quién sabe, si hasta con pecaminoso placer, y un poquito bastante en sentido contrario a cómo la fundamentaron otros, la no violación, a base de una especie de aplicación literal de la ley, para hurtarles, esta vez, sí, que se hubiera consumado violación a grito abierto, y por más que hubiera habido intimación y violencia por parte de un grupo de desvalidos muchachos, entre ellos, un pobre guardia incivil y un soldadito raso. ¡Buf, qué lío de jueces, leyes, violaciones, presos catalanes, españoles, milicos inocentes y jaranas, gran Dios!

Y hablando de inciviles, qué decir de la jueza, íntima de la motorista Cospedal, casada con uno de ellos, condecorada por la Benemérita y recusada por ser juez y parte, pero ¡con recusación que se deniega, señorías! Qué jarana no podrán celebrar murciélagos rojigualdas, azules  y anaranjados esta vez, al considerar que los acusados pueden comerse una pena de entre doce y sesenta y dos años de cárcel, y aunque no fuera sino la de entre los seis y medio y diecisiete, generosa alternativa ofertada por el fiscal, si la Sala concluye que, ¡ole y ole!, no hubo terrorismo. Los pelos de punta se nos ponen a algunos. Una cosa, vaya, tipo a falta de ETA, échale ETA, que entretiene y ya no mata como mataba, hoy matan otros.

¡Ah, y ese otro caudillo de tan baja autoestima como el enano que está llegando pasito a pasito para lo que haga falta -estos son mis principios y si no le gustan tengo otros-, v.gr., para seguir manteniendo el tinglado del espectáculo de la vieja farsa! Lo peor del cuento es que este pueblo de ratones y murciélagos ama el espectáculo, cualquiera, y al margen de su bondad, naturaleza, origen, fines, etc., el caso es que haiga fiesta en la tele, en el estadio, en la carretera, en la terraza de las birras, en el botellón… Calculen qué porcentaje de ratitas insatisfechas sabe realmente quién es y qué quiere, o se lleva las manos a la cabeza al ver al filofascista siempre un paso por delante del caudillo actual, varios pasos por detrás de los cientos de miles, quizá millones, que gritan, seguirán gritando “no era això, companys, no era això pel que varen morir tantes flors, pel que vàrem plorar tants anhels“.  Si muchos aún no saben qué significó, pero ni para ellos mismos, haber aupado a caudillo al de la Gürtel, haber creído a otros tipo Pedro, el maniquí traidor a sus propias palabras, y a pesar del tiempo que lleva la gente de uno y de otro en el poder, qué no podrán ignorar de este otro, el cuñado Riverita, más que españolista, falangista, excepto los más ultraderecha, los más filofascistas, los más ciegos con vista. Probablemente, contaremos una gracia más en nuestra historia, de darse el caso de que empujen tanto que alcance el poder. «Allí gastaban bromas como decirle a un pastor que subiera a tender la ropa a unos cables de alta tensión (“cuando bajó, parecía la ceniza de un puro”) o ponerle un barreno de dinamita al maestro del pueblo bajo la nuca mientras estaba durmiendo la siesta. La viuda del maestro protestaba y le respondían más o menos lo mismo que los mozos de Tordesillas a los ecologistas: “Señora, si no sabe aguantar bromas, váyase del pueblo”. La actitud natural de la población española la resume el padre del ingenuo pastor que recibió treinta mil voltios: “Me habéis matado al hijo, pero lo que me he reído…”». (“Fiestas muy de pueblo”, David Torres. «Público», 3 de mayo, 2018)

https://www.youtube.com/watch?v=3Qov7cLxXHY

Y aquí, murciélagos y murciélagas revoloteando en torno a un gallego curtido en mil batallas, a pesar de su juventud. «Todo va deteriorándose, falta de valores, en todos los aspectos de la vida…y de la ciudadanía», dice una murciélaga, no; en este caso, una pájara de cuenta.

http://www.lasexta.com/programas/el-intermedio/gonzo/a-quien-votaran-los-madrilenos-en-las-proximas-elecciones-la-comunidad-de-madrid-esta-podrida-el-pp-tiene-que-irse_201805025aea226b0cf2272640f45640.html

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