El marqués de Vargas Llosa imparte cátedra sobre García Márquez.

La cátedra Vargas Llosa, una manera de hablar (1), organizó la semana pasada un curso dentro de la programación de verano de la Universidad Complutense en El Escorial. Al parecer, en ese curso, y según reza el titular de la noticia publicada por El Paísito, “Vargas Llosa rompe el silencio sobre García Márquez”. Donde “rompe”, colocar un “ha roto” y santas pascuas.

El vídeo que recoge ese silencio roto:

https://cultura.elpais.com/cultura/2017/07/06/actualidad/1499366796_414985.html

Transcripción de la charla para los más perezosos o duros de oído:

https://cultura.elpais.com/cultura/2017/07/07/babelia/1499445200_348553.html

Personalmente, lo confieso, no solo oí, y hasta escuché atentamente -distinción que hago encantada para los medios de incomunicación, la SER en especial- cuanto recoge ese vídeo, sino que repasé de cabo a rabo su transcripción, no para verificar que había oído bien, sino porque, aunque mi oído sabía que había oído bien, el pobriño no daba crédito. Pero sí, y por más que en la transcripción se nos hurtara con descaro un precioso: «Y siendo este, 2017, el año en que se cumple el cincuentavo aniversario de la publicación de Cien años de soledad” (min. 02:45 en el vídeo)…», pronunciado con desparpajo por el colombiano Carlos Granés (Bogotá 1975) -ganador en 2011 del Premio de Ensayo Isabel Polanco con un jurado presidido por Fernando Savater, y a cuyo cargo corrió la entrevista-, sin que nadie rebullera en su asiento, lanzara un sonoro ¡ay!, un gritito de sorpresa o le llegara al entrevistado y al entrevistador la apostilla verbal del poeta Quemiro, cuya conocida mala leche bramó desde su casa madrileña con ese vozarrón que Dios le ha dado al jodío: -“Haber dicho jubileo para evitar el partitivo. ¡Borrico!”  En fin, son cosas que pasan, pero que pasan muy en especial cuando… ¡Bah, dejémoslo, naderías que a nadie interesan!

Al terminar la entrevista, me pregunté lo mismo que ya me había preguntado antes de empezar a oírla: ¿Crees que el marqués habría abierto el pico de haber estado Gabo aún entre nosotros? Y a saber por qué, oigan, me entró un ataque de risa como aquellos que me daban inoportunos en las aulas de bachillerato. Aunque no debo de ser la única a quien le dio la risa porque ayer ese mismo diario, El Paísito, publicaba un artículo titulado “Lo políticamente correcto llueve sobre Vargas Llosa”. ¿Y a que no adivinan escrito por quién? Miren que va darnos otro ataque de risa… ¿Lo digo sin más? ¡Por Juan Cruz, en efecto!  Y es que hay cosas que se enredan y se enredan cuanto más insiste uno en desenredarlas. Lo leí por encima un par de veces, digo a Cruz, sin enterarme de qué trinaba el canario, pero que trinaba algo es seguro.

Me habría gustado comentar todas y cada una de las vastas y medidas intervenciones del marqués de Vargas Llosa, pero este texto no es más que la entrada de un blog sin otra pretensión que la meramente liberadora, así que emitiré tres comentarios catárticos tras hacer un cortipega de tres momentos de especial trascendencia.

1. «Yo soy menos optimista. Creo que García Márquez tenía un sentido muy práctico de la vida, que descubrió en ese momento fronterizo, y se dio cuenta de que era mejor para un escritor estar con Cuba que estar contra Cuba. Se libraba del baño de mugre que recibimos todos los que adoptamos una postura crítica. Si estabas con Cuba podías hacer lo que quisieras, jamás ibas a ser atacado por el enemigo verdaderamente peligroso para un escritor, que no es la derecha sino la izquierda. La izquierda es la que tiene el gran control de la vida cultural en todas partes, y de alguna manera enemistarse con Cuba, criticarla, era echarse encima un enemigo muy poderoso y además exponerse a tener que estar en cada situación tratando de explicarse, demostrando que no eras un agente de la CIA, que ni siquiera eras un reaccionario, un pro-imperialista. Mi impresión es que de alguna manera la amistad con Cuba, con Fidel Castro lo vacunó contra todas esas molestias»

Díganme la verdad, ¿es o no miserable el Vargas? Resulta que García Márquez no era precisamente de izquierdas, lo fingía para que lo dejaran vivir en paz y para que se le ensalzara, es de suponer, lo que iba pariendo su pluma; en realidad, no fue sino un tipo prudente, servil y atemorizado, un pelota de la revolución y de sus líderes, con cuanto conlleva, el ser lisonjero y adulador que le doraba la píldora a seres pasados de moda que se nos presentan mentalmente vestidos con un suéter barato tejido por su compañera, bajo ningún concepto señora como, pongamos, doña Isabel Preysler.

¿Hay pruebas para atribuir bellaquería tal a García Márquez, Varguitas, hijo y nieto de la solemnidad más calculadamente falaz? Venga ya, esto va de Nobel a Nobel, de Nobel a los 74 años a Nobel a los 53, y con una diferencia de edad entre ambos de nueve años, lo que significa pertenecer uno y otro a la misma generación: él sabe de qué habla, es dueño de los secretos. Porque, además, ¿para quién creó un marquesado hereditario nuestro monarca franquista, es decir, aquel que nos deletreó un “Juro cumplir las Leyes Fundamentales y guardar lealtad a los Principios del Movimiento Nacional” el 22 de noviembre de 1975, dos o tres días después del fallecimiento del criminal enano ferrolano? ¿Para Vargas Llosa o para García Márquez? ¡Ah, qué bonito y solemne fue todo aquello, y no las zarandajas de un Bolívar, un Fidel, un Chávez y tantos y tantos otros pendejos! No, no estoy perdiendo el hilo, sino deteniéndome en analizar quiénes son unos y quiénes otros. Así que, qué pruebas ni qué pruebas se podrían exigir al peruano, si detrás está la mejor España, una gran nación, y todos los españoles, muy españoles y mucho españoles, además -que no se me vayan a escapar, por Dios- de El Paísito, la ya mentada monarquía, la Banda, la de robarnos a todos y la de españolizar Catalunya, y que no es solo el PP, sino el PxxE, Ciudadanos y alguno más, aunque el PP en especial borde cuanto toca, los curas y las monjas, sus mantenedores, el brutal y ágrafo poder empresarial, los ejércitos de mediocres de las letras y de las ciencias que siempre están del lado de los mismos, la prensa en su casi totalidad… en fin, lo que ya dejé dicho, la mejor España.

2. «Era enormemente divertido, contaba anécdotas maravillosamente bien, pero no era un intelectual, funcionaba más como un artista, como un poeta, no estaba en condiciones de explicar intelectualmente el enorme talento que tenía para escribir. Funcionaba a base de intuición, instinto, pálpito. Esa disposición tan extraordinaria que tenía para acertar tanto con los adjetivos, con los adverbios y sobre todo con la trama y la materia narrativa no pasaba por lo conceptual».

¿Entienden, por fin, que es ser un intelectual, a partir de las palabras del peruano? Para Gramsci, si recuerdo bien, los intelectuales eran los organizadores de la función económica de la clase a la que estaban ligados orgánicamente. Viene a ser, pues, el empleado o subalterno del grupo político o dominante al que se le encargan los sustanciosos trabajillos que benefician a sus amos. Los que medran más y mejor de entre ellos son los más intuitivos de las hambres del patrón, los chicos listos a los que no es preciso que se le desgranen las apetencias del amo, las adivinan antes del comienzo de su madurez. ¿Es Vargas un intelectual? ¡Qué duda cabe, y qué menos que un intelectual! ¿Y Gabo? ¿Pero acaso no ves, mujer, que Gabo no tiene absolutamente nada que ver con toda esta mierda, que él estaba hecho de la misma substancia que lo que nos cuenta, que es justo lo que nos obliga a amarlo?

3. «García Márquez leyó Historia de un deicidio, sí. Me dijo que tenía el libro lleno de anotaciones y que me lo iba a dar. Nunca me lo dio. Tengo una anécdota curiosa con ese libro. Los datos biográficos me los dio él y yo le creí, pero en un viaje en barco a Europa paré en un puerto colombiano y ahí estaba toda la familia de García Márquez, entre ellos el padre, que me preguntó: “¿Y usted por qué le cambió la edad a Gabito?” “Yo no le he cambiado la edad. Es la que él me dijo”, contesté. “No, usted le ha quitado un año, nació un año antes”. Cuando llego a Barcelona le conté lo que me había dicho su padre y se incomodó mucho, tanto que cambié de tema. No podía ser coquetería de García Márquez».

¿Un año? ¿Solo un año por pura coquetería? Pues claro que no, si hubiera sido coquetería habrían sido cuatro o cinco, si no siete u ocho. Por favor, ¿un lector que pueda darnos la clave de qué efectos de corrección en lo que sea que haya sido produce año arriba, año abajo? Vargas no está jugando con la coquetería de un varón con quien un día tuvo amistad, ni hablar, quedamos en que el tipo es, para empezar, un miserable, y ese año ha de servirle al marqués de la muy despreciable y envarada figura para un roto como para un descosido. Así que, ¿qué roto o qué descosido concreto se alcanza con el corrimiento de un solo año?

Sea lo que sea, no vayan a creer de ninguna manera que su miseria se muestra únicamente en solo en los párrafos transcritos, no me minusvaloren de esa manera a ese pedazo de servidor del poder. Lean la charla completa, conviene alimentar el alma para saber qué queremos y qué, de ninguna manera.

Nota. Si les sabe a poco, como suele ocurrirme, lo que han leído sobre el peruano, hay otros textos en este blog que hablan de otras fechorías, y si no a más, a parecida altura.

«Vargas Llosa marujea en la cama de Julian Assange»

https://lenguacandeal.wordpress.com/2012/08/28/vargas-llosa-marujea-en-la-cama-de-assange/

«Si en verano conviene leer tonterías, ¿por qué no insistir en invierno?»

https://lenguacandeal.wordpress.com/2014/08/27/si-en-verano-conviene-leer-tonterias-por-que-no-insistir-en-invierno/

«Con amor, a la trinchera de firmantes de epistolios»

https://lenguacandeal.wordpress.com/2012/11/05/con-amor-a-la-trinchera-de-firmantes-de-epistolios/

«Un manifiesto se opone a que Rajoy negocie con la Generalitat: ¿saben aquel que diu…?»

https://lenguacandeal.wordpress.com/2014/07/15/un-manifiesto-se-opone-a-que-rajoy-negocie-con-la-generalitat-saben-aquel-que-diu/

Seguro que, si presiono mi memoria abuela, encuentro aun más en Lengua Candeal. Tiene que ser que, en el fondo, este marqués casi recién acuñadito despierta una extraña curiosidad a la que no soy capaz de escapar: la de alcanzar los entresijos de los capaces de venderse con absoluta entrega, dedicación y desparpajo incluso en los últimos años de su vida. En fin…

Pero no querría terminar sin hacer una pregunta que, en primera instancia, me hice a mí misma. Si desconociéramos la historia del derechazo, faldas por medio, que dicen haber sido lo que truncó esa amistad, y se nos contara, pero reservándose autoría… Veamos. Dos amigos se descubren en el mismo sitio, avanzan al encuentro, sonrisa abierta en el rostro de uno de ellos y los brazos extendidos: ¡hermanito!, para el abrazo que no hubo, pero sí una cabeza golpeada contra el suelo y un ojo morado, ¿quién dirían que se lo propinó a quién? ¿Gabo, el impulsivo izquierdista de una sola compañera, o Vargas, el intelectual liberal de varias, casi todas previamente emparentadas de una u otra manera con él? ¡Qué cosas, yo me habría decantado sin pensarlo por la pasión revolucionaria-bolivariana, en lugar de por el intelectual orgánico neoliberalote!

 
(1) «La Cátedra Vargas Llosa es una iniciativa de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes con universidades, empresas e instituciones culturales y educativas de España, México, Perú, Colombia, , Francia y Suecia. Entre sus objetivos principales se encuentran el estudio de la literatura contemporánea, el apoyo de la nueva creación literaria iberoamericana y la difusión de la obra de Mario Vargas Llosa (Premio Nobel de Literatura 2010)».

http://www.catedravargasllosa.

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