La engolada estupidez de Javier Marías.

 

Hace ya un tiempo que Javier Marías empezó a escribir como Dios manda en sus columnas de La Hoja Parroquial. Escribir como Dios manda significa que ya no trabuca las palabras, ni las organiza como un muchacho de bachiller, es decir, escribe un castellano estándar absolutamente correcto. Y no es poco, no. También es cierto que sigue sin decir nada, a no ser a los estudiantes de bachiller, a los que conviene leer de todo un poco, o visto como anda la educación en este país -y en bastantes otros, cierto-, al universitario medio que no ha leído arriba de una montaña de correos, mensajes y tuits en el móvil, los manuales de clase, media docenita de novelas de obligado cumplimiento en el instituto y quizás un periódico de cuando en cuando.

Su último artículo viene a ser una clase dirigida a 3º o 4º curso de la Educación Secundaria Obligatoria sobre registros lingüísticos, más una carga de profundidad o andanada, la que él querría que fuera, contra Podemos: «… sus dirigentes simpatizan con buena parte de las vilezas del mundo (el chavismo, el putinismo, el entorno proetarra, los tuits venenosos)…». Del “putinismo” ya nos dirá la santa institución en la que labora Marías, pero preguntarse sobre si Javier entiende o no el asunto al que se enfrenta con enorme voluntad, o sobre el que se hace el desentendido, es perder el tiempo en metafísicas, quizá las mismas que entretuvieron una vida a su padre, pero que al menos le sirvieron para dejar bien colocada a tan numerosa descendencia.

¿Qué nivel de lengua, qué registro concreto debiera ser considerado idóneo a día de hoy para ser usado en el Congreso de los Diputados, Javier, tras estos cuarenta años postfranquistas de huera y solemne mendacidad e hipocresía, del rijoso cachondeo y brutal cinismo de sus señorías, todo ello verbalizado en trivial y tosco español estándar? Siempre sostuve que se puede exponer lo que sea, donde sea y ante quien sea en cualquiera de los registros de la lengua, si el estado de gracia es con nosotros. Pero deviene en un auténtico bocado de cardenal -si bocatto di cardinale es italiano, venga Massimo Tartaglia, el agresor de Berlusconi, a decírmelo; del segundo no me fío- cuando logra hacer diana en el contendiente, y hubiera sido el suyo desafío verbal como no verbal; el registro, insisto, el que se elija, pero a poder ser deliberadamente juguetón -¿quien dijo que no es registro todo aparte?-, serio, muy serio, jamás solemne, y tan fino y tan burlón, que al final lo veamos a nuestros pies como una pieza de caza mayor cobrada. Es decir, al estilo de mi mentor, F. Flórez, lograr, no matar, sino hacer que se suicide alguien al certero tiro de nuestras palabras. Disfruté ese manjar al menos en un par de ocasiones.

Pero ese gozo sería inalcanzable, considerando la naturaleza de la mayoría de nuestros políticos, si no la de todos ellos. Nos hallamos ante un prójimo en el poder -el del PP, el de Ciudadanos o el del PSOE- que, tanto como tiene de hipócrita, mendaz, cínico y desvergonzado, tiene del simio el cráneo, la actitud, la conducta, los gestos y hasta su muy particular capacidad de incomunicación. No tiene la menor idea de para qué está justo donde está, tal vez ni siquiera de quién es que no debiera ser jamás, y nunca se expresa como suelen las más de las personas, con coherencia, engarzando consideraciones, advertencias, ideas o reflexiones, sino que desgrana, y de memoria, insustanciales catecismos programáticos y pragmáticos tan baratos como él mismo y de mala gana, sin echarle siquiera un barniz de corazón o algo de esa profesionalidad sobre la que tanto cree saber, razón por la que la burla fina que debiera alcanzarlo y herirlo habría resultado un pierde tiempo.

Viene a ser la cuestión como cuando nos sentamos a la mesa familiar por Navidad, y bien el suegro, bien la tía Angélica, auténticos monstruos y en más de un sentido, retoman el viejo estribillo familiar, desgranan sus letanías quejumbrosas con sabor a empalagoso polvorón sobre lo bien que hicieron las cosas y lo mal que fueron correspondidos por el resto de su familia, a pesar de no haber vivido sino por y para ella, cómo los hijos andan a la suya, desconsiderando tanto sacrificio como les regalaron con radical desprendimiento, renunciando a todo, no faltaba más. Entonces, si de verdad queremos terminar con la miseria derramada sobre el resto de comensales, no cabe sino jugar a irreverentes o iconoclastas y despertarlos del sueño en el que acunan sus nadas; literalmente, además, no con razones, copiar el coraje de los payasos hollywoodenses y estrellarles en la crisma la fuente aún intacta de besugo al horno con patatas. Lo que le encantaría hacer a Iglesias, pero que no logra, y hasta el aplauso logra Gabriel Rufián, nacido precisamente para cuando los chicos malos ansían humillarnos e imponérsenos en el patio del recreo. Dios lo bendiga y lo colme de bendiciones por la sencillez de las palabras que deletrea y muerde y escupe a la cara de cemento de sus señorías. Como manda Dios y manda este pueblo.

Y finalizo con un susurro o escuchita para Javier, pero sin ánimo de molestarlo; porque, al fin y al cabo, como él, los hay por miles y miles, y aunque no escriban en el panfletito dominical: ¡Sois tan mortalmente aburridos y sumisos, tan repetidos y sabidos, joder!

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/javier-marias-estupidez-clasista/

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4 comentarios en “La engolada estupidez de Javier Marías.

  1. “disparad a la barriga” era la frase que habia rescatado el inglés coleccionista de frases que volvía de la guerra civil española. Ni me acuerdo ya el titulo del libro, creo que “memorias de una marea roja” o cosa así. Salvo mi papá, que tenia las obras completas, no he conocido a quien leyera a Fernandez Flores. No me gusta el adjetivo de simio a un diputado: habras visto “gorilas en la niebla”, ya quisieran muchos diputados tener una pizca de la sensibilidad de los gorilas.

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    1. Ese inglés que regresa de la guerra, asociado a la tremenda frase “Disparad a la barriga” de infausta memoria, debe de ser el señor Evans de “Miserias de la guerra”, de Baroja, y tú, por las líneas que dejas, un elegante descreído. Y es que aun llegando F.Flórez indirectamente, por vía paterna en este caso, marca un montón, él también lo era, lo somos unos cuantos que a saber por qué nos parieron en tan duras patrias… Y tienes razón, “simio”, para todos estos, es una torpeza por exceso.

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      1. Luisa,
        Rebuscando un poco en mi memoria y otro en interné (donde está todo, claro) extraje el titulo. “Una isla en el mar rojo” de Wenceslao Fernández Flórez. Estoy casi seguro que la cita es de allí, y en todo caso, la intención era recordarlo con una frase que creo le hace justicia.
        Elegante descreído, le agradezco el inmerecido cumplido. Y creo que esa actitud vital se da en muchos lados: cuando el mundo se vuelve patas pa’ arriba, hay que ver cómo se dice “están todos locos, y son peligrosos”.
        Se ha puesto de moda en Argentina (un revival) llamar gorilas a los opositores de los kirchneristas. Tu texto me recordó el disgusto que me da cuando los escucho.

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      2. Si me permites -soy así de “desenvuelta” en mi trato con el prójimo, y es muy tarde para corregirme-, de un “mi papá” que empleas en el texto anterior, y que difícilmente usaría un adulto español, y de tu referirte después a kirchneristas y gorilas, colijo que eres de “ashá”, de la “quinta provincia gallega” 🙂 Y no sé por qué no caí antes en que te referías a “Una isla en el mar rojo”, al parecer, la propia peripecia del autor -novelada- como simpatizante, en apuros, de la causa del enano ferrolano. No sé si, como tu padre, has leído la obra completa del autor, mi caso; de toda ella, aprecio muy en especial, sobre todo a día de hoy, sus “Anotaciones del oyente”, “El bosque animado” y quizá “Visiones de neurastenia”, pero aprecio por encima de todo su visión inteligente, escéptica, descreída, comprensiva, gallega y bastante tierna de tantas y tantas cosas.

        Por cierto, he perdido definitivamente varios tomos que presté (Aguilar, tapas de piel, color rojo) y hacerme con ellos ahora es una labor lenta en librerías de segunda mano, pero es una cuestión sentimental relacionada también con mi padre y con mi adolescencia.

        Gracias por tus aportaciones y un cariñoso saludo.

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