Su Excelencia moribunda don Sentido Común

 

Muchos de nosotros estamos asistiendo, por segunda vez en la vida, a la prolongada agonía de un tipo insignificante, aunque con poder, cuyo régimen produjo cuantiosos e irreversibles daños a este país de inacabable paciencia y de fácil conformar, a la exhibición pública y solemne de cómo el personajillo fanfarrón va debilitándose día a día, aunque esta vez los partes no sean médicos, sino que nos los sirva, enmascarados bajo titulares en apariencia políticos, una prensa abyecta que se arrodilla ante él como se arrodilló ante el otro. Como entonces, reteniendo el aliento, somos ejércitos los que soñamos con el día en que expire para empezar a respirar nosotros, razón de que nuestra cita con la prensa escrita sea diaria, anhelantes de conocer cómo va evolucionando el enfermo desahuciado y, así, poder anticipar el momento de poner a enfriar la botella de cava catalán. Pero esta vez el equipo médico habitual que trata a toda costa de conservarle la vida a un registrador disfrazado de presidente de nación europea, en realidad, no es médico, sino, al menos en apariencia, tan político como aquellos titulares, y se hace llamar, arrebatándonos en su estulticia hasta el nombre, Ciudadanos, gente de poca monta de la que siempre parasita cualquier atisbo de poder político del color que sea.

Ayer mismo, por cierto, Su Excelencia moribunda expresaba su deseo de seguir viviendo y, para ello, no suplicaba, exigía el pobre, perdida toda razón y con palabras de párvulo, que el PSOE actuara con sentido común “porque esto no se aguanta más y estar sin gobierno es una situación absurda”. Y a saber qué no andará diciéndoles por lo bajini a aquellos partidos a los que califica de independentistas si los nombra en la posibilidad de que pudieran llegar a un acuerdo con Podemos o con el  PSOE, y de nacionalistas a secas si los sueña dándole la vida, al menos, prolongándosela. Por lo que ha dado en añadir: “Podemos ha tenido su resultado, representan a una parte importante de la sociedad española, pero Podemos y el PSOE no sumarían, necesitarían también de varios partidos independentistas”, concluyendo, con una de esas advertencias tan suyas y llenas de seny español, que no le parece que fuese una buena solución para España. “Es más, me parece bastante mala”. Él sabe. ¿O acaso no acabo de decir que es registrador de la propiedad? Tiene su plaza en Santa Pola en concreto. Corrobórese aquí con información muy reciente:

http://www.infolibre.es/noticias/dossier_rajoy/portada/

En cuanto dice Su Excelencia moribunda se puede constatar la presencia a modo de pedagógico estribillo  de un “sentido común” al que invoca, aseguran quienes lo conocen, desde que superó el bachillerato y que, gracias al uso que le da, está empezando a significar verborrea sin sentido y aun demencia galopante, que así es la lengua, miren. Como es mera constatación de lo que hay el asegurar que darle la mano significa literalmente tocar a un apestado, por lo que los más se guardan mucho de hacerlo y por más que en casa sus papás les aseguren cariñosa e insistentemente que es justo lo que les conviene -a todos ellos, a la familia-. Y como, frente a su insistir en que no podemos ir a votar de nuevo, cuando nada ni nadie nos lo impide, existe la respuesta interrogativa de por qué no, a ver, bien durante la mañanita previsora, bien a primera hora de la tarde de ese querer salir huyendo un día tan, tan, tan para unos familiar, y para otros, oiga, de familiar, lo justo, es decir, recuerden: ¡25 de diciembre fun, fun, fun, venid, venid, pastorcillos, venid a votar..! En una palabra, aun a pesar de la agonía escéptica de Su Excelencia existen soluciones razonables y de auténtico sentido común.

Sin ir mucho más allá, se me ocurre también, así, a bote pronto, que los votantes de las próximas elecciones paguemos a escote a Caronte cuanto nos exija -será una ganga de todos modos- para que portee la laguna Estigia llevándose en su barca al primer partido de esta demosgracias -por nada- imputado por corrupción, y no solo imputado, sino perdido cualquier norte, agonizante en un amo que cuenta con voceros que se disputan entre ellos el primer puesto en negar, en mentir, en burlarse, en estafar, en hablar de sí mismos y del partido como si fuera de otros, en negarse a asumir que enloquecieron de tanto como se engañaron mientras, en mayor o menor proporción, se repartían el erario y lo poco que quedaba de estas patrias, incluida la vergüenza, con la que, tal que las gaditanas se hacían tirabuzones con las bombas que tiraban los fanfarrones, es decir, los gabachos, estos otros se construyeron una desvergüenza tan a prueba de bomba que dicen que hasta se la envidia un Cañizares, un capo de la droga o el mismísimo Bashar Háfez al-Ásad.

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