¿Persigue Albert Rivera el voto macho en especial?

 

Y al hacerlo, ¿es capaz de aproximarse al porcentaje de los que podrían ir a votar a su formación, pero que va a perder precisamente por el rumbo tomado… o por el tumbo que le han dado, en vista de ello? Me temo que sí, pero como ya había su partido, bien reculado, bien arremetido en otros asuntos en demasiadas ocasiones, y en esta, hasta su propia lengua se había enredado en la cruz de su veleta, parece decidido a dejarse seguir meciendo sin más, ¡qué remedio!, porque las cosas a tal extremo se le fueron de las manos, que ya toda su cohorte había exhibido y desmenuzado a voces el hallazgo en ferias, mercados, iglesias y redes sociales. Personalmente, lo celebro, porque no sabe Rivera a qué punto, de tanto como somos capaces de olfatear las mujeres, no todas, cierto, el machismo es lo que primero y mejor olemos. Y aunque sabemos que los hombres en general huelen a machismo, también es cierto que, excepcionalmente, alguno de ellos tan leve, que solo percibiría el olor una doctora en machismo por Cambridge.

Si pienso en la cantidad de hombres que humillan, maltratan o incluso llegan a matar a una mujer -o a un niño o a un abuelo, pero esta otra ‘vertiente’, como la violencia machista ejercida en relaciones no de pareja, es cuestión que merece no sé si otro artículo, o más bien el mundo en pie de guerra-, no entiendo que no se haya encarado y resuelto el problema hace varias décadas. Y quien no sea capaz de imaginar que, de haber sido los varones nuestras víctimas, al haberse considerado la cuestión previamente como un tipo más de terrorismo -¿terrorismo feminazi?-, el problema se habría encarado, y solucionado, celebrando cumbres europeas ad hoc en Bélgica o en París, activando las fuerzas y cuerpos de seguridad existentes, tomando medidas excepcionales, poniéndole escoltas a cualquier varoncito a la menor sospecha de que su vida corría peligro, y aun, de considerarse imprescindible, enviando los ejércitos contra todas nosotras, así, masivamente, es que no ha aprendido aún a distinguir a una mujer de un hombre; de otra manera, ignora qué es un hombre y qué una mujer. Y de caer en el ardor y la confusión de la contienda algún niño o algún abuelo, serían calificadas las pérdidas humanas de inevitables daños colaterales y, a estas alturas, quedaría en representación social de las mujeres un grupo legalizado, pero estrechamente vigilado por considerado sospechoso y capaz de prácticamente todo, una suerte de Bildu, y todas las demás, anatematizadas o como en libertad condicional. Un solo asesinato más equivaldría a una declaración de guerra, no, a la pena de ser cosificadas de nuevo, pero esta vez en condiciones, por los siglos de los siglos, y, por objetos o cosas, imposibilitadas para recurrir esa sentencia.

Y a todas estas, ¿qué andará diciendo la medicina, la psiquiatría, en concreto, de la actuación bestial del macho? ¿Nace así? ¿Es cualquier tierno bebé varón al que su madre mece en la cunita un amedrentador psicópata en potencia? ¿Se hace? ¿Quién lo hace? ¿La sociedad? ¿Hombres y mujeres en general, o en la parte alícuota que determine Ciudadanos, según criterios del propio Riverita? Lo espeluznante, lo inconcebible en una mente sana, es que los maltratos y la muerte lleguen de la persona en la que confías ciegamente, con la que compartes tu vida, con la que comes y hasta duermes. ¿Puede existir algo más vil y portentoso al tiempo? Y que será por lo que, antes de perder la dignidad, o de perder la vida una mujer, antes de que le rompa los huesos o de que le rompa la crisma definitivamente alguien, ese alguien, ese psicópata, con el primer insulto o con el primer tortazo, le rompe un corazón que sabía de machismo apenas por referencias. Es natural. -¡Eh, no hables de machismo, mujer, di patriarcado!-. Pues a manos de patriarcas, parejas o exparejas sentimentales -sentimentales, tiene bemoles la lengua-, y a contar desde que se empezó a contabilizar el problemilla, murieron entre tres y cuatro mil mujeres. Sería bueno conocer, de paso, el número de las que, durante ese mismo lapso tiempo, fueron escupidas, insultadas, vejadas y golpeadas, sin que llegara el buen patriarca a asesinarlas. ¿Cómo puede pasar? ¿Y por qué? Pues porque, dicen, en la especie humana, como en casi todas, el macho es más fuerte que la hembra y, sobre todo, en términos generales, más bestia sin más. Y así, hace unos años, una exalumna me confiaba, días después de que su novio casi la matara, y a pesar de que era dos o tres veces más fuerte que él y aun experta en técnicas de defensa personal, por si el novio de su madre, que no el suyo, por Dios… -¿Te puedes creer que, a pesar de que podía haberle arrancado los ojos, las gónadas o tumbarlo en el suelo de un empujón no fui capaz? Sabía que quería matarme y no pude ni arañarlo! ¿Qué nos pasa? ¿Quién nos arrancó hasta el instinto de supervivencia, dime?-. ¡Ufff, si tú supieras de los logros habidos por técnicas infinitamente más refinadas, sutiles y eficaces que las que te enseñaron a ti, niña!

Pero si voy a lo de Rivera, no es esencialmente por el miedo que me da él y su formación política, que también, sino porque hace unos días entré en un foro de prensa que trataba precisamente esta noticia, la propuesta de Ciudadanos de incorporar la medida de reformar la ley integral contra la violencia machista para acabar ¡”con la asimetría penal por cuestión de sexo”!, es decir, porque las mujeres somos, como mínimo, tan bestias como los hombres. Supongo que también por razones de patriarcado, más hombres que mujeres suelen comentar en esos foros -se sabe, consta- y al tiempo y asimismo, por lo que muchos de ellos o, mejor, una amplia muestra de esa parte de la población, se confesaba partidaria de la promesa electoral de Rivera, el único, al parecer, que se había enterado a fondo de la cuestión y enfrentaba el problema con rectitud o como Dios manda. A no ser que, el día en que me dio por leerlos, fuera precisamente el que libraban de sus múltiples obligaciones las mujeres machistas -las hay-, que disfrazaban su apodo, alias o nickname para escribir exactamente lo que habría escrito cualquiera de los patriarcas.

Es cosa que da mucho que pensar que tipos con aspecto de falangistas y lengua de trapo puedan llegar a todo púlpito para seguir predicando neoliberalismo, belicismo, educación privada religiosa y machismo, así como a exhibir ideología, programas y promesas que cambian sobre la marcha conforme les va en la feria. Pero ya en junio de 2014, el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, propuso crear “una especie de Podemos de derechas”, orientado a la iniciativa privada y al desarrollo económico. No recuerdo que añadiera machista o criminal, aunque quizá Oliu consideró que lo uno iba con lo otro. Y aparte del PP, Rivera y Ciudadanos resultan pintiparados para desempeñar tan duro cometido.

En la vieja Atenas, el ostracismo o destierro durante un tiempo era un mecanismo de autodefensa popular. Condenar al ostracismo a Albert(o) Rivera tal vez fuera excesivo a una semana de las elecciones, pero, ya que él mismo confesó no haber leído a Kant, ¿qué tal condenarlo a leer algo de Aristófanes, Lisístrata, por ejemplo, hasta el final y de un tirón? Porque Lisístrata sabía tanto precisamente por mujer, ¿verdad, Aristófanes? Y como sé, por mujer, me juego un décimo de lotería de Navidad a que no la leyó… bueno, en realidad, me lo juego todo a que Rivera, lo que se dice leer, leer, no leyó jamás. Tampoco será el único de entre los candidatos, porque para poder hacerse con un gobierno, en especial con el nuestro, solo hace falta salir con frecuencia en los medios de comunicación, en la tele y en la radio preferentemente, tuitear, retuitear, en síntesis, largar, mostrar un mazo de folios al que llaman programa y… a esperar a que voten por uno. Por uno y justo por sosias político, y aun pelín más, de otro, pero no cualquier otro, ¿estamos?

 

Nota ilustrativa: Esta abuela, de niña, en casa como en el colegio, tuvo la suerte de no presenciar una bofetada siquiera, por lo que el pegar un tipo a una mujer o a un niño quedó relegado al cine, al teatro o a la calle. Adulta y profesora, vio cómo un colega le pegaba, perdido todo control, a un alumno de unos catorce años, y jamás le pareció un tipo más descompuesto, impotente y despreciable. Poco más tarde, el espectáculo se repitió en otro colegio -privado- en el que dio clase antes de ingresar definitivamente en la enseñanza pública, para suerte suya y la de aquellos machotes. Oír pronunciarse a Rivera o a sus huestes sobre esta y otras cuestiones la remonta a aquella España que se empeña en volver, erre que erre, en todo ámbito y asunto.

http://elpais.com/elpais/2015/12/20/vinetas/1450633437_535226.html

 

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4 comentarios en “¿Persigue Albert Rivera el voto macho en especial?

    1. Gracias, Tarna. Y menos mal que, en este caso, la mujer supo defenderse de la violencia ejercida por su pareja y que “el hombre ha sido detenido por un presunto delito de violencia sobre la mujer”, pero no por ello se librará de ser investigada “por un presunto delito de lesiones”, naturalmente, aunque a saber si podría contarlo, caso de no haber podido, o sabido, reaccionar. Y, por cierto, habrá observado que el titular no destaca la violencia machista de que fue víctima, sino precisamente su reacción de defenderse hiriendo al compañero. Un saludo.

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    1. Hmmm, Tarna… ¿qué ye lo que me tas contando? Vas ver: anque soi gallega de ñacencia, a los trelce años, treslladéme a Asturies con tola mio familia, onde viví hasta hasta acabar Filoloxía n’Uviéu, lo que quier dicir que conozo Asturies y les sos coses como si fuera asturiana, incluyida esta cosa que me dexes. Nenguna muyer que tea bien de la cabeza creyeríala, anque pue ser que creyera que la ilesia y la derecha más cavernaria, siempres machista, tán detrás. Asina que, gracies, pero paezme que yá toos tenemos abondo coles tos aportaciones. Que tengas muncha suerte n’otros sitios, ¿sí?

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