Fe púnica de los medios en un gobierno de pesadilla.

 

Existen sobrados presagios de que se acerca el final de los tiempos. No digo solo de estos tiempos de merde, aunque haya especialistas en la materia y aun sesudos sabios que se refieran de continuo a solo los vividos por los más de nosotros, idos definitivamente; yo me refiero al final a lo grande. La gente finge, sin embargo, no enterarse y se mantiene en las mismas consideraciones, costumbres, palabras y acciones de nuestro pasado reciente como si tuviéramos todo el futuro por delante al modo de los niños, por lo que, incluso con bastante desgana y un nada desdeñable cargo de conciencia, he decidido imitarlos, no sea que me saquen en la tele o en la prensa como una visionaria peligrosa o alguien que trabajara para el Estado Islámico, el Mossad, la CIA o lo primero que le venga en gana al negocio de los medios. Ya imagino el titular: “Profesora jubilada abusa de su formación universitaria para aterrorizar a la población con profecías apocalípticas rotundamente falsas”. Y no, que corren muy malos tiempos. Otra cosa es que me desahogue en dissidens como suelo, aunque, por no herir la sensibilidad del lector que pudiera tenerla, vaya a limitarme a proporcionar solo tres señales, y de las menos trágicas, de que esto se acaba, en vista de lo cual, como dijo el prerrenacentista zamorano Juan del Encina, hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos, que mañana ayunaremos.

Empecemos con, por ejemplo, el alumbrado de mi ciudad, Valencia, es decir, por el que no hay en algunas calles del Ensanche, otrora iluminadas durante la noche como si fuera de día, y ello sin tener que pagar por ello impuesto alguno al sol -“impuesto al sol” es un sintagma al que tardé lo mío en darle crédito, lo juzgué broma, palabra de honor; y por más que digan, la revista Forbes no se burló de la expresión, sino del hallazgo impositivo de nuestro Ejecutivo-. Empezaron hace un tiempo por colocar luces de un color amarillo mortecino, quizá por irnos poniendo el ánimo a la altura de la estrechez económica, política y ética, pero últimamente esas calles son, con frecuencia y sin explicación que recoja medio de comunicación local alguno, boca de lobo amedrentadora para quienes regresan a casa entrada la noche, es decir, no se enciende una farola, por lo que, muy en especial las mujeres de cualquier edad, lo hacen tiritando a pesar de los treinta o más grados nocturnos y sirviéndose del móvil a modo de linterna, hasta que, de pronto, cuando le parece a saber a quién, nos regresan la luz amarillenta y moribunda. Y sin embargo, ayer mismo, rozada apenas la medianoche, ¡pufff!, se apagaron el router, el portátil, el flexo y hasta mi ojo izquierdo, justo con el que percibo a través del cristal de la ventana de ese lado de mi escritorio las luces de mi calle, las de la perpendicular a ella y aun las de parte de las casas de ambas, fuera gimió la alarma de algún coche, en casa los teléfonos o vaya usted a saber qué máquinas gimieron su desconexión, se hizo la noche total ante mi pasmo y susto, obscuridad total en la calle y en las casas, pues, que se prolongó durante un par de horas largas. Contar que para buscar y encontrar las antañonas velas, arrinconadas a saber dónde y desde cuándo, caminé tan descalza como estaba y me golpeé contra no tengo ni idea el dedo gordo del pie izquierdo, por lo que hoy no solo cojeo sino que no puedo salir a la calle a causa del intenso dolor, son detalles indignos que debiera haberme callado. ¿Será que el Ayuntamiento, cuya gestión anda ahora en manos de alguien tan fiable como Joan Ribó, nos lanza la primera señal apocalíptica? ¿Podrán contarse dentro de un tiempo, y con permiso de Rita, los trabajos y los días de este santo varón? No creo.

Sigamos con, por ejemplo, el caso Rajoy, ese como gallego del que dicen los expertos en presagios de corto recorrido que aún arrastra montañas de fans en forma de posibles votantes, votantes que parecen gritarle: ¡Miéntenos de nuevo, Rajoy, anda, por fa, danos más duro aun! Y él se ha avenido gustoso porque, al fin y al cabo, seamos serios, lo hizo desde el primer instante en que lo izaron al poder, mentir, digo, porque el dolor llegó poco después, en el momento en que se lo exigieron ciertas fuerzas foráneas que vinieron como a reforzar las seculares de casa. No importa que casi todos los días se nos brinden asombrosos y terroríficos casos de corrupción del PP -pero si hasta de la ropa usada que introducíamos ilusionados en contenedores estratégicamente colocados en las calles obtenía beneficio La Banda!-, como tampoco importan las conversaciones en que políticos y no políticos usan la jerga montaraz y aun bestial que consideré, hasta oírlos, que existía solo en el cine, en la literatura de corte celiniano o en los barrios marginales de ciertas ciudades dejadas de la mano de todos. ¿Cabe en alguna cabeza que si, en tiempos de la Dictadura, de habérsenos ofrecido urnas para votar entre que siguiera Franco o se lo llevaran para incluirlo entre los juzgados en el Juicio de Núremberg, en torno a un 30% de la población se decantara por quedarse con el enano ferrolano rigiendo la unidad de destino en lo universal de todas aquellas pobres criaturas? Pues el caso de quienes defienden y votan al PP aún es así de inquietante y peligroso, tan peligroso e inquietante como la frecuencia con la que solíamos confundir en Galicia al PP con el narcotráfico, ambos con el más ancestral caciquismo, y aun, todos uno más que revueltos, con la rica clientela y los más pobrecillos lacayos y servidores de esa unidad, pero esta vez, unidad de destino en el comienzo de financiación ilegal de… ¿Mande, señorita? Nada, no mando nada, creo que acabo de olvidarlo. Unus pro omnibus, omnes pro uno, o lo que es lo mismo en suizo o en mosquetero, un pour tous, tous pour un; en realidad, las vértebras de la amada e irrompible patria de Rajoy & Company. Y no me digan que no aterra. A usted, ¿le aterra Catalunya? ¡Hombre, no me mezcle churras con merinas, ande!

Y terminemos con aquello de no creer, a no ser con la fe puesta en Satanás, que quien pretendió españolizar precisamente Catalunya, con el muy loable éxito de haber logrado multiplicar el independentismo -tres hurras por él-, mientras otros colegas se entretenían en condecorar vírgenes de palo con la Medalla de Oro al Mérito Policial y en pasar el rato en su despacho charlando con gente de dudosa reputación, en absoluto, ¡Madre del Amor Hermoso!, con una reputación como mínimo a la altura de la general del PP, o en anteproyectos de ley en que ni la malformación fetal dispensaba de que el aborto siguiera siendo el derecho y la voluntad de la mujer en exclusiva, fue premiado por algún retrasaíco, cuyo nombre querrán olvidar hasta los que se sienten más españoles, con su nombramiento como embajador de la OCDE en París -vid. BOE, no sé qué BOE, disculpen, pero el BOE, ¿vale?- con un salario de diez mil euros mensuales, más gastos de representación y vivienda oficial de 500 metros cuadrados en la lujosa Avenida Foch de París. ¡Ah, bueno, sí, y coche y chófer! Veo a Francia queriéndose independizar de París, y no me digan que no sería otra señal, apocalíptica no sé, pero desde luego de que algo tremendo está a punto de ocurrir.

“Todo esto nos produce repugnancia y asco. Los actos de cuatro o cinco chorizos repercuten en un partido que está luchando como nadie contra la corrupción, que ha hecho importantes reformas en el código penal… Que cuatro sinvergüenzas hayan aprovechado su situación de ninguna manera involucra al PP”. Respuesta tipo o estribillo del PP en cualquiera de sus increíbles encarnaciones, momento o lugar. ¿En cualquiera? Noooo, por Dios, la chulapa que lleva muy dentro Aguirre -laísmo incluido, tal vez, al menos cuando baila el chotis- no solo larga lo que apetece sino que su largar le merece dos besazos en las mejillas del pueblo llano español, ese que secularmente adoró que los señoritos robaran a la altura de donde ellos mismos los ponían, mu arto, mu arto, diga que sí, maestro. Porque Esperanza, cuando sale a la calle en Madrid, no es para pasear, monta en la bici para solucionar de un plumazo no solo los problemas del PP sino los de España. Así que la gente la ama con el mismo amor con que ama a la Pantoja, ¡y qué y cómo será el amor que visitó tan poquito las aulas! Pero, oiga, es lo que hay, asín que, con el permiso del respetable y de la grada: ¡Esperanza, guaaaapa!

No vayan a perderse el material audiovisual. Funciona a modo de las ilustraciones de la Wikipedia.

http://www.publico.es/politica/aguirre-ve-alucinante-juez-punica.html

http://www.publico.es/politica/aguirre-del-patio-maravillas-no.html

 

Anuncios

2 comentarios en “Fe púnica de los medios en un gobierno de pesadilla.

    1. Moitas gracias. Resurrecta ¿de resurgo? Pois non o vexo, a xornalista mantense parada: as páxinas, inda hoxe, amóstranse brancas. ¿Non podía facer un esforzo máis e porse a traballar polo Cristo de Fisterra que sexa?

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s