“La cultura es una fiesta”.

 

Cuando el cerebro no es sino un magma pringoso que tiene paralizada su actividad esencial, conviene esforzarse en lograr un haiku, al fin y al cabo un haiku no es sino un tuit abreviado; por ejemplo: La ociosa espera ha virado por fin a un terco empeño. Me empeñé, pues, ayer mismo, en ver en La Sexta la entrevista que le hacían al candidato por IU al gobierno de la Comunidad de Madrid, Luis García Montero. Allí estaba Iñaki López junto con el inefable Inda, quien, por una vez, bien avisado que andaría, condensó su habitual verborrea en una pregunta doble, y maliciosa, o doblemente maliciosa, de esas tan suyas, y que dio toda la impresión de que el poeta iba a rechazar con elegancia, pero todos sabemos que la política no puede permitirse ciertas debilidades, como estaba, obviamente, el propio Montero, que esta vez había acudido al rico panal bien pertrechado de dos entusiastas, no sabría decir si exégetas o panegiristas, Miguel Ríos y Luis Maraña, redactor este de unas conversaciones con el candidato que la editorial Turpial sacó como libro con el título El valor de la palabra.

Aguanté un rato largo con un ojo en la pantalla y otro en el fuego porque, en ocasiones, me da por conjugar ciertas curiosidades con cocinar para toda la semana. Pero no sabría sintetizar la entrevista, analizarla, valorarla o hacerle una crítica adecuada, y además, ¿qué palabras podrían substituir a las palabras, qué descripción del acto al acto mismo? Así que, a cambio, dejo el enlace a un Youtube seleccionado al azar de entre tantos que hay, disfrútenlo sin intermediarios ni intérpretes. La política y la cultura andan mezcladas por doquiera vaya un candidato que dio comienzo a toda una epopeya, no recuerdo si gracias a una carta o a un manifiesto de apoyo rubricado por la crema de la crema de la intelectualidad, y que propició una serie de actos entre culturales y políticos con música, mítines, declaraciones de amor, declamación de poemas del propio Montero y, sobre todo, mucho, mucho corazón, que es lo que de verdad cuenta.

Lástima, eso sí, que en algún momento de la entrevista le diera al vate por mentar a Juan de Mairena, porque fue en aquel instante mismo cuando, por asociación, se precipitaron en mi memoria racimos de palabras que hacía mucho tiempo, ¡nada menos que en 1984!, nos regaló Rafael Sánchez Ferlosio en un artículo publicado en El País. Y tal como suelo hacer siempre para encontrar en internet algo que se me perdió en la memoria, en este caso, justo aquel artículo, le facilité a google un fragmento tal como lo recordaba, es decir, malamente, pero busca que te busca, terminé por hallarlo a través de un producto, no sé si de bloguero o de periodista de El Confidencial, un tal Carlos Prieto, quien, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, valoraba la pluma de Ferlosio de manera tan sui generis -no vayan a creer que hace treinta años, apenas un mes largo-, que entre esta valoración, la entrevista de La Sexta a García Montero, mi natural predisposición a devorar cuanto sale, o salió, de la pluma de don Rafael, y a gozarlo como a pocos, mi excelente humor en aquel momento y la temperatura veraniega de que disfrutamos estos días en Valencia, me faltaron palabras para agradecerles mentalmente, a los unos y a los otros, el intenso regocijo que me proporcionaron. Una vez más queda corroborado el talento de Ferlosio allá donde pose su mirada -¡qué actualidad la de aquel texto!-, como reforzadas tantas de las convicciones propias sobre este pueblo, su cultura, sus vates, sus políticos, el alto nivel de la crítica literaria que se lee, qué sé yo… ¿Quién dijo que en España no existía la crítica literaria, por Dios? Debajo, el artículo del tal Prieto, júzguenlo ustedes porque yo ya lo hice: una pasada guay de vuelo rasante por sobre la figura de don Rafael. Ya me dirán si creen que logró aterrizar sin mayor descalabro.

http://blogs.elconfidencial.com/cultura/animales-de-compania/2015-03-01/la-transicion-anfetaminica-de-sanchez-ferlosio_719366/

Y aquí, el texto de Ferlosio, no vaya a ser que no lleguen al final de la voladura y se les pase por alto.

http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html

 

 

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