Se necesita profesor para partido político.

 

Muchos de nosotros no vamos a votar por Podemos porque sí. Tampoco lo haremos por Monedero, por Iglesias, por Errejón, por Bescansa, menos aún por un programa por perfilar, por amor al riesgo, por inclinación a lo desconocido, al vértigo, o por molestar a Dios, ya nos gustaría. Vamos a votar contra los demás partidos políticos porque mantienen una separación de poderes de boquilla, una corrupción que alcanza a más de los que creíamos, una iglesia que conserva buena parte del poder que tuvo durante la dictadura, además de los mismos o muy parecidos privilegios; en suma, contra cuanto sigue empujado para que este país mantenga la imagen que nos devuelven los espejos cóncavos del Callejón del Gato a los que se refería Valle en Luces de Bohemia: «España es una deformación grotesca de la civilización europea». Desconocemos cómo podrá llegar a gobernar Podemos, pero sabemos hasta el hartazgo cómo mangonean los demás los mecanismos más complejos y delicados y rechazamos con energía ser sus cómplices. Si la mayor parte de la ciudadanía se detuviera a pensar, haría exactamente lo mismo.

Pero hay, además, otra poderosa razón para hacerlo. Los hombres y mujeres de Podemos parecen vivir, comportarse, hablar, razonar, usar el lenguaje de cualquier otro ser humano que esté bien de la cabeza en lugar de como estúpidos muñecos del pim-pam-pum o como brutales esperpentos. Y en este sentido, la rueda de prensa de Monedero debiera haber constituido una pieza de obligado estudio para todos los demás políticos del país, y cuantos periódicos la obviaron para seguir insistiendo en sus mismos maliciosos desatinos habrían de ser considerados mínimamente prensa amarilla o al servicio de los intereses del partido en el gobierno, limitándose estos sus intereses a mantenerse en el poder, a someternos a los inherentes al neoliberalismo, a los de la Troika, a los de los bancos y el gobierno alemanes, a los de su propio bolsillo particular y el de sus amigos. En vista de todo lo cual, cuanto deje de ser un colosal empeño por lograr enviarlos a sus casas debiera ser considerado, y además penalizado, como traición a la patria y colaboracionismo con quienes contribuyen a afianzar la Europa de los mercaderes, cuyo fin único y último es precipitar su desaparición como modelo de civilización, para hundirnos en el infierno de la deshumanización y de la barbarie.

Ellos saben que gran parte de la ciudadanía votará por Podemos, incluidos los expertos que los asesoran. ¿De dónde, por qué ese éxito?, ha de ser la pregunta que vienen haciéndose a toda hora desde que empezaron a constatar que hay un montón de señales que auguran que así será, presagios que marcan por doquier el inicio de su propio final, augurios mil como para acojonarse… Deprimidos, cabizbajos, cabreados, faltones, rabiosos y tan incontinentes como el valentón de Cervantes, habrán estado dándole vueltas a la cuestión tratando de encontrar una salida, hasta que, probablemente, el más espabilado se habrá alzado con la respuesta: ¡Les gustan porque son profesores, that’s the question! Quien dudara de que se tuvo que hacer un silencio sepulcral porque, para empezar, el PP es genética y acérrimamente enemigo de la enseñanza, qué decir si pública, al PSOE de Pedrito los dedos se le habrán hecho huéspedes temiendo que alguien pudiera cambiar de silla a última hora por un plato de lentejas, y en cuanto a IU, lo imagino como siempre, y a las pruebas me remito, en plan ni como ni dejo comer. Pero al final habrá vencido el miedo: tenía que ser por ahí, había que hacerse con un profesor a cualquier precio, menos en el caso del PP, porque, aunque no lo parezca, ya tiene uno, ¿a que sí, cristobita? Y así, el PSOE inclinándose por un metafísico e IU por un poeta, que en el fondo tanto monta, los prestigiosos ejemplares son, como sabemos ya, don Ángel el hondo y don Luis G. Montero, el de los premios, caballero andante de poetas que pasaron a mejor vida, a los que no está obligado a premiar, él no lo haría.

Gabilondo se formó con los hermanos corazonistas de Donostia, y así como tiene una hermana monja, él mismo llegó a ser hermano del Sagrado Corazón de los 17 a los 30 años, ¡ahí es nada!, edad en la que colgó los hábitos. Un año después, en junio de 1980, se licenciaba, y en ese mismo curso de 1980 ya era profesor -en la Autónoma de Madrid- de Metafísica, Ontología y Teodicea, hasta alcanzar la cátedra de Filosofía (Metafísica) muchos años después, en 2001. Con todo, entre 2009 y 2011 fue ministro de Educación con Zapatero, tibio y manso ministro de Educación. Hoy mismo, El País lo utilizaba para jugar a los acertijos: “21 cosas que no sabías de Gabilondo: ¿Sobre qué iba su tesis? ¿Qué estudió? ¿Cuál es su canción favorita? ¿Sus filósofos de cabecera?”. Entre unas cosas y otras, me da que este señor es un blando incapaz de medirse con alguien de Podemos, y este tipo de cosa es lo primero que pilla la chusma o populacho que va a votar a Podemos.

Luis G. Montero, dudosa geografía humana, estudió en los Escolapios, se licenció en 1980, y en 1981 -observen el paralelismo, pese a la diferencia de edad-, a cinco años de haberse doctorado, empezó a ejercer como profesor en la universidad de Granada, pero ignoro si llegó a alcanzar una cátedra porque la Wikipedia no incluye el dato, a ver si alguien se ocupa, háganme ese favor. En su ya larga epopeya métrica, fue condenado en 2008 por las injurias que vertió en un artículo de El País contra uno de sus colegas, en vista de lo cual, y tal vez por falta de apoyo de su propia universidad, decidió decantarse por la excedencia: “Asumo la sentencia, no la voy a recurrir porque no quiero alargar judicialmente el tema. Lo que sí hago es dejar la enseñanza en la Universidad de Granada, y me voy a mi casa a buscar otro tipo de vida”. Desconozco si sigue en casa aún, pero difícilmente podría dedicarse a la docencia y la investigación quien, día sí, día no, personalmente, ha de ocuparse en distinguir con este o con aquel premio a alguien conocido o, a su vez, encaminarse a recoger el suyo con el que vuelven a distinguirlo. De hecho, en 2012, se vio envuelto en otra polémica, esta derivada de esa misma actividad suya de ir otorgando premios de continuo: el jurado del Premio de Poesía Ciudad de Burgos, por él presidido, fue denunciado por haber incluido a última hora dos poemarios rechazados en el proceso de preselección, uno de los cuales, sin embargo, resultó ganador, ¡madre mía, qué pedazo de asuntito! He buscado en la prensa, también en El País, pero, en vista de que Montero aún no habrá dado el sí, no parece que hayan lanzado todavía otra adivinanza del tipo de la anterior. Cosas que no sabes de G. Montero: ¿Dirá que sí a IU el poeta? ¿Sobre qué iba su tesis? ¿Qué estudió? ¿Cuál es su poema favorito? ¿Pertenece a la RAE? ¿Sus poetas de cabecera? ¿El nombre de su esposa? ¿El de seis de sus amigos más íntimos? ¿En medio de qué desesperadas y brutales circunstancias, ¡oh, Garcilaso finísimo!, y por qué, se lanzó el rimador a escribir la Égloga de los dos rascacielos? Ah, bueno, y por asociación íntima, de Ángel, en El País, ha hablado su hermano Iñaki con todo afecto, ¿qué pariente lo hará por Luis, a no ser que alguien sea capaz de impedirlo?

Podría decirse que ambos representan lo más granado de lo que dio en llamarse las dos Españas, ¿verdad? Pues qué va, no hagan caso, porque España hay solo una. Ocurre, eso sí, que los españoles nos disfrazamos por sistema de esto o de lo otro para ir tirando, pero el material de construcción, arriba abajo, es siempre el mismo, qué quieren, nos da confianza. Y si no se fían por que lo digo yo, pero también porque estaría mal seguir otro par de siglos en el limbo, léanse El cura y los mandarines, de Gregorio Morán. A medida que voy progresando en su lectura, voy haciendo mías cuatro o cinco de las orientaciones paternas para cuanto tuviera que ver con la madre patria, que bien podrían resumirse en una sola pero pintoresca: a poco que se rasque en un español, se encuentra uno con, a escoger, caciquismo, iglesia, falangismo, provincianismo, sumisión ciega al que manda, poco escrúpulo cuando la ganancia, grosero arribismo, franquismo -nostalgia por él aún hoy-, y no con gremios exactamente, con famiglias. Es decir, a tal punto la familia es lo mejor que posee el ser humano español que, si no desde el principio de los tiempos, desde los romanos, tal que me explicó con infinita paciencia un buen amigo, nuestra sociedad se constituye en famiglias, lo que, por otra parte, según tengo entendido, es muy propio del sur, y su razón de ser podría hallarse en el desamparo del individuo; adoro los eufemismos. Dichas famiglias tienen su propio dialecto, jerga y hasta argot, que ignora obviamente quien pertenezca a cualquiera otra, qué decir si va por libre un pobre ser dejado de la mano de Dios, eterno confundido que no solo no comprende nada de lo que ocurre a su alrededor sino ni siquiera a sí mismo.

Pero, en fin, la pregunta que realmente debemos hacernos, la cuestión, es esta: ¿se han hecho el PSOE e IU con los profesores adecuados? ¿Hay algo en común entre Gabilondo y Montero, por una parte, frente a Monedero, Iglesias o Errejón, por la otra? ¿Y cruzándolos? Está por ver, pero creo que si confían en que se les va a votar solo por haber presentado a estos candidatos-profesores, van listos. ¿Imaginan un debate político, por ejemplo, entre Gabilondo y Errejón o Monedero? ¿Entre Monedero o Iglesias y García Montero? Me cuesta lo indecible hacerlo, quiero decir, caso de que cualquiera de los chicos de Podemos se soltara el pelo en condiciones.

Llego al final y por más que quiera evadirme de la única pregunta que me produce desasosiego y violencia no me es posible. Así que la dejo aquí y que cada uno haga su quiniela: Ángel Gabilondo y Luis G. Montero, ¿son casta o no? No, no, qué va, no es mala idea sin más, es que aquí, en el País Valenciano, tampoco dejamos de hacernos la misma pregunta respecto a Antonio Montiel, que en principio encabeza la lista de Podemos para la Generalitat. Y Montiel no es ni poeta ni metafísico, al menos, no ejerce en público, sino abogado especializado en Derecho Administrativo y profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de València, además de miembro fundador de Per L’Horta y miembro del Consejo Estatal de Greenpeace. En su equipo hay profesores de todas las universidades públicas del País Valenciano, en una lista muy equilibrada en cuanto a porcentaje de hombres y mujeres y también a territorio, personas activas políticamente, pero fuera del marco de los partidos políticos. Pero con todo y eso, qué quieren… ¡más vale prevenir que lamentar!

 

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