NECROLÓGICA

 

WOLFGANG SCHÄUBLE

(tomado de Cartelera Turia, 13 – 19 febrero 2015)

Parecía un tipo frágil. La silla de ruedas era su manera de andar por el mundo desde que un atentado, hace casi treinta años, lo dejó parapléjico. Era el alma de los cristiano-demócratas alemanes. El alma negra de los ángeles de Machín. La mala hostia se lo comía. Por eso llegó a ser el político más famoso de Alemania. Más que la Merkel, su jefa. A veces nos recordaba a otra alma negra: aquel fiscal de la Audiencia Nacional llamado Fungairiño. Y otros ratos se parecía al enloquecido Dr. Strangelove de Kubrick en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Se mostró el tal Schäuble como una máquina sádica de matar esperanzas. Iba a piñón fijo en su omnipotente cargo de Ministro de Finanzas. El gobierno de Alexis Tsipras lo había vuelto medio loco. Y la otra mitad se la acabó de perturbar Yanis Varoufakis, su homólogo en el gobierno griego. En su desvarío sobre ruedas, se pasaba el tiempo gritando una despiadada vocación de rotovator contra los más débiles. Europa, su Europa, siempre fue la de los ricos. Las últimas semanas amenazaba a la nueva Grecia con los peores castigos, si no se plegaba a los dictados infames de la Troika y se su jefa Merkel. A un gobierno de izquierdas, ni agua. Se le ponía cara de asco cuando miraba a las cámaras.

El asco era mutuo: hablamos de esta casa funeraria donde acogemos con tristeza algunas defunciones y otras -es verdad que la mayoría- con una alegría desbordante regada con el buen vino que nos recomienda para estas ocasiones Emili Piera. Por eso, hemos dispuesto ataúd de western (cuatro tablas, y arreando) para el fiambre en que se ha convertido el pájaro alemán de las finanzas. En una ceremonia de millonarios europeístas, la silla de ruedas se deslizó rampa abajo desde el mayestático escenario. Alguien la empujó. Antes, la misma mano, según fuentes de la investigación, había dejado la silla sin frenos. Esas mismas fuentes no descartan que la mano que meció la silla fuera la de un eurodiputado de Podemos. El alma negra de Schäuble era un grumo de carne picada cuando la metimos en la caja. ¡Uuuaaaggg!  FUNERARIA LA SOLEDAD.

 

 

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