Tsipras: digitus infamis a ese Contradiós

 

-Tsipras es la clase de tío que me pone. Es tan… no sé, tan suyo, tan serio, tan sencillo, tan legal y tan obstinado en lo que prometió, tan distinto al resto de políticos…

-¿Te refieres a los políticos del PP?

-¡Anda ya!  Pero tú, ¿piensas en esos como tíos?

-Pues… no, la verdad.

-¡Ah! Ya me extrañaba…

-Y lo que te pasa a ti con Tsipras, ¿les pasa a las demás?

-¿De las que tú conoces? ¡A todas! Y no solo… ¿Te acuerdas de aquel chaval de 2º de bachillerato que estaba como un tren?… Sí, mujer, aquel que era hijo de un profesor de otro Instituto… ¡Al único que le diste matrícula en junio!

-¿Javi?

-Sí, Javi.

-¿Qué pasa con él? No me digas que a él también lo pone Tsipras…

-Como te lo cuento.

-Pero si iba como por la tercera novia ya en 1º, chismosa. En fin… sé muy bien a qué te refieres con lo de poner.

-¿Sabes a qué me refiero? ¿De verdad? Es que la semana pasada me dijo que no está muy seguro de no ser gay.

-¿Cómo? Estás de coña…

-Como te lo cuento.

-Ay, Señor, el que con niños se acuesta…

-Sueña que lo hace, quiero decir que tiene fantasías sexuales con él (risas)

Esta niña fue la que superó con brillantez a todas las que charlaron conmigo de política, de la cuestión griega en concreto, un puñadito de exalumnas que se hacían lenguas al mentar a Alexis Tsipras, lo mejorcito que habían conocido en varón y, aunque me ríera al escucharlas, las entendía, ¡no iban a fijarse en Felipe VI o en Pedrito Sánchez! A todas ellas, las he formado en parte, y recuerdo muy bien qué me parecía un hombre de verdad cuando tenía su edad… bueno, su edad y según iba cumpliendo años. Los observabas mientras hablaban, te fijabas en su mirada, en sus manos, en sus gestos, te llegaba al cerebro lo que decían, no solo a la piel, y te decías que aquello sí que era guapo y que los guapos sin más casi nunca lo parecían.

Así que, cuando presentaron a Pedrito Sánchez en sociedad, recordé a un guapo especial que conocí en mi primera juventud, pero aquel lo era por arrobas, a lo bestia, por así decir, ni en la pantalla había visto a nadie con atributos parecidos…

-¿A que a ese no lo pillas?-, me preguntó un día mi cuñado. -Las tiene a cientos, no sé de ninguna que no esté loca por él… ¡Ah, y por cierto, lee a Byron!-.

-¿Quieres decir que solo lee a Byron? No me extrañaría… Y lea lo que lea, ¿qué te juegas a que me invita a salir en cuanto me lo presentes?-.

-Un par de centollas y lo que te apetezca después, donde siempre, lo mejorcito de esta ciudad-.

-Conforme, un par centollas para empezar. Los tres, vosotros y yo-.

Días después, lo conocí en su casa. A la hora de irnos, lo hicimos juntos, el guaperas y yo, y antes de llegar a la mía, a poco más de cinco minutos de la de mi hermana, me invitó a una especie de perdido club de jazz que por entonces estaba de moda. Quedamos para el día siguiente y, en cuanto entré en el portal, esperé un minutito largo, asomé con cuidado la cabeza, vi que giraba la esquina y me faltó tiempo para acercarme de nuevo a casa de mis hermanos, tocar al timbre y susurrarle victoriosa desde abajo al de la apuesta: -¡Me debes un par de centollas!- Habría dado lo que fuera por ganar y había ganado.

El desenlace de la historia con aquel casanova, 1.90, ojos, pestañas, boca y dientes de ganadora de concurso de misses, terminó como el rosario de la aurora ya el día de la primera salida. Fardó tanto, metió la pata tanto, tantas veces y tan desacertada y descaradamente, que me permití incluso ser grosera después de un par de horas de haber soportado al tiempo el fastidio y las ganas de reír, tal que si me hubiera educado con monjas francesas de postín en lugar de en la pública. Encendí una cerilla -entonces no solo se fumaba en aquellos y otros antros, como en el aula poco después, sino que lo de encender el cigarro con una cerilla era… ¡buf!, el no va más-, se la acerqué a la cara y, recorriéndosela despacito con la cerilla y con la mirada, le dije: -Tienes mi palabra de honor de que en mi vida conocí a nadie tan guapo ni tan bobo como tú-. Quizá me había arrepentido del ataque de sinceridad antes de terminar la frase, pero, de haber sido así, fue un lapsus por ignorancia, aún desconocía con exactitud su grado de necedad, el suyo y el del tipo de jovenzuela con la que sin duda trataba y que, por fuerza, gastaba su misma talla: consideró que coqueteaba con él, de otro modo, le encantó la observación y siguió el guión esperable. Con todo, puede ser que algo alcanzara a comprender cuando, al despedirmos y preguntarme con la firmeza del prota de una peli en blanco y negro de los años cincuenta: -¿A qué hora mañana?-, fui incapaz de seguir controlando el ataque de risa que había estado reprimiendo, risa floja, y es hoy el día en que aún me siento incapaz de recordarlo sin reírme y sin contagiar la risa a quienes conocen la historia y lo conocían a él, si añado que lo que realmente me extrañó fue que no hubiera dejado redonda la pregunta: ¿A qué hora mañana, muñeca? O nena o cariño, a lo Bogart, pero, ¡ay!, sin tan siquiera el cigarrillo colgando de la comisura de los labios. No fumaba el bobo aquel, como tampoco bebía, pescaba y hacía lo que se llama una vida sana, y parecerá oportunismo que añada que murió aún en plena juventud de una absurda e inexplicable cirrosis hepática. Pero es la verdad.

Ay, Pedrito, variación sobre el mismo tema de cualquier necio como el de la cerilla, pero en mucho más cómico el decir y la presencia, ¡dónde va a parar! Hace un par de días, acerca de cómo actuarías con Monedero, si fueras Pablo Iglesias, hoy… a tu manera. Como si no hubiéramos intuido el cociente intelectual, al menos las féminas, al primer vistazo de revisión del conjunto, y que no ibas a comerte un rosco en las elecciones. Para entonces, además, nos acudirá el recuerdo de tanto pacto como hubiste con nuestros particulares depredadores, bien seguros de que eres de tan poco fiar como tu partido, y de que, aunque no seas, lo parezcas, al menos, la misma bestia maltratadora de meninges que cualquiera de los miembros de este gobierno, te estás dirigiendo a nosotros como con el muñeca bailándote en los labios, es decir, no te enteras, chato, estás en las antípodas de nuestros intereses y además nos subestimas. ¿A que no sabes quién, por contra, en un tiempo, y siempre que siga alimentándose así de bien, será guapo de verdad, y conste que hoy fue el primer día en que me obligué a observarlo con atención? ¡Alberto Garzón! Aunque ya me gustaría saber, eso también, por qué, habiendo nacido en Logroño, terminó de formarse, como otros, en la Pablo Olavide de Sevilla. ¡Qué les dará la Olavide, madre! Garzón, que incluso me gusta cuando calla, porque está como ausente y perdido a saber en qué reflexiones y ternezas, es posible que hasta sea un Tsipras en potencia.

Y por Tsipras íbamos. Hay que ver cuánta boutade tuvimos que oír desde que accedió al poder y qué no oíremos aún ahora que empezó a poner en marcha lo prometido a su pueblo, y al día siguiente mismo de su nombramiento, nada de perder el tiempo en zarandajas a traque barraque. Así, recuerden el empeño de Guindos -quien llevaba la batuta de Lehman Brothers en Europa, por cierto- en echarle carnaza al populacho con el estribillo de lo que nos deben los griegos a los españoles y que podrían no devolvernos. ¿26.000 millones eran? Ignora esa prenda, licenciada en algo y ministro de Economía y Competitividad -¡hay que ver!- que quienes estamos bien de la cabeza, aparte de andar muy de vuelta de cualquier coña pepera -por dejar de mencionar otros picos y centrarnos en uno: ¿a cuántos millones de euros anuales procedentes del erario, sumados a los que de una u otra manera arrambla su habilidad para la rapiña, asciende lo que se embolsa la iglesia católica?-, aun si fueran las cosa tan simples como las presenta, que, obviamente, no, preferimos, dónde va a parar, rescatar personas a rescatar casas de lenocinio, junto con los repulsivos alcahuetes que las habitan -cuyos hechos enriquecerán en su día a pornógrafos especializados en asuntos de naturaleza obscena-, los prostituidores de cualquier valor que venden a precio de mercado, los estupradores de hambres niñas y no tan niñas. Así que, cantinelas y estribillos como el de Guindos se estrellan una y otra vez contra lo que sigue sosteniendo y poniendo en marcha el presidente griego, quien no piensa abdicar de ningún compromiso contraído con su pueblo, o lo que es lo mismo, del pulso echado a la Troika y a Merkel, la leal servidora de actitud blandengue para con unos, la dama férrea y emuladora de la precedente para con los más desdichados de los europeos, a las instituciones y entidades intocables, intocables por lo que pringan, a los zurcidores de virgos de los honorables que, sin embargo, perdieron la honra igualmente, o disimuladores de la muy dudosa de otros. Así, Strauss-Kahn, Blesa, Lagarde, Barcoj, Rato, Junker, Rajoy, Mario Draghi… en general, asalariados de un sistema que puso de rodillas a todo gobierno europeo. A esta panda de vagos y maleantes, lo que más escandalizó de la actuación de Tsipras, o de la de su ministro Varufakis, fue el haber saltado al campo a disputarse el partido al día siguiente de su nombramiento. Y es que tenemos bastante más prisa que la Troika. Tomad buena nota.

No queda, con las variantes o peculiaridades que considere cada cual, sino el camino que inició Tsipras. Porque si este inhumano, complejo y ocurrente tinglado al que sostiene un ejército de delincuentes, al que le cabe la gloria de que buena parte de la ciudadanía europea vivaquee en el Averno, Cumas, Campania -en fase de reestablecimiento de la esclavitud con látigo que gobernó a los abuelos de los tatarabuelos en tantas geografías- sigue empeñando en mantener el fuego que prendió la illuminatio místico enloquecida de Thatcher y de Reagan, precisamos sumar unos cuantos Tsipras más. Y en la labor de hallarlos andamos, para llevarnos por delante la totalidad de un experimento que metamorfoseó el sistema financiero de cada país en una monstruosa fuente de poder y de enriquecimiento de tres a costa de todos los demás, un sistema financiero que, como leí en algún sitio, es para la economía real la solitaria -taenia solium- que la parasita. En otro caso, hordas espontáneas surgidas de entre el populacho, eufemismo, serán las que se los pongan de corbata al sistema. Lo único malo es que nos los pondrían a nosotros mismos, al propio populacho, digo.

¿Durante cuánto tiempo más, de no intervenir, serán capaces de seguir inflando esa otra alegre y despreocupada burbuja, generadora de riqueza en exclusiva para esos tres que viven por encima de las posibilidades de subsistencia de todos los demás, antes de que pinche? No lo sé, pero sí creo que la asignatura Economía Europea Siseñor debiera currársela el padre de los que la incluyeron en un plan de estudio para ángeles necios o majaderos. Es tan miserable y de mentirijillas como, por ejemplo, la Religión, las Manualidades con Plastilina y Primores Otros, las Labores del Hogar de la Mujer con la Pata Quebrada, la Gimnasia Sueca de la Sección Femenina de Patriotas, Cristianas y Buenas Esposas o la Formación del Espíritu Dictatorial del PP. No sé, pero me suena a una especie de think tank económico-talibán-terrorista cristianizado a hostias.

Con todo, si empujamos con fuerza como nos enseñó l’avi Siset -Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allà…- y el empeño y la actuación del gobierno griego, con la suerte que suele acompañar al audaz, empieza a abrir, no digo brecha, un gozoso orificio en ese teatro de endomingados de solemnidad para que nos creamos los funerales, quién dudaría que los españoles, los italianos, los portugueses, los franceses y otros ayuntaríamos berbiquíes, brocas, taladros, perforadoras, excavadoras… qué sé yo, para acelerar el derribo de un monstruo que se alimenta del miedo que es capaz de generar y poder asistir al espectáculo de cómo, por el boquete por el que habrá de entrar la luz, empieza a desinflarse por obra nuestra, que se sumará a una brutal indigestión por lo que lleva tragado sin respirar ni masticar, que es lo que lo obliga a eructar inhumanidad y putrefacción, hasta convertirse en pelele, en flato, en hedor, en nada. Y a esa acción que se producirá en cualquier momento, la bautizaremos, al modo de los USA, como el padre y la madre de todos los escraches.

Creo en lo que le debemos a Grecia, no en Dios Padre, por más que los tristes ironicen y digan aquello de quién te ha visto y quién te ve, Atenas. Y aun así, sería entonces por nuestro haber arrojado la toalla hace mucho tiempo, ¿o no soñábamos con Europa, sus valores, su democracia? ¿Y qué mejor que Grecia para simbolizarla? Pericles, como Tsipras, no ordenaba construir ciudades de la justicia, de las ciencias, de la luz, de las artes, etcétera, vacías, con la cara de cemento de unos politicuchos arribistas y delincuentes que distraen, o que se embolsan, cuanto hallan y procuran que haya, mejoró la calidad de vida de los atenienses. ¿No es lo que queremos? ¿Ser lo que éramos y lo que aun pensábamos llegar a ser? Porque si vamos a ponemos exquisitos con historias, leyendas, mitos, cuentos y demás conviene limpiarlos de hojarasca, pero a todos, y la realidad de algún cuento, como aquel tan entretenido de El milagro alemán, edición de lujo, parece que no fue tan, tan milagro, como podrían deletrearnos gallegos, andaluces y otros pueblos, mano de obra barata, por famélica, sino también deudas de toda índole, incluidas las pecuniarias, que condonaron, entre otros, los griegos a esos nuestros deudores, así que no nos dejéis caer en la tentación de que os pidamos todos al tiempo cuanto nos debéis a unos y otros, podríamos armar un ruido infernal. Amén. La Troika, Merkel, el neoliberalismo, el poder financiero, los monstruosos bancos, los cuentos con que nos arrullan para que nos durmamos, ¿serán acaso, no gigantes, sino bárbaros de nuevo cuño, con su significado primigenio de extranjeros metiéndosenos en casa, y el añadido, al verlos vaciar nuestra despensa a la vista de todosw, de que aspiran a imponernos su barbarie, arrebatándonos la justicia?

Querer pensar en cualquier gobierno europeo, el que se me diga, como representante de sus ciudadanos, es muy parecido a que pretenda pensar en dejar de fumar sin un cigarro en la boca. Pero Tsipras sí representa a sus compatriotas. Y al final, tendrá éxito o no, aguantará o no, pero es seguro que, hasta como mártir fracasado, tras haberlo intentado como el más bravo de los conquistadores, no al modo del de la cerilla o al de Pedrito, dejará memoria amarga de sí. Un repaso de los deberes que se puso y en marcha ya: prohibir los desahucios, electricidad gratuita, pleno acceso a la Sanidad y a la Educación, readmisión de funcionarios despedidos, subida del salario mínimo, paga de Navidad a los jubilados, plan de reforma de las administraciones públicas, reducción de gastos en seguridad y del menor asomo de lujo en los cargos públicos, traslado de impuestos a los que más ingresan, privatizaciones fuera… “No perdonaremos a nadie y nada del pasado”. Y para rematar, o justo para empezar, qué hay de lo nuestro, Merkel: la «obligación histórica» de Grecia de exigir reparaciones por la 2ª guerra mundial, «el reembolso del préstamo que los nazis obligaron al país a realizar y que nunca fue pagado» e «indemnización» por los crímenes cometidos durante la ocupación. “Queremos una Alemania europea, no una Europa germanizada”. Ole. Este revoltoso caballero podría montarnos tal fiesta, que ríanse de las Fallas que tenemos encima los valencianos, un par de semanas sin dormir ni vivir, solo gozándolas, los que las aman y los que las despreciamos tan o más cordialmente aun que a la Troika a su ninot preferido… digo, nineta.

A saber por qué me vienen ahora a la memoria unos versos de Bertolt Brecht que habrá que cargar con nueva semántica y que cierran su obra de teatro épico “Der aufhaltsame Aufstieg des Arturo Ui” (La evitable ascensión de Arturo Ui). Trata del ascenso, en el Chicago de los treinta, de un mafioso, Arturo Ui, que intenta hacerse con el monopolio de precios en el Trust de la Coliflor. Crimen organizado, soborno de políticos, corrupción policial y manipulación de los medios de comunicación. Es una una alegoría satírica dramatizada del ascenso al poder de Adolf Hitler.

“Aprendan a ver en lugar de mirar
tontamente; actúen en lugar de charlar
¡y piensen que una vez eso
estuvo por dominar el mundo!
Los pueblos consiguieron vencer
pero nadie debe cantar victoria antes de tiempo…
¡Aún es fecundo el vientre de donde salió la bestia inmunda!”

Aquí, Alexis Tsipras en el momento en que se encara a la bestia inmunda

http://eltetoytu.blogspot.com.es/2015/02/05-02-2015.html

Aquí, a dónde podrían llegar la cosas. O a donde llegaron. Tengo que preguntarle a Forges

http://elpais.com/elpais/2015/02/09/vinetas/1423507851_076520.html

 

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