Gallo rojo o gallo negro.

 

Por fortuna -a juzgar por lo que me contaron después-, no miraba el televisor, apenas me llegaba el pueril runrún de la amorosa declaración por detrás de las risas provocadas por muy otras gracias. Al margen del anacronismo de la aparición real en la pantalla de las televisiones de este pueblo, perfectamente acostumbrado a ello, no, domesticado, del habitual tonillo de declamación escolar, de la soberbia subyacente bajo la no cuajada, a pesar de fingida con el empeño posible, afabilidad, del lodo de la corrupción familiar contagiando el alma de las palabras o pegado a la medula de las esforzadas cuerdas vocales, si voy al contenido en exclusiva del discurso, que ojeé más tarde para asegurarme de que seguimos en el inefable ambientazo aquel del “Españoles, habéis de permitirme que penetre en la intimidad de vuestros hogares para agradeceros de todo corazón… bla, bla, bla”, tengo que admitir que andaba a la altura exacta de una homilía dominguera de curita párroco llano, convincente ni para los más sencillos de azotea y andamiaje. ¿Qué mediocre maestruco lo habrá redactado? ¿Qué tienen los bobones, este en particular, que dan ganas de suspenderlos en todo, incluido el sencillo arte de leer, tarea que podría ejecutar sin despeinarse y convenciendo cualquier actor secundón o un buen alumno de bachillerato? España no se rompe ni se hunde con semejante calidad de material y cimientos, qué va, España ruboriza, mata el mínimo brote de crecimiento mental y aun la alegría de la risa, pero tampoco hay para reírse tanto, porque este país camina en la dirección en la que caminó Alemania en los años treinta del siglo pasado y, si no camina ya, quiere echarse a andar con ganas.

Pocos después de la aparición real, se pronunció Mariano el retrasaíco, quien aseguró que el año 2015 sería “el del despegue definitivo de la economía española” y que, para ello, había que conservar la estabilidad, es decir, conservarla para lograr que el PP pueda seguir mangoneándonos y con un convencimiento de para toda la eternidad. Y mientras su mente se deleitaba con tan secular querencia, fundamentaba esa estabilidad -de qué picardías no será capaz cuando funge de oradora una lengua tan enorme y torpe como la suya, o la de la monarquía, o la del nunca ido del todo franquismo- en la alternancia política, y aquí, la exigible referencia, con la inútil finalidad de movernos el ánimo, a la de los USA y a la de Alemania, naciones que empiezan a confundirse, y no sin fundamento, en más de una cabeza, farfullando una mención alusiva a las siempre odiosas y deleznables, para los partidos turnantes, terceras vías. Véase, si no, cómo torea el plasta (las mayúsculas son mías): “Cuando deja de pasar [la alternancia entre las dos opciones], surgen OTRAS COSAS que provocan inestabilidad, falta de progreso, retroceso y pérdida de bienestar”. Cosas, en este contexto, significa todo cuanto y todos cuantos no seamos nosotros, léase PP, esta corrupción monstruosa tan genuinamente nuestra, y a las pruebas me remito, este haberle colocado el yugo al cuello de la justicia para que humille la cabeza, y a las pruebas me remito, este apestar, no simple oler, pero en este caso ya no Rajoy, lo suyo no es el olfato, a fascismo, y a la Ley Mordaza y no solo me remito, esta incapacidad mía, casi afasia, y la de los míos, varones como mujeres, desde el momento en que abrimos la boca para largar, y me remito, entre tantos a los que podría, a Hernando, Rafael, el potro de Guadalajara, pero diputado por Almería, y bestezuela dotada, sin embargo, de la capacidad, exclusivamente humana, de poder emitir sonido articulado, a quien, hace años, hubo de inmovilizar ¡Acebes y Zaplaza! -no se rían- para que no se desbocara, abalánzándose sobre Alfredo Rubalcaba para zurrarle la badana, lanzado previamente el grito macho de advertencia: “¡Eso no me lo dices a la cara!”. No es gentil ni es genial, es más bien un animaaal… pero es mi hombre, que cantaba Nacha Guevara allá en la prehistoria. Hernando también es mi hombre. Aunque, en realidad, todos los varones y mujeres del PP lo son, mi modelo o idea platónica de ser humano, el resto, sombras. En fin, por lo demás, el ‘cosas’ del hábil presidente anduvo siempre también -recuérdenlo- en boca de curas tan torpes de pensamiento como de palabra al interrogar a sus parroquianos sobre cualquier actividad sexual -hacer o dejar de hacer cosas feas con detallito deletreado-, con lo que Pablo Iglesias y Podemos quedan incluidos en el sexto mandamiento como una actividad lujuriosa y condenable que podría conducirnos al fuego eterno del infierno.

“Entenderá que yo quiera para mi país siempre lo mejor”, añadió ese gallego que más parece de ninguna parte. ‘Lo mejor’ es su partido, los paraísos fiscales en los que enterraron ellos mismos, sus socios y los amiguitos del alma de unos y de otros la educación de nuestros niños, la investigación, si es que hubo de eso alguna vez por aquí, los hospitales, la alimentación y la atención de los más indefensos, criaturas, ancianos, enfermos, dependientes, desvalidos… hasta lograr, ¡por fin!, estos pobres que hay y que vemos, nuestros pobres de toda la vida a lo largo de generaciones. Bienvenidos, fantasmas seculares, esta es la España que no debe romperse. El miedo atávico de los que la queremos una, íntegra, enemistada, reconvenida, amedrentada y rendida, el terror ancestral de siempre, este nuestro que ven y el que suponen, que cada día va a más.

Insistió, además, en que la estabilidad para continuar la recuperación está garantizada por la Constitución. Ojo al dato, porque, ¿la garantiza, en efecto, la Constitución? ¡Y cómo! A la Constitución no le duelen prendas, y así, en ella, el pago de la deuda -que contrajeron quienes ustedes y yo sabemos- figura por delante de absolutamente todo lo demás, incluido el pan de la ciudadanía, qué decir del resto de bienes copiosos y hasta lujos que nos proporcionaba antaño, y así, sin más, por la cara. Qué zote dudaría de que nuestra Carta Magna garantiza, no solo la recuperación económica junto con la consiguiente estabilidad política -¿o era al revés?, es que me lío entera, Sagrado Corazón de Jesús-, sino la multiplicación del capital, o del capitalito, de los de siempre, los que contrajeron la deuda, los que se enriquecieron mientras ellos la contraían, los que les cuadraron las cuentas a unos y a otros, los que discutieron su impago o su consideración de odiosa, en parte al menos, y aunque la odiemos entera, pasando, antes o después de las cuentas y las argumentaciones, por ventanilla, así como garantiza la estabilidad de la pobreza, que es lo bueno que tienen las balanzas, que pesan. Eso sí, dudo de que garantice la estabilidad social, esa que aman por encima de todas la cosas los amigos del orden, aun siendo el desorden, y no solo el moral, lo que los invade de pies a cabeza como un cáncer.

Creo que fue más o menos a la altura de estas estabilidades, cuando Rajoy apeló, para completar el cuadro de una España a punto de ser reconquistada al enemigo, a Catalunya; si nos faltara Catalunya en esta verbena, otro gallo cantaría: “Lamento que algunos hayan abandonado la prioridad de cualquier gobernante, que es solucionar los problemas de los ciudadanos. Nosotros seguiremos velando por los ciudadanos de Cataluña para que allí haya recuperación y propiciando la concordia y entendimiento entre ciudadanos”. ¿Habrá algo más ruin y molesto, por preguntarlo con cortesía, que el hecho de que un padre, un ex, un cura, un político o un boticario se empeñen en velar por nosotros, cuando no solo nos consideramos autosuficientes, sino que estamos más y mejor informados, tanto sobre nosotros mismos como sobre su propio padre de ellos? Los catalanes, estúpido, se ríen tanto del PP y de ti como ansías tú llegar a entender por qué no te votarían bajo ningún concepto aun sin haber más candidato entre la leal oposición que Satanás.

Y aunque dijo estar dispuesto a escuchar las propuestas de reforma de la Constitución, admitió que no lo ve nada claro. Con lo cual, a estas alturas de su vida política –respice post te, hominem te esse memento- ya puedo cerrar una canción que inicié en la entrada anterior, la canción del peregrino en su patria que todo lo erró y cuyo partido robó a cuatro manos y sin pausa. Queda así: mientras YO sea presidente como DIOS manda, por mero SENTIDO COMÚN y más COSAS, no veo claro absolutamente NADA… que no sea lo que me sale de las gónadas. De las gónadas será, fantasma, pero dentro de un orden porque, si en los varones las gónadas son los testículos o testes a secas, en las damas, y tal doña Angela Dorothea Merkel, son los ovarios, y en el caso de la cancillera, gónadas alemanas de primera. Y esas gónadas, para empezar, volvieron este año a esquiar en Saint Moritz, el mismo lugar donde se fracturó el año pasado la pelvis, mientras tú te atracabas de ostras, percebes, centollas y lampreas, poniéndote perdida la camisa azul porque olvidaste el babero y al maître se le pasó ponerte uno de la casa. Eso sí, atentos al dato, gentes del PP, políticos, votantes, simpatizantes y buena parte de todos los demás, háganme ese favor: “Merkel lleva siempre en el equipaje sus esquíes de fondo de veinte años de antigüedad de la marca Germina “Alpha CS”. Tras el accidente del año pasado, el presidente de Germina, Maik Nothnagel, quiso regalarle un par de esquíes nuevos, tecnológicamente bastante más avanzados, pero ella rechazó el regalo en una amable carta de agradecimiento” (“Merkel vuelve a Saint Moritz”, El Mundo). Cuánto se habrá reído la Banda y un porcentaje elevado de este paisanaje sureño de que hubiera rechazado cortésmente los esquíes, no, de que no se los hubiera pedido de la marca francesa Lacroix para arriba y con incrustaciones de diamantes en las botas, ¿a que sí, Ric?

Retrasaícos aparte, lo cierto es que más de uno predijo que el año próximo iba a ser, no precisamente el año de la recuperación económica que dice Rajoy, sino el de la recuperación absoluta y definitiva del franquismo, gracias a la Ley Mordaza y a mucho más, de su reinstalación, de todos los objetivos alcanzados por fin, mi general, para el régimen o democracia orgánica, con su feliz y consiguiente retrotraernos a la década de los cincuenta, delatores, soplones, chivatos y demás patriotas empezando a salir de sus tumbas, y si pudiera ser, a la de los cuarenta, por fa, con sus conmovedores y modestos estraperlistas, todo el oro de la patria, multiplicándose en monstruosa neoplasia y a buen recaudo, allá, donde los paraísos nevados, las banderas al viento y el alma tranquila.

Pero todo esto solo sería posible si la mayor parte de la ciudadanía estuviera dispuesta a mirar para otro lado como lo estuvo en su momento el pueblo alemán, como ejemplo de entre tantos otros que podrían ponerse, a dejarse adormecer con las nanas adecuadas, del naZionalsocialismo aquellas, del naZionalcatolicismo estas. Y es cierto que muchos lo están, sin ir más lejos, los aquejados de desidia o pereza para cuanto no sea ellos mismos en exclusiva -ellos mismos en exclusiva qué será será-, los guardianes celosos de la aurea mediocritas que tantas satisfacciones les proporciona y los que fueron cómplices y clientes activos de la mafia de ese naZionalcatolicismo y de la que volverían a serlo una y mil veces con absoluta lealtad. Buena prueba de la inclinación a, como mínimo, consentir coqueteos con el fascismo, es la presencia de individuos en todo lugar que se frecuente -desde luego, en los medios de comunicación, periodistas como lectores- que, aun pasando por ser muy críticos con el Partido Popular, disfrazados de una mansedumbre democrática de la que en realidad carecen, y aun a pecho descubierto, loan el sistema bipartidista como el único fiable y demonizan a cuantos se le oponen. Sigamos jugando, viene a ser el nada sutil mensaje, a lo mismo de siempre, y lo que callan, porque así, al menos a mí, me va muy bien. Y conste que me estoy refiriendo a gente a la que muchos llamarían y hasta considerarían izquierda. Izquierda española.

Finalmente, el líder Mariano confirmó su intención de ir a repetir como candidato en las elecciones generales de 2015, comicios que no piensa adelantar: “Yo creo que las cosas hay que terminarlas”. No, ese tipo de cosa, ni de coña, vais a tropezaros antes de lo que suponéis con una barrera encallecida e infranqueable. Y precisamente, en este sentido, para qué querer rematar una cuestión que deja meridiana el editorial de la semana pasada de la CARTELERA TURIA, que este año, por cierto, celebra por todo lo alto su medio siglo de existencia. Vamos con ello.

Mordaza imposible.

«La promulgación en solitario por la bancada del PP de la llamada “Ley mordaza” está muy lejos de conseguir los efectos deseados por el gobierno absolutista de Mariano Rajoy. La descomposición del régimen muestra síntomas preocupantes sobre los cuales conviene estar alerta para evitar, en lo posible, efectos indeseados. A estas alturas del declive está por ver el éxito de la anunciada reforma, sin consenso previo, del Código Penal para antes de Fallas. O la marrullería consistente en meter prisa a los jueces para que los procedimientos incoados caduquen como un yogur y favorezcan la impunidad de la delincuencia política y económica que anida entre las mesnadas del PP y sectores afines. La represión de las protestas ciudadanas, el endurecimiento de las sanciones, los intentos de terminar las huelgas o la arriesgada apuesta por otorgar carta blanca a los excesos de celo policiales, entre el paquete de medidas coercitivas que reúne el engendro legislativo, nos retrotrae al tardofranquismo, cuando la calle era de Fraga y ministros como Rodolfo Martín Villa se aplicaban a fondo en la represión de cualquier iniciativa reivindicativa en el espacio público. Si en aquella transición que dejó decenas de víctimas en el camino la ciudadanía no se arredró, es muy improbable que en el segundo decenio del siglo XXI replieguen velas los movimientos políticos y sociales que ondean la bandera de la indignación, y muestran a cara descubierta la firmeza y el compromiso de expulsar al búnker del entramado institucional. El regreso a la España de 1976 y sucesivos, que tanto añoran estos inquisidores encaramados al Boletín Oficial del Espado, es un imposible. El PP acomete su descenso a los infiernos demoscópicos en medio de una interminable procesión de imputados por corrupción y embates a los servicios públicos. La era del saqueo pasa factura. Silenciar a la ciudadanía empeorará, aun más, las expectativas electorales de estos notables discípulos del célebre senador Joseph R. McCarthy. La coacción de Estado está condenada a ser derogada por el gobierno entrante, tan pronto como Rajoy y los suyos sean barridos tras los comicios de 2015. Por mucho empeño que pongan, el miedo está cambiando de bando. Y lo saben».

Si le dijera a mi nieta Marlen, un piojo de cinco años, que si no se porta bien durante los días que faltan hasta el milagro de los Reyes Magos, le traerían, no ya carbón, sino un maestro fascista a la kita -guardería-, me entendería perfectamente. Pero si le pidiera al varón entrado en años que, de cuando en cuando, se sienta en mi mesa de la cafetería que ambos frecuentamos para hablarme de arte rupestre y para mostrarme docenas de fotografías, que no siga desviando la mirada del fascismo que empieza a asomar, si no tiene medio cuerpo fuera, me respondería: no te entiendo, reina. Mi nieta es berlinesa y en su guardería, y en casa, le hablaron ya de… ¿cómo decirlo?… eso es, de príncipes y de princesas fascistas. En España, fascista es, por ejemplo, el insulto que un tipo cualquiera dirige a quien guste. Porque el franquismo fue, o un período de placidez (“¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo, si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?”. “Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez”. “Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles”. Mayor Oreja dixit, ese lince argumentativo y, si no, vean: [Durante la dictadura de Franco no había sólo un bando que reprimía], “hubo dos, porque el franquismo fue la consecuencia de una Guerra Civil en la que hubo dos contendientes”), o algo que mejor no meneallo. Querer creer que así va a resultar bastante más difícil oponerse a un rebrote de fascismo no es desacertado ni pesimista, sino lo que explica que hayamos permitido ir tan lejos a los burdos y despreciables naZionalcatolicistas.

Con todo, por fortuna y con la Turia, estoy convencida de que es demasiado tarde para que los fascistas puedan lograr lo que pretenden: lo que tuvieron. Aquella España sombría y desolada que no aparece en el patio de los recuerdos de la infancia porque seguramente la visitaba más bien de la mano de los que me la fueron recordando a lo largo de la vida. Aquellos tristes domingos de misa, pasteles y fútbol de la adolescencia deben de haber sido de los demás más que míos, no los encuentro nítidos en el fondo de mi memoria, sino también a través de la narración. Aquellos domingos, aquellas misas, aquella España hosca y aun feroz están ahora en la calle, no constantes, porque no se logra viajar en el tiempo de hoy para mañana, pero a ratos largos, terroríficos y desoladores, sí. Y estoy segura de que, ya que se les habló de todo ello durante la época de escolarización a tantos y tantos niños y adolescentes, hoy hombres y mujeres hechos y derechos, pocos pasarán, les cueste lo que les cueste, por transigir con que les regresen la vida en blanco y negro, vida que nada tiene que ver, por cierto, con las fotos que aspiran a mostrarnos lo que hubo y que bien podría regresar para instalarse cómodamente entre nosotros de nuevo.

 
GALLO ROJO, GALLO NEGRO

Autor: Chicho Sánchez Ferlosio (1940-2003)

https://www.youtube.com/watch?v=-41zdnkm4GA

Sílvia Pérez Cruz -Palafrugell, Girona, 1983-. Concierto-homenaje a Labordeta, celebrado en Zaragoza

https://www.youtube.com/watch?v=ShER6xVOluc

 

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