Cantata de la Real Academia

Al hilo de la polémica suscitada por la censura del libro de Gregorio Morán El cura y los mandarines, y en concomitancia, quiero suponer, con la publicación de la nueva edición del Diccionario de la RAE, ha llegado a mis manos, en circunstancias que relato al pie del texto, esta inverosímil e inacabable tirada de versos, a modo de los romances antiguos, y a la que no sé cómo llamar, si libelo, panfleto, rechifla, escarnio, mofa o sarcasmo sangrante, pero que no puedo resistirme a publicar en el blog, por pura caridad hacia mis lectores y en la esperanza de que se rían, si no tanto como yo, por lo menos el diez por ciento, que con ello ya tendrán que secarse las lágrimas de las risas, porque lo mío llegó a la congestión y la falta de oxígeno.

Las circunstancias que rodean el asunto las dejo para el final de los versos, que reproduzco a continuación en su totalidad, títulos y presentación incluidos, tal y como llegaron a mis manos, sin tocar una coma.

CANTATA DE LA REAL ACADEMIA

     (Romance de sordos.
     Fábula moral en cinco actos.
     Anónimo cortesano del s. XXI.)

ACTO I

¡Se lo juro por el VIPS!
por la Pleiesteishion four
por mi Mac y el Corte Inglés
que he visto en el noticiero
a nuestra plana mayor
de la Real Academia
más contenta que un jilguero
a tumbaburros abierto
y sin punto de escozor
admitiendo que se admite
en lo tocante a español
de uso limpio y repujado
y por mor de entendimiento
con los asnos más selectos
que campen por estos pagos
y ultramarinos, también,
cuanto tengamos a bien
aprender de nuestros hijos
y de los nietos incluso
y de persas y de rusos
de vándalos y escoceses
de alanos, hutus y negros,
     –perdón, afroamericanos–,
y de los subsaharianos,
más de indios y arameos
otomanos, cingaleses
tagalos, mayas y uzbekos
siriacos, inuits, siameses
y de etruscos, porque ellos,
también tienen sus derechos.

¡Gloria a Nuestros Académicos!
con los príncipes al pie
del cañón de lo moderno
que allí brillaban contentos
en tan culta parla envueltos
¡chachi piruli, los tíos!
que hasta a Letizia la Zeta
le dejarán indultada
niquelá y alicatada
hasta el mismísimo pecho
y será gloria de oír
por los siglos venideros
el hablar de esas Ynfantas
por el Concha preceptuadas.

¡Magno Árbitro del Verbo!
Pontífice y Preceptor
del vocalizar correcto,
terror del anacoluto
fustigador del acento
Gran Cancerbero Sintáctico
Mandarín del Adjetivo
Chambelán de los Escritos
e Imperator Excelsissimus
del Complemento Directo
que hacia finales de mes
manso le viene al bolsillo
dándonos con todo ello
muestra de gran sacrificio
y del ejemplar martirio
al que se entrega sereno
por el bien del español,
o como se llame eso.

¡Lo que le cante la polla!
o lo que en sus santos huevos
se les tenga a bien poner
a todos sus académicos,
al corralillo alfabético
que se han montado entre todos
de Estartit al Cabo de Hornos
de Arequipa a Maracaibo
o de Segovia a Morelos
sin olvidar los Qosqueños,
que del Cuzco se coscaron
y a algunos antofagastas
del diccionario expulsados,
que también hubo de eso,
     –con perdón de los chilenos–
mas sin faltar ni uno solo
a la hora de los focos,
que una cosa es discrepar
y otra perderse uno un bolo
     –pagado por el erario–
de opinar sobre el librillo
y en él poner el pulgar
para sancionar el sapo
y cristianar el engendro.

¡Por la palabra al Imperio!

¡Komo diga Usté, don Bikto,
el salero que tié el menda
que da pura gloria verlo!
Qué ostentóreo y estupléndido
va a quedar el mamotreto
a base de eseemeeses
de baipases por desvíos
o de gais, que no de gueis,
     –que de gayos ya ni hablamos–
y otros sortilegios varios
     (a los que en lo sucesivo,
     por amor de unificar,
     los llamaremos entradas).

 

ACTO II. LAUDATIO

CORO DE LEXICÓGRAFAS DE LA CASA

     (Vestirán toga blanca, muy corta,
     vicetiples a dos voces, in crescendo,
     cantan y bailan meneando el tanga como bacantes,
     dirige Bisbal.)

¡Mola Víctor, mola Seco!
mola mazo y mogollón
el académico cuerpo,
la Academia mola un huevo
y el Instituto Cervantes
también mola otra pasada,
y hasta Gimferrer, don Pere,
farda que es que ya te cagas
en las mismísimas bragas,
     –bolitas de chocolate–
recomendado en el cole
cual arrope de cacao
para lustrar el bocata.

¡Año Santo de las letras!
¡Academia pulcra y clara!
que Siglos de Oro amamanta
con cien Quevedos por banda
viento en popa a toda pela
limpia, fija y jaspeada.

SOLO PARA SOPRANO

     (Interpreta Montserrat Caballé,
     con los pechos al aire y look gótico)

Mola largo, mola tela,
la culta academiparla
mola más que un bemeuve
con la capota bajada
y el regatón a to’ trapo,
mola más que una quedada
con un buen rap adobada,
que un canuto de maría
de Zelandia hoy arribada,
que un tatuaje en las pelotas
que un tirito en las encías
que en el badajo una raya
adecuando así la méntula
para una buena mamada,
que un tanga de Calvin Klein
de esos de hilo mental
     (pues el dental es más grueso)
que dejan fuera el ojete
y te marcan bien la raja,
que un pirsin triple en el chocho
que en la acera un calimocho
con todos los coleguillas
y después unas pastillas
para flipar en colores,
que dirigirse a un cajero
a achicharrar a un mendigo
o a apalear a un sudaca,
que un buen lorito p’al buga
que unas Naik o unas Adidas
o una RAM uesebé tres
de por lo menos cien gigas
o un Aifoún de gama alta
con la carcasa rosada.

¡Mola largo, mola tela!,
la culta academiparla.

EL CORO REPITE, JUNTO CON LA DIVA,
ESTA ÚLTIMA ESTROFA

ACTO II. CONSTATATIO

De gran contento fue presa
como de albricias sin cuento
este juglar castellano
que les refiere estos hechos
admirables y verídicos
con detalle y cortesía,
les brindé mi pleitesía
casi me fui de vareta
y me meé de alegría
por ser la repolla misma
de que bien por consonante
o como simple asonante
     –o por bien sonante a secas–,
ya entendido como regla
y no como desvarío
pueda, de hoy en adelante,
usar un “acojonante”
con su marchamo de plomo
     –como en los jamones finos–
con su etiqueta de approved
la vitola de RAE tested
y el logo Spañish inside,
con su tildita en la Eñe
con su torito de Osborne
con su coronita arriba,
más la bendición expresa
de todas sus Señorías,
sin causarle menoscabo
a este oficio de tinieblas
que con tal celo tunean
y lustran a muñequilla
que parecen Mister Proper,
Kalya Vanish Oxy Action
o perfumada lejía
pulcramente manejados
por la finísima Aída;

de que en lo que sea la ESO
al fin nuestros educandos,
perdón, digo, los coleguis,
las titis y las chirlitas
los pichas, el Berberecho
las puris, el Nano, el Tato
e incluso unos funcionarios
que llaman curriculares
     –¿No será crepusculares?–,
     ¿Tal vez, ¡oh espanto!, una errata?
     (y que vayan a saber
     qué carajo sea el tal cargo,
     aunque tengo medio oído
     que andan al mando de algo
     en relación con los críos)
posean por fin instrumento
y repolido artefacto
fruto de tan fino tiento
y de tan alto consejo
cual Clave ben temperato
o como Dolce stil novo
para entender a Aristófanes
a Demóstenes, a Sábato
a Darwin, a Einstein, a Erasmo
a la Wislawa Szymborska
a Aristóteles, a Popper
a Espinosa y a Espinoza
a los Goytimuchos todos
a los Paneros que queden
a los Revertes doblados
a los no pocos Marías
y a un Señor muy importante
que llaman de los Anillos
     –curioso diminutivo–
que insta desde la cuna
a un razonar ordenado,
y a Ángel Escaso, pues mira,
y a tamañas Mañas ¡coño!
y a Lucía Etxeberría
y a Espido, la muy cuitada,
y a de Prada, el repeinado
y a las cuentistas sin cuento
de Ana Rosa y de Terelu,
o a Risto y a Mariló
y a los jobits, a los gnomos
a las ministras del ramo
con su decir primoroso,
y los lapos de Cristiano
y a Casillas de portero;
y en fato, en bable, en porteño
en espanglish, en costeño
en ladino –si es que hay de eso–
en castúo y en cosladeño
     (el de la variante norte
     que el del sur aún es dialecto)
en el parlante de Parla
en el silbo tinerfeño
en el ceceo de Ojén
y en Bayadoliz, ya puestos.

CORO DE SENECTOS

     (Académicos de número, enmucetados de armiño,
     con birrete, pluvial, toga, guardapolvo con finas puñetas,
     fajín y correaje reglamentarios, más escudo, lema y espadín.
     Largo maestoso, cantata gregoriana, a cappella.
     Cantarán en posición de firmes –los que puedan–,
     mirando fijo al emblema)

¡Mola Víctor, mola Seco!
molan mazo y mogollón
estos cuerpazos senectos
prostrados pero contentos
sondados pero completos
jodidos pero compuestos
con los marcapasos puestos
con los baipases bien tiesos
laxados pero aguantando
y sin embargo aún matando
del español lo que quede
o haya ya cumplido un año
de inacabable pasado
y por lo tanto sea viejo,
con cada voz más modernos
con cada entrada más nuevos
y cada año más mozos
que hablamos como los nietos
que nos corremos de oírnos,
de escuchar y obedecernos;

y el Cervantes que es tan guay
     –¡jaspeado y pulcro espejo
     de nuestro sagrado idioma
     al que el sueldo le debemos!–,
mola tanto el jodío manco
como el ingenioso Hidalgo
en este su cumpledaños
que a mayor gloria de todos
ha durado un año entero,
por si pensábais perdéroslo.

¡Año Santo de las letras!
Siglos de Oro alumbrando
Quijanos somos bruñiendo
nuestro esplendoroso acervo.
¡Limpia, fija y da esplendor
el gran caserón del verbo!
antes triste y desconchado
y hoy conchabado al completo
con apaches, con comanches
con indígenas concheros,
desde el sótano enconchado
y reconchado hasta el techo
que la Casa de las Conchas
     –Consepsión azhá, en La Plata–
habrá que denominar
desde ahora al monumento
y llevarlo a Salamanca,
a unamuniano contento.

Con De la Concha al timón
     (por ahora, otro cuatrienio,
     ¿no queríais sopa?, ¡tres cazos!)
y su prodigioso tiento
tanto monta, monta tanto
nuestra Real Academia
como la de Telecinco
repuliendo el español
en concertados esfuerzos
con los alumnos suspensos
que presentan en los medios,
leyendo en suave esperanto
con dulce acento arameo
y toques guatelmatecos
o con los de Gran Hermano
     (no olvidemos su tributo
     a las formas y al conceto)
redefiniendo al completo
del idioma el esqueleto.

EL CORO REPITE OTROS TRES CAZOS

ACTO III. DUBITATIO

Aunque claro, esto no empece
que de sospechas picado
diera yo en buscar “mamada”
en su exhaustivo compendio
y… no sabe, no contesta
de nuestras letras la casa
     –como ya me barruntaba–.
Señores, ¡gran decepción!
para nuestros escolares
que es lo primero que buscan
en estas obras preclaras:
ni bajo la voz de “amor”
ni en penúltima acepción,
tachada de malsonante,
de vulgar apostrofada,
o en el corpus amagada,
ni al cobijo de “esperanza”
ni en “placer”, ni en “estertor”
ni al amparo de “cariño”
ni tan siquiera en “prohibido”
o en Regrese Usted mañana
o en cartas al Director
     (genuflexión al decirlo)
figuraba dicho término.

No acabaron, se colige,
de asearlo por completo,
de fijarlo bien armado
como el caso lo reclama
y en la punta de la lengua
o tal vez de boca en boca
andará por los despachos
de esta gente que da voces
     (cargándolas al erario
     sin omitir la factura
     de la más mínima tilde
     ni de coma ejecutada),
mientras liman la estructura
de vocablo tan extraño
y de comprensión tan ardua
buscando la precisión
y la dicción acertada
para expresar con rigor
todo su campo semántico
su aconsejada grafía
su mejor pronunciación
y hasta sus crestomatías.

Pero, la verdad, me extraña,
tal tardanza con el lema
siendo como dicen ser
academia de la lengua
y otras hierbas asociadas.
Pues será para otro año,
o en la nueva revisión
de spañish seis punto cero
que ya estarán craneándose
para ilustrar a la piara
a cien eurazos del ala.

¡Acúciense por favor!
que le es imprescindible
a cierta clase de usuarios
que también serán de Dios;
pónganse en su situación,
en su zozobra amargada
cuando arribe la becaria
     (o azafato, por supuesto,
     de recia y florida barba),
una colegiala alegre
o una alumna aventajada,
declamando con dulzura
y con zalemas sin cuento:

Mi tocinito de cielo,
mi gatito encandilado
mi papichulo dilecto,
desabróchate la juba
bájate bien esas calzas
despójate del calzón
y despernáncate a modo,
déjate las manos quietas
respira cuan hondo puedas
y sosiégate, mi amor;
que me dispongo a brindarte
una dulce regalía
que felación es llamada,
según vi en el Diccionario
de nuestra RAE bienamada,
y que practiqué azorada,
con bisoñez y torpeza
hasta cogerle el tranquillo
     –sólo por curiosidad
     y amor a la gaya ciencia,
     quede la cosa bien clara–
gracias al permiso amable
de un buen amigo paterno
desde antiguo profesor
de lengua y filología
que me ayudaba galante
y mis faltas corregía
y que por pura bondad
permitiome el estudiarla
sin siquiera consentir
en que le adeudara nada
mientras iba progresando
en entender tal materia
hasta que la dominare.

Y hoy por fin, ya licenciada,
me dispongo ahora a ilustrarte
con afecto verdadero
y el más cuidadoso esmero.

No me vengas con protestas
ni me disuadas con muecas,
pues voy a llevarla a término
sin miramiento o rubor
sin torcer jamás el gesto
y hasta el último estertor
como los cánones mandan
para tu goce y deliquio
y a mayor gloria y honor
de todos los académicos
que nos estarán leyendo
presa de arrobo sin cuento
y del más dulce contento.

Mas, claro, con tal vocablo,
ignoto a la muchachada
     –¿que me vas a hacer el qué?–
se le arruga al más bragado
y al punto saldrán huyendo
presa de atávicos miedos
pisándose los cordones
con los ojos como platos
con los tirantes colgando
y la expresión demudada
los que sean de letras parcas,
no estén en el seminario
ni en latines sean provectos
o sepan sólo de tablas
de Excel y Pogüerpóin
o de 3D e I+D
y de JEMADEs y CEOs
de cash flou o de chou bisnes
y otras artes similares
cercanas a la barbarie
y del lenguaje apartadas,
o de rellenar currículos
de los que dan en el paro
y no de ciencias humanas
que también sirven de algo,
por si hubiera que anotárselo
a las Excelencias Vuesas
o al mismísimo Bivalvo.

Reconozcan que no es justo,
así que busquen remedio
para este y otros términos
que en verdad son necesarios
para el trato cotidiano
con las cosas del amor
o como medios de pago.

ACTO IV. EXHORTATIO

¡Académicos de número!
por Dios, háganse de letras,
tómense en serio el trabajo,
demuestren como es debido
que los Trivium y Cuadrivium
que con denuedo cursaron
les sirvieron para algo.

Cumplimenten sus deberes
que para eso pagamos
los súbditos de la lengua
sus sillones, las moquetas
el ascensor al despacho
los mármoles, las caobas
el aparejo informático
la Visa de Oro y Diamantes
el cáterin y los sángüises
el menta poleo y las pastas
pajitas y posavasos
incluso algunos cubatas,
y los pasajes a Indias
y los resorts imperiales
más diezmos y canonjías
con los destajos y dietas
que sus desvelos reclaman,
y congresuales salones
en los más altos palacios
para debatir conjuntos
con todos nuestros hermanos
de allende el océano ancho,
ese que tanto los une
ese que cruzan ingrávidos
para exponer conclusiones
y publicar resultados
y verlos así de ufanos
al sancionar los vocablos
y preceptuar lo adecuado
para que hablemos bien guapo;

que existen ciertos palabros
que por falta de sinónimo
     (o su escaso amor al tajo)
dan un repelús tan recio
que se te pasan los piños
sólo de pensar en ellos
y no digamos de usarlos,
que anda que a aquello de clítoris
     –por indicar un ejemplo
     por señalar con el dedo
     y por ponerlo en la llaga–,
no se esconda don Manué
no tuerza el gesto don Pere,
no me diga Usted, don Bikto,
que no es de hallarle remedio
con efectos retroactivos
y sin omitir esfuerzos
por el bien de nuestras cócleas
y del yunque y del martillo
y del canal auditivo.

Pongan la lengua a la obra
trabajen, ¡coño!, unas horas
que hay que buscarle sinónimo
un poco más iuserfrendli
     (como le dirán ustedes)
con carácter prioritario
     –perdón, a toda pastilla–
a tan espantoso término
a tan pavoroso andrajo,
que sí, será hijo legítimo
del griego ático y clásico
y será muy culterano,
pero da urticaria oírlo
pensarlo o ser un usuario
de semejante garbanzo
ya no rosa primoroso
ni satinado, ni glabro,
ni carmesí delicado
sino el negro de la casa
cacofónico y sombrío
donde se estrellan la jerga
el dialecto, el idiolecto
el localismo, el idioma
y la dicción más cuidada
y por supuesto, la lengua,
lo que ya es mucho más grave
y aun diría, imperdonable,
en domus tan sabedora
y a mayor escarnecer,
con tantísimas becarias
filólogas, lexicógrafas…
por razones del trabajo
y ¿cómo dicen?… de género
a la fuerza concernidas;

y el juglar que esto relata,
como tantas otras ánimas
sensibles y delicadas,
formadas en los placeres
y reverentes lecturas
rendidas tal vez –diría–
del Arcipreste y Zorrilla
de Dante, de Carpentier
de Petrarca y de Lezama
de fray Luis, la Yourcenar
de Safo u Omar Kahyyame
o de Apolinér, Guillermo,
pensamos sinceramente
que no hay modo con tal término
de iniciar una escalada
a ningún balcón de amada
ni tan siquiera a un jergón
ni a un tálamo, ni a un pajar
ni a pierna corta ni larga
o a un taburete en la barra,
por supuesto, americana.

Miren en sus corazones
pónganse en el trance ustedes,
contéstenme si es posible:
¿Puede acaso un alma culta
con semejante palabro
que en lugar de amor sugiere
acudir a un lexicógrafo
pedirle cita al urólogo
llamar a un taxonomista,
consultar con un filólogo
o acogerse uno a sagrado;
sentir transporte amoroso
pasión furibunda, ardor
desesperación, deseo,
tan sólo simple tensión
o en el peor de los casos
un escozor moderado?

Tienen que reconocerlo,
no es posible concentrarse
ante semejante término,
ni se chupa, ni se besa
ni mucho menos se traga,
vamos, que es un adefesio,
raspa peor que alcaparra,
no suena a fresa salvaje
ni a azucarada frambuesa
ni a grosella delicada
y con tal cocofonía
en los oídos clavada,
lo cierto es que no es posible,
cumplir como caballeros
ni como un tío legal,
como dirán los coleguis,
o un pavo con dos cojones
     (como ya andará al caer
     que así que pasen tres años
     nos recomienden ustedes);
y a este paso bien me temo
que seremos a millares
los de la lengua insumisos
que hostiles y consternados
de escuchar vocablos tales
de las fembras se apartando
y del amor descreyendo
vaguemos ya para siempre
como fantasmas sonámbulos
                    tan callando.

 

ACTO V. EL SEGURO TRIUNFO DE LA JUSTICIA

Y a su Academia un buen día
     (pues no resucita Lázaro
     a clavarles un lanzazo
          –pues dardo me sabe a poco–
     en la mismísima lengua
     o do más pecado hayan)
sin mediar aviso previo
y poniendo gran cuidado
de que en sesión solemnísima
plenaria y extraordinaria
mayúsculas con minúsculas
y de la A a la Zeta
todos juntos y hermanados
en comunión transatlántica
y sin faltar ni una coma,
se encuentren sus señorías
solos y a puerta cerrada
al barnizar dedicados
del español las entrañas
con sus cuadernas y vigas;
una turba desmandada
igual le pegamos fuego
por estos y otros descuidos
por activa y por pasiva
por servicios malhadados
por abandono del puesto
por delito de hablar bobo
y por vender jerigonza
horrible y encanallada
como un decir candeal
o hispaniparla aseada.

Y porque me da la gana,
que según costumbre patria
también es causa sobrada
y atenuante más que válida
en cualquier foro aceptada.

Yo pongo la gasolina,
el “pásalo” con mi móvil,
el coche, el reloj, la mecha
las cuerdas y las mordazas,
y unas tenazas del quince
para arrancarles la lengua
con lentitud exquisita
y beatífica calma
y en justa correspondencia
con tanta majadería
y memez desenfrenada;
pero necesito ayuda,
logística, piso franco,
compañeros de aventura
y seguridad privada.

Queda abierta suscripción
por amor a la palabra.

Pueden los interesados
mandar un eseemeese
con la palabra “Akdmia”
al número 666
y el código “Kserón”
     (¡por Dios, no omitan la tilde!)
que ya les llamo p’atrás
o les hago una perdida
that I’ll call you back as soon
will be possible, compays,
como dicen en La Habana
en Maiami o en Cancún
y pronto en Zamarramala
por consejo de sus mendas
y a nada que lo sugieran
los quíchuas o los aymaras
los sefardíes o los chuetas
los chocoes o los fueguinos,
los misquitos o los mayas
los chineses de Shanghai
o de Lavapiés la cáfila
y si Dios no lo remedia,
que en su infinita bondad,
la verdad, es que se pasa.

Serán diez euros la barba
más el vaso de bon vino
que adeudan a este juglar
por semejante tirada
monorrima, no, sin duda,
aunque bastante aseada
y que ahora iré a cantarle
     –tañéndole mi laúd
     y de hinojos bien fincado,
     por haberme demorado
     a causa de estas letrillas–,
a mi amigovia vaquera
que me aguarda en San Esteban
de Gormaz, cuitada y brava.

¡Vale! ¡Ea! ¡Digo! y ¡Vaya!

REPITE EL CORO DE BECARIAS a cappella
JUNTO CON EL DE ACADÉMICOS

REPITE EL solo

FINALIZA EL tutti

SE PROCEDE A CONTINUACIÓN A LA LECTURA
COMENTADA DE LAS NUEVAS VOCES ADMITIDAS

CONEXIÓN CON EL TELEDIARIO

TELÓN

 

La llegada a mis manos de estos versos es una historia casi rocambolesca, pero que, en sustancia, deriva de mis continuadas relaciones con mis antiguos alumnos de Lengua y Literatura.

Hace unas semanas, supe que andaba al caer la publicación de cierto libro de inmenso atractivo para esta profesora, titular que fue de Lengua Castellana y Literatura, y hoy gozosamente jubilada, por lo que me apresuré a reservarlo en mi librería habitual. Pero el caso fue que, casi recién hecha la encomienda, me enteré por los amigos, por la prensa, por internet, finalmente por un correo enviado por la propia librería, de que el libro había sido censurado por la misma editorial que estaba a punto de lanzarlo al mercado y que lo había publicitado a grito abierto o a voz en cuello, me atrevería a decir que hasta la víspera misma, como indispensable en nuestras vidas.

Con diligente amabilidad, en una especie de vaya lo uno por lo otro, o trueque irónico al que sin duda era ajena la librería, además, me llamaron a continuación por teléfono por si me interesaba que me reservaran un ejemplar de la vigésimo tercera edición del DRAE, 2376 páginas y 99 euros. -¡Huuuy por qué poquito!-, me dije para mis adentros, tanto por lo que se refería al euro descontado, cuanto por lo irónico de que hubieran dado en ofertarme el DRAE a cambio de El cura y los mandarines, de Gregorio Morán, al que me vengo refiriendo desde la primera línea.

Sin embargo, terca que soy, seguí indagando, y me hice con datos más bien extraños que me iban llegando de personas expertas en fenómenos paranormales, podría jurarlo. Y después de haber oído tantas cosas de unos y de otros, y yendo al grano de mi curiosidad, me pregunté: si El cura y los mandarines no iba a ser publicado por la editorial a cuyo cargo corría –Crítica, perteneciente al grupo Planeta– ya que, al parecer, había roto el compromiso o el contrato con el autor, ¿podría acaso ser comparable en algún sentido el libro de Morán con alguno de los documentos publicados por Wikileaks, pongamos por caso?

Fue justo entonces, mientras andaba en esas, cuando me advirtieron de una entrevista que le iban a hacer al propio Morán en el programa de radio Carne Cruda. Anulado cualquier compromiso o cita, toda oídos, supe entonces de boca del autor que Planeta lo había puesto entre la espada y la pared: o retiraba el penúltimo capítulo del libro o no había libro. ¡Tiempos de grandes descubrimientos estos nuestros! ¿Qué no aireará ese capítulo? ¡Quién lo sabe! Pero sí su nombre, y no recuerdo ya si me lo dio el propio Morán o un amigo periodista: ¡Todos académicos! ¡Qué pereza tan grande, Madre del Amor Hermoso, esta de andar tropezándose día sí, día no, con la RAE, y solo por mi intenso amor a la lengua!

Pero una cosa es la pereza que producen los hechos consumados y reiterados, inherentes a la idiosincrasia de este curioso país, y muy otra que no me hubiera venido al pelo la cuestión para distraerme tanto como yo sé.

Forzando mi capacidad intelectiva, que trabaja desde tiempos inmemoriales a empellones, me dije: ¡Tengo que saber como sea qué dice ese capítulo que se le exige expurgar al autor! ¡Por estas! Y venga a investigar y a mendigar información de unos y de otros: tiempo perdido. Hasta que un exalumno, ya muy crecidito, hablando, hablando, hablando por teléfono sobre estas y otras cuestiones, me dijo que me iba a regalar una cosa que acababa de caer en sus manos y que sabía que me iba a encantar.

Cumplidor como pocos, al día siguiente, me llegó por correo algo que me dejó literalmente bocabadada. Una especie de portentoso y lúdico libelo o panfleto, una gozosa e inacabable ristra de versos satíricos y anónimos que, a su vez, al parecer, le había pasado un amigo que a su vez los había sacado de vayan ustedes a saber dónde, pero, en todo caso en papel, no en formato electrónico. Hoy en día, la única garantía de anonimato si se aleja lo suficiente la fuente del destinatorio o usuario final, que se deja al azar, evidentemente.

Y esto no era otra cosa que esta Cantata de la Real Academia. ¡No daba crédito! Nadie podía haber escrito todo este despliegue simultáneo de erudición y cuchufleta, de amor a la lengua y de juego con ella, de orgía rabelesiana y de respeto y de máxima falta de respeto, a la vez, a lo respetable, a lo pomposo, a lo instituido, a las instituciones, movido sólo por la reprobación respecto al asunto de El cura y los mandarines, a fin de cuentas novedad con apenas días en el público candelero, o por la salida al mercado de una nueva edición del DRAE, o a saber por qué otras causas que se me hubieran podido escapar.

Causas relacionadas bien con la editorial, quizá con la frustración de no hallar en el diccionario términos de uso inmemorial, tal vez con nuestra mala y vergonzosa costumbre de censurar lo que no le viene bien a un obispo, a un delegado de gobierno o a los mismísimos ancestros del inquisidor en cuestión; porque nadie habría tenido tiempo literalmente hablando, a no ser que… ¡Eso es, a no ser que!…

Porque hay algo en la Cantata, ciertos datos y alusiones, que suenan a antiguo, no a antiguo de hace siglos, claro, a antiguo de hace unos años, pero no sólo, suenan a persona de dentro, o por lo menos con el suficiente conocimiento de lo que dentro ocurría y seguramente ocurre. A la RAE me refiero y a ese personaje que la dirigió casi en serie, doce años, que es Víctor García de la Concha. Y lo cual, por cierto, bien podría justificar la voluntad de anonimato del autor.

Este inacabable romance, parido por alguien con un dominio y una riqueza de léxico en todo registro que ya quisiera para sí esta aficionada, se escribió, podría jurarlo, en muy otras circunstancias y se remozó posteriormente, tal vez hace muy poco, para afear costumbres reiteradas, visto lo visto y, a tenor de su causticidad, para ajustar, seguramente, alguna cuenta pendiente al hilo de los hechos oídos en estos días. No cabe duda. Eso, o no soy tan experta en textos como creía.

Sea lo que sea, terminada la lectura de semejante ejército de octosílabos, tomé de inmediato la decisión de editarlo aquí, en dissidens, y de tomarme el nada pequeño trabajo de transcribirlo, en parte, por llenar el tiempo hasta que otra editorial se haga cargo de El cura y los mandarines –y parece que le ha salido ya más de un novio, y con prisa–, en otra, por querer ser solidaria con cuantos comparten intereses conmigo, por lo que también estarán esperando ilusionados un libro que se censuraba al tiempo que se hacía publicidad sobre él, o del que se admitía reserva de ejemplares, y que se encuentran ahora con las manos vacías, ¡y por un solo capítulo!, capítulo que difícilmente alcanzará la calidad –formal y de contenido– de este impagable Romance de sordos, subtítulo de la Cantata de la Real Academia.

¡Ah, y por cierto y por favor! Si alguien tiene noticia de qué ignoto autor podría esconderse detrás de este acierto total, este placer para el cerebro y el oído, conocían ya alguna estrofa, les suenan ciertos versos al menos, no dejen de decírmelo, decírnoslo a todos. Un autor que parece que no puede ser más que alguien joven, por la ligereza, la irreverencia, la agilidad, pero que también parece ser necesariamente mayor o, al menos con suficientes armas y bagajes en su haber, por la cantidad de palillos que toca. Esa autoría vale su peso en oro, y estos tiempos lingüísticos y literarios, como mínimo insustanciales y anodinos, se merecen una alegría, una satisfacción y con nombres y apellidos.

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2 comentarios en “Cantata de la Real Academia

  1. ¡¡Sublime!! Y no lo digo solo por la cantata (me he reído “mogollón”), sino también por lo poco que he visto del resto de las entradas. Tengo que sacar tiempo para leer tu blog como se merece, despacito y disfrutando del contenido. Un saludo afectuoso, creo que de colega a colega. Sebastián.

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    1. De colega a colega, no estoy muy segura, Sebastián, porque te intuyo experto en un campo del que sé muy poquito o nada. Aunque si te refieres a la enseñanza, en efecto, una vida dándole, dándole, y encantada, diría que me nacieron para ello. Respecto al blog, no te hagas ilusiones, no es sino una especie de catarsis que me permito muy de cuando en cuando y un guiño cómplice a ciertos amigos y exalumnos que me conocen tan bien, que “el trabajo” resulta tan liviano y gratificante como el del aula.

      Feliz por haberte descubierto, otro saludo lleno de cordialidad y simpatía.

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