Cementerio de vivos.

 

Como viene ocurriendo desde hace un tiempo, me acosté inquieta, entristecida y envuelta en las noticias espeluznantes de la desesperación de cada día, a las que siempre se suman las del día anterior y las del anterior al anterior, y así sucesivamente, para formar su conjunto una densa niebla que dificulta hacerse una idea de al menos por dónde podremos ir yendo: otra escuela de la ONU, en Gaza, bombardeada por Israel, un saldo total, dicen, de noventa y tres muertos y al menos ciento sesenta heridos, uno de los cuales, una en realidad, aún bajo la conmoción brutal de ese nuevo ataque genocida, se preguntaba: “¿Qué nos ha pasado? Estábamos durmiendo bajo la protección de Dios, bajo la protección de la ONU. Todos volvían de la mezquita cuando nos golpearon. No es justo lo que nos hacen”; el inimaginable montante de la recolección de tan copiosas cosechas como ovieron las diversas famiglias encargadas de la gestión de…¿cómo llamarlo? ¿res publica?, cuantías o montantes de imposible cobijo en la cabeza de cualquier ser bien nacido, y así, los sobre tres mil millones de euros -dicen que dicen- capturados en unos años por solo una de ellas, todos esos fondos de reptiles muebles e inmuebles que marean a los jueces, a los periodistas, al ciudadano común, que les enredan y dificultan su buen juicio; las decisiones, actuaciones, declaraciones, diálogos e intercambios maliciosos de los mafiosos, es decir, stricto sensu, de los hombres de honor de esta nación, y todo lo que resulta inadecuado enumerar porque se come el espacio, el papel, la razón, la salud, la esperanza y aun la vida. Pues con toda esa carga encima, más lo que den en imaginar, traté de dormirme, misión imposible. Así que, con la intención de amodorrarme, caí en la trampa de siempre, ponerme a escuchar la radio, en este ocasión, Radio Nacional de España, uno de esos programas vespertinos que hacen un bis por la noche, más bien sobre las cuatro o cinco de la mañana que serían.

Al principio todo iba bien. Necedad tras necedad, barbaridad lingüística tras salvajada, música específica para mentecatos y majaderos, sentía que la droga empezaba a funcionar, a atontarme, que la somnolencia, aun entorpecida por molestos interrogantes, se iba apoderando de mí, interrogantes como sobre de dónde podrían ir a pillar ahora todos esos que ya pillaron, pero que siguen al mando y control de lo que quede del erario, interrogantes de tipo lingüístico, como ¿se podrá seguir aplicando el substantivo erario a algo que no existe?, ¿al lugar donde se guardaba?, ¿deberá empezar a decirse deuda por sistema y jamás erario?, de tipo pragmático, a saber, ¿a quiénes irán a sacrificar en el futuro todos esos mangantes matones, chulos y rufianes, una vez que ya fuimos, directa o indirectamente, sacrificados casi todos? En fin, ese tipo de interrogante inevitable que en situaciones críticas nace de la más feroz curiosidad sobre nuestro futuro, el de nuestros jóvenes e hijos, que tal vez por el agotamiento de no encontrar respuesta, ni siquiera de ser capaz de plantear la pregunta adecuada, no me impedía empezar a desconectar de la realidad. Pero, de repente, espeluznada, sentí que se me afilaban las orejas y se me tensaba el cuello como un animalito al acecho: alguien hablaba del Instituto Europeo de Criopreservación -IECRION-, de abrir en algún lugar de València un cementerio de personas congeladas “hablamos congelados…je… de forma coloquial”, es decir, criopreservadas, ya que que el vacío legal que hay les podría dar el visto bueno para ponerse manos a la obra enseguida, empezar a remover la tierra y construir lo que sería “el cementerio de todos los ciudadanos europeos”, cada una de cuyas sílabas me llegó clara, alta, distinta y admonitoria.

Se refirieron al Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria, aunque entre el invitado y el presentador se trabucaban alegremente un poquito, se apoyaban uno en el otro llamándolo, ora ley, ora normativa, en fin, algo de policía mortuoria, “que es como se llama, aunque policía no es que vayan con pistolas y cosas de esas, ¿eh?, es que se llama así desde tiempos inmemoriales”. Mentaron un cementerio que sería cementerio y no, muertos, aunque lo ideal sería medio vivos, aludieron al proyecto de congelar no solo cadáveres humanos, sino animales en general, semillas, cordones umbilicales, células madre, “todo lo que tenga vida, y… también lo que tenga muerte casi por obligación… porque hay que morirse para ser criopreservado, tal cual está la legislación hoy en día”. “Todos sabemos lo que es la criónica, ya lo has explicado tú perfectamente, que es congelar a personas con el último fin de que el día de mañana la tecnología y la ciencia sean capaces de volverles a la vida, o sea de resucitarlos, en perfectas condiciones psicofísicas, claro”, “puesto que hay que morirse cuando moriremos como todo el mundo”, “no estamos hablando de nada especial, ni nada raro, ni ciencia ficción de esa que es imposible y tal, que a veces sabes que la realidad muchas veces supera la ficción”, ¡ya lo creo!, “es ni más ni menos que coger un cadáver… eeeh… deeee… sacarle… una persona recién fallecida, hoy en día, sa… quitarle… o sea, sacarle la sangre, meterle anticongelante dentro de lo que es el sistema circulatorio y bajar la temperatura hasta -196º… nosotros pretendemos hacerlo hasta -130º porque nuestros científicos han decidido que es una temperatura que genera mejores condiciones en el cuerpo”. Y me da por pensar, mientras escucho, a saber por qué tipo de asociación, si este hábil comunicador podría estar emparentado con Mari Loli Cospedal, qué tontería, o qué necia suspicacia la mía. Lo que parece que no le ha quedado claro al presentador es “si la persona tiene que estar muerta o qué” para ser criopreservada: “(risas)… Muerta clínicamente”. Pero eso, tal cual está la legislación hoy en día, ya veremos en un futuro, porque “yo, por ejemplo… sí que nos gustaría que…ya que estamos por la vida, no por la muerte, sí que nos gustaría que aquellas personas, por ejemplo, que ante una situación de eutanasia pasiva hay que desconectar directamente la máquina para dejar de autoventilarse y morir directamente, sí que nos gustaría que la legalidad nos dejase directamente coger a esa persona, y en lugar de desconectarla, dormirla, para poder criopreservarla en vida, en lugar de ciopreservarla en… muerta”. Y mi mente se quejaba directa, gritaba.

En fin, imagínenlo, es sencillo, una cosa es la muerte clínica, “lo que es un muerto” en sí, y muy otra desconectar, dormir y criopreservar, insiste el comercial, e insiste en la importancia de mantener los impulsos eléctricos del cerebro para preservar la memoria. ¿Por qué en concreto la memoria, cargar con ese muerto, y no con otra facultad mucho más seductora? Al fin y al cabo “la vejez tras la muerte -¡Virgen Santa del Socorro!- es una concatenación de enfermedades, con lo cual es una enfermedad más”. Mentaron la criónica, la criopreservación, la criogenización, las cápsulas James Dewar, “a las que se les insufla nitrógeno líquido”, y debo insistir en lo de la temperatura más adecuada para nuestra conservación, más vivos o más muertos que estemos. “Si vamos a tener remedios para el cáncer, vamos a tener remedios absolutamente para todo, porque en el futuro, plantéatelo que vamos a tenerlo con toda seguridad, ya llegará… eeeeh… seguramente a la muerte también podremos tener ese remedio… No te digo ya que en él se pueda solucionar cuando tengamos un accidente, y te hagas mil añicos… y cosas de esas, pero desde luego por muerte natural se pueda retrasar todo lo que queramos”. Y mucho más, mucho más, porque, encima, no tiene “ninguna gracia” recuperar, por ejemplo, a personas de noventa años con inmovilidad, ¿verdad?, “lo lógico” sería que en el futuro “se pudiese revertir ese envejecimiento, de tal modo que se rejuveneciera, hoy se está haciendo…”.

Se refirieron sin rebozo a esa apertura en València del cementerio, cementerio y no, de personas congeladas, a las que se prefiere llamar criopreservadas, en una zona del interior de muy baja activida sísmica, “por seguridad”, naturalmente, porque, tras haber estudiado la actividad sísmica de toda la Península, técnicamente se sabe que en el interior de la Comunidad Valenciana los movimientos sísmicos no se producen “desde hace decenas y decenas… centenares de años incluso”. Y porque hay cierto vacío legal. “¿Y cuánto tiempo podría aguantar un cadáver criopreservado?”, dio en preguntar la personal y ansiosa inquietud del presentador, que obtuvo de inmediato una respuesta tajante del mensajero invitado al programa: “¡Infinito!”. Aunque a continuación, limitó el infinito: “…Según nuestros técnicos, eeeh… pues podría ser… cientos de años”. Y todo esto que se va a hacer en València es ya un hecho fuera de España, que corra la voz. “Hmmm… estas instituciones, que tengáis todos muy claro que son instituciones muy avanzadas, como va a ser la nuestra, y que están colaborando activamente con empresas como la NASA, etc., incluso también el caso de las grandes multinacionales de Google, etc… están invirtiendo dinero en todo esto, en todos estos procesos de longevidad, etc… es decir, no penséis que es algo rarito de unos friquis que quieren hacer … No, no… estamos hablando de ciencia al más alto nivel”. El etcétera así distribuido, salpimentando el discurso, todo suyo, del portavoz ¿del Instituto?, uno de los socios fundadores de la empresita. Al parecer -según se iba explayando, ganaba confianza-, ya habían pretendido sacar el proyecto adelante dos años y medio atrás, concretamente en El Escorial, pero la crisis se les había echado encima y hubo que desistir.

Terminábamos, es decir, terminaba el programa, cuando recordé algo que me obligó a saltar de la cama, encender un cigarro y asomarme a la ventana a tomar aire. El proyecto Eurovegas terminó por fracasar ¿no?, me dije, pero todos estos murciélagos hematófagos advenidos cresos, ni de coña pudieron darse por vencidos entonces, así que ahora se lanzan próvidos a un Proyecto-Empresa-Provida para los que vayamos cayendo en el futuro, o para aquellos a los que vayan empujando, y como el caer por empellón brutal asciende a cientos de miles de ciudadanos, a millones que seremos enseguida, gracias al pertinaz, obsesivo empeño emprendedor que ponen las abundantes y distintas famiglias, podrán invertir en esta nueva empresa todos cuantos dispongan de unos ahorrillos, ya que, según Roldán, se trata de algo que genera pingües beneficios. Tal vez, a quienes no dispongan de ahorros a la altura, ¿volverá a derramárseles créditos bancarios para invertir específicamente en Provida, como cuando el piso, el chalé, el cochazo, la boda, la comunión, el bautizo, la confirmación de toda la descendencia del agraciado? Y por otra parte, ¿quién no va a pedirse resucitar cuando toque, dado que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, que dejó escrito Ricardo de la Vega ya a finales del siglo XIX? Es decir, ¿con qué clientes no se harán de los que tengan que buscarse la vida asimismo en los bancos? ¿Qué avales exigirán? ¿En qué bancos? ¿Hay bancos que prestan? Y esa empresa, me sigo preguntando, ¿no será un consorcio de aquellas que abandonaron las grúas, palmeras de hierro monstruosas diseminadas hoy por toda la geografía española? ¿Será gente de la casta, de esa del tres, del cinco, del diez por ciento? ¿O serán sus sucesores naturales que están empezando a asomar, y que envían, gracias a la recuperación económica del gobierno de Rajoy, emisarios a los medios a vocear los nuevos productos, la buena nueva de que, a pesar de que creamos que nos va peor que mal, una resurrección anda al alcance de cualquiera, eurillos mediante, insignificantes préstamos Provida a bajo interés? ¿Y se empezará a remover la tierra para ese cementerio al estilo de las empresas Gürtel, es decir, antes incluso de saberse adjudicatarios del proyecto que algún día nos dará la vida? ¿Que se la dará mucho antes, ¡dónde va a parar!, a sus promotores?

Después de habérseme pasado por la cabeza a la velocidad de rayo cuanto acabo de escribir -y algo más que me callo porque no me atrevo-, clamé al cielo, y no me oyó… Nooo, noooo, perdón, esto pertenece a los entrañables ripios de nuestro vallisoletano José Zorrilla, he querido decir que llamé al cielo a las generaciones venideras resucitadas dentro de unos siglos, unos eoncillos, y qué más les dará, si mientras, permanecerán durmiendo a pierna suelta esperanzada, para que acudieran con efecto retroactivo y en tropel a hacernos algún tipo de justicia -comprenderán que a esas alturas no me iba a privar de los viajes en el tiempo-, por ejemplo, la de obligar, por ley, a que tantos y tantos y tantos, cuyos nombres me rondan sin poderlo remediar, sean sometidos a una criopreservación forzosa, así como a cuantos conforman sus enjambres de cómplices y de colaboracionistas. Pero que sea con un hálito de vida al menos, Señor, tal como ansía el Instituto Europeo de Criopreservación, o con toda ella incluso, pudiendo esquivarse, de la A a la Z, el Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria enterito.

Y ahora mismo, justo a punto de publicar en dissidens lo escrito, leo algo en un periódico, y no doy crédito, debo de estar durmiendo aún, inmersa en la peor de las pesadillas, porque no puede tratarse solo de una concatenación de casualidades Gürtel, Brugal, Nóos, Pujol… digo, CIU… perdón, digo Pujol, digo Juan Cotino, Rita Barberá, Carlos Fabra, Pedro Hernández, Rafael Blasco, Esperanza Aguirre, Ruiz-Gallardón, Cospedal, Guindos, Rajoy… y tantos y tantos más. Lo que tengo delante es nada menos que “Las recetas de los muertos”, ¡Santo Cristo de Fisterra! Al parecer, la chef Bo, la mejor cocinera asiática de 2013, estuvo recopilando las recetas de los libros de Tailandia para honrar a los muertos, y David Thompson, mentor de Bo y de su esposo Dylan, fundador de Nahm -el mejor restaurante thai del mundo, según Restaurant, una estrella Michelin-, también es aficionado a los recetarios de ultratumba. ¿Qué es esto, buen Dios? ¿Qué negocios, qué complicidades, qué relaciones comerciales no podrán existir entre unos y otros que, de conocerlos, nos matarían ipso facto, para así, poder criopreservar a la mitad de la Humanidad? ¡Mamaíta, tengo miedo…!

Sobre las recetas de los muertos:

http://elpais.com/elpais/2014/07/29/eps/1406659492_312662.html

Sobre los vivos y los muertos:

«El Instituto Europeo de Criopreservación (IECRION) ha propuesto abrir un cementerio en València de personas congeladas, es decir, criopreservadas. Lo ha contado Francisco Roldán, socio fundador y portavoz del instituto. Esta técnica consiste en “congelar a personas ya fallecidas con el fin de que, el día de mañana, la tecnología y la ciencia sean capaces de resucitarlas en perfectas condiciones psicofísicas”. Asegura que hoy en día es imposible, pero “consideramos que, con las evidencias científicas que existen, el día de mañana puede ser posible”.»

http://www.rtve.es/alacarta/audios/esto-me-suena-las-tardes-del-ciudadano-garcia/esto-suena-tardes-del-ciudadano-garcia-francisco-roldan-iecrion-creemos-dia-manana-se-podra-resucitar-personas-criopreservadas/2689821/

La información imprescindible para montar ciertos negocios:

http://es.wikipedia.org/wiki/Cri%C3%B3nica

 

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5 comentarios en “Cementerio de vivos.

  1. Eso de abrir en algún lugar de Valencia un cementerio de personas congeladas me ha dejado atónita.
    Creo que es algo que no se ha pensado con mucha lógica. A mi modo de ver, es el lugar menos apropiado para abrir tal Instituto.
    ¿Es que no se dan cuenta de que se ahorrarían un pastón si abren las neveras en Teruel, Salamanca, Ávila o cualquier otro sitio en que se puedan “apagar” en invierno?
    La cantidad de energía que se iban a ahorrar. Sólo tendrían que encender las neveras en verano, y así todos tan frescos, con sangre o sin ella.
    Aunque tu reflexión acerca de extraerles la sangre, reconozco que también me preocupa. Nuestro ex rey ya no tiene ni gota de la suya, según he oído le han hecho un “trasvase de esos”, perdón sé que no te gusta que no hable con propiedad, es que me aburre… vale unas cuantas transfusiones y total, “pa qué”, ha quedado más tieso que antes de regenerarlo. Yo si fuera él presentaría una reclamación formal.
    Aunque lo que sí reconozco que es mono es el nombre “Instituto Europeo de Criopreservación”, seguro que si hablas idiomas hasta puedes enviar el currículo. Nunca se sabe. Si congelan muertos europeos, querrán hablar en su idioma cuando los descongelen, más que nada para mitigar eso del choque de culturas.
    Gracias por la información, pero Valencia y “congelación” son conceptos opuestos. Y los grados de los que hablas, tampoco les iban a servir de nada. Yo optaría por Teruel. Claro que ahí quizá tengan más problemas con la concesión de ayudas.

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    1. Vamos a ver, querida mía, lo de “extraer” la sangre a lo que sea, vivo o muerto, aparte de finezza toda tuya -ya que el tarugo al tratar de expresarse duda, ¡y cómo!, entre sacar y quitar-, no es mi reflexión, ¡válgame el cielo!, sino parte del método o proceso de hibernación.

      Tus reflexiones, en cambio, esas sí, en especial la que se refiere a lo inadecuado de ubicar uno de esos cementerios en tierra con clima del todo inadecuado, las diriges, esa en concreto, al Molt Honorable Alberto Fabra, President de la Generalitat, y tu amplio currículo de traductora e intérprete de resucitados, directamente a a la Consellera d’Educació, Cultura i Esport, María José Català, una señora, o lo que sea, que pide perdón porque “tiene un defecto”, ojo, lo dice ella, y puedes verificarlo aquí mismo, debajo: a veces se le va a la lengua de mala manera. Uno y otro son del PP, resulta obvio, y por lo mismo, de una eficiencia y preparación pasmosas. Pero no vayas a creer que todos los valencianos son así, no, por Dios, de ninguna manera.

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  2. Estimada Luisa, el “tarugo” al que se refiere usted es doctor en Ciencias de la Comunicación, entre otras cosas. Tanto si le gusta como no la forma de expresarme no considero que sea de su incumbencia, aunque ya veo que usted “escucha con lupa”, cosa rara la verdad, casa frase, cada palabra. Es cierto que vinieron dudas pero básicamente porque a la par que se me entrevistaban, mi perro, un precioso perro de aguas, se puso a ladrar como un descosido y no sabía bien si atender las preguntas o callar al can, cosa complicada de hacer a la vez la verdad.

    La comprendo perfectamente, todo aquello que es desconocido genera miedo se convierte en enemigo o hay que tratarlo de forma jocosa, es decir que como usted no entiende o no quiere entender es mejor insultar llamando “tarugo”. Ni somos advenedizos, ni tenemos que ver con la política, ni somos constructores, ni nada parecido, ni por supuesto descendemos de la casta del Euro Vegas.

    Básicamente he de darle las gracias por su artículo, bien construido aunque, sin conocerme, no creo que sea adecuado lo de “tarugo”. Que usted puede insultar, como tal me lo tomo, lo que considere oportuno pero que sepa que existe una Ley que protege en España el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Y que Internet y todo lo que se publica queda grabado, al igual que los comentarios, por si en un futuro próximo siguiera usted insultando. Por otro lado, como ustedes andan muy desinformados, la temperatura se consigue inyectando, insuflando, metiendo, introduciendo, colocando o lo que usted desee nitrógeno líquido a presión en una cápusula Ión Dewar, de patente española; según se aumenta la presión baja la temperatura. Muy gracioso por cierto el comentario de que es mejor sitios con baja temperatura para mantener la temperatura de las cápsulas y el gasto de energía bajo mínimos: las Ión Dewar no necesitan aporte eléctrico ni consumo de ningún tipo. Y termino, de nuevo gracias por la crítica, que sin insultos, la considero constructiva, tendré más cuidado la próxima vez que me entrevisten, esta tarde Canal Sur, SER y Rdio Euskadi.

    Cuídese por favor y siga escribiendo así, me ha gustado, salvo que usted me insulte sin conocerme. Salu2.

    Si desea que nos comuniquemos le dejo mi mail: iecrion@iecrion.com

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    1. Voy a responderle con palabras de un humorista gallego, Wenceslao Fernández Flórez, palabras que, de no haber ido usted solo al grano del asunto, de Google y demás, podría haberlas hallado, y de paso, leído, en esa parte del blog que WordPress llama “Acerca de…”, es decir, del autor del blog: «Cuando ni gemimos ni nos encolerizamos ante lo que nos disgusta, no queda más que una actitud: la de la burla. Es esta una posición desde la que no deseamos matar al adversario, sino, en todo caso, hacer que se suicide»… Si hay motivo, lógicamente, y si el humor es eficaz. Pero no vaya usted a entenderlo literalmente, Francisco, de ninguna manera, ya que, por más que ustedes sean expertos en el tratamiento de la muerte ¿y de la resurrección?, se trata apenas de un suicidio metafórico: los humoristas somos, por definición y por principios, gente rotundamente enemiga de la literalidad. Gracias por haberse tomado la molestia de comentar la entrada. Un cordial saludo.

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      1. Me estoy acostumbrando a que lo desconocido genere inquietud y miedo. Hace unas semanas estuve en Cuarto Milenio y alguien me puso de “cavernícola”, así que tarugo y cavernícola. Y yo pensando en hacer el bien a la Humanidad. Si no probamos lo imposible jamás sabremos dónde está el límite de lo posible; un saludo.

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