Para ligar, Elorza, hay que poner la palabra al servicio de la razón y la buena fe.

 

 

¿Nadie siente vergüenza ajena cuando lee, aunque solo sea de pasada, los artículos que Antonio Elorza escribe para El País? Porque una cosa es que este profesor de Ciencias Políticas se haya pasado media vida polemizando, con viejos argumentos y sin pizca de sensibilidad, la cabeza henchida de integristas fantasmas, con expertos y moderados arabistas, con estudiosos de los nacionalismos españoles -en este sentido, me extrañó no habérmelo tropezado entre los firmantes del manifiesto de la plataforma “Libres e Iguales”- y del origen de esta nación, o que haya apoyado a UPyD y su carca ideología, y muy otra que esté haciendo el ridículo, poniéndose a la altura de ciertos contertulios de la prensa de la caverna, o a la de un inmaduro y enfervorizado muchachito de la FAES. Por dar un par de nombres de artículos concretos demoledores, como los juzgan quienes acompañan con palmas los bailes y las musiquitas de los más castizo-fascistas del PP, “La ola” y el último… bueno, no, acabo de verificar que empieza a enviarlos a pares a El País, el penúltimo que ha escrito, en la misma fecha, 18 de julio, del que acabo de ver ahora mismo -“Un no y dos manifiestos”-,  “La irresistible ascensión de P.I.”

“La ola” es una película alemana en la que a un profesor de instituto se le ocurre hacer un experimento para que sus alumnos lleguen a entender el funcionamiento de un régimen totalitario en una semana de prácticas, una especie de taller del totalitarismo, para entendernos; los propios alumnos y el profesor lo escenificarán en su vida diaria, en la escuela como fuera de ella. Aunque no la hayan visto, imaginan el desenlace: lo que se había mostrado como inocente experimento escolar sin mayor trascendencia va derivando en una situación en la que el profesor pierde el control del asunto, que deviene precisamente en algo muy similar a lo que había querido que los chicos entendieran y detestaran. Al margen de la lección que pretende dar su director, Dennis Gansel, del atractivo de las aulas en el cine, del enorme éxito de la película, en especial, en su país natal, personalmente, me dio pie para repasar otras lecciones aprendidas sobre la marcha durante los últimos lustros, sin ir más lejos, la de la madurez a la altura de la del lenguado de ciertos profesores, la personalidad conflictiva de otros, el desparpajo con el que lidian niños unos u otros, sin duda, el producto inevitable de haber tenido que hacer maestros y profesores como churros en función de la justa democratización de las aulas, y aquella otra sobre las obsesiones y los fantasmas de los alemanes desde que empezaron a atreverse a encararlos y a hablar abiertamente, más o menos abiertamente, de ellos. Y sobre USA y los conejillos de Indias, de paso, cómo no.

Porque el guión de esta película está inspirado en un experimento en un colegio norteamericano, La tercera ola, que llevó a cabo en 1967 -en un colegio de Palo Alto, California- el profesor de historia Ron Jones. Al ver que sus alumnos eran incapaces de llegar a comprender por qué los ciudadanos alemanes habían permitido que los nazis exterminaran a millones de judíos y otros infelices, se lió la manta a la cabeza y puso en acción un proyecto que logró convertir a su clase, y a multitud de alumnos de la escuela que se adhirieron al proyecto, en un grupo convencido del sentido de una causa por la que debían haber sentido franca repulsa. “Fuerza mediante la disciplina, fuerza mediante la comunidad, fuerza a través de la acción, fuerza a través del orgullo” era el lema del profesor que así sintetizaba la ideología capaz de forjar una mentalidad totalitaria en los chicos, para enseguida pasar a dar sentido a sus acciones.

Ahora trasladen todo esto a la Facultad de Políticas de la Complutense de Madrid con ocasión de la presencia impuesta a los estudiantes de un Josep Piqué, político del PP, en 2008, de una Rosa Díaz, cofundadora de UPyD, portavoz y diputada en el Parlamento, obstinada en repetir visita en 2010, visitas, la de uno y la de otra, ni que decir tiene, rotundamente desinteresadas y enfocadas en exclusiva a contribuir a la maduración de los jóvenes universitarios. Añadan a esto, sin embargo, la actitud de rechazo frontal a los ponentes por parte de un amplio grupo de estudiantes, ¡en rebeldía por primera vez en toda la historia universitaria de este país, Dios mío, según debe constar en acta!, mezclen todo ello como en saco de trapero con Chávez, con Correa y con Evo Morales, con Irán, con Corea del Norte, con la izquierda abertzale… no sé si me dejo a alguien, es muy probable, agítenlo bien… y ahí tienen el Trío del Mal Monedero-Iglesias-Errejón, “Contrapoder”, los infernales ideólogos y responsables de aquellos desórdenes y sus abyectos objetivos. Y de Contrapoder a Podemos, un paso. Por mi cuenta, podría añadir que, desde luego, si UPyD, en realidad casi PP, el propio PP, el PSOE, el que hay de momento, ese IU tranquilito a la espera, la ambigüedad y el cinismo de CIU, etc., se mantienen en sus trece, que da toda la sensación, Podemos puede volver a darles un susto de muerte, qué va, el susto que los ponga definitivamente en su sitio. ¿No podrían hacer una lectura más adecuada de la situación actual los mentados y los que quedan por mentar, más ceñida o ajustadita a la realidad, más sensata y que sirviera de revulsivo definitivo a todos cuantos no están dispuestos a mover un dedo ante un estado de cosas, más que miserable o insufrible o desesperado, rechazable e inadmisible porque ronda lo criminal, de otra manera, resulta muy peligroso, por más paciencia que haya tenido hasta ahora el hambre, la desesperación y la humillación de este pacífico pueblo?

Pues el último artículo de Elorza, “La irresistible ascensión de P.I.”, viene a ser más de lo mismo, Chávez, Maduro, Correa, Morales, Corea del Norte, las herriko tabernas, los desafiantes nacionalismos catalán y vasco, los iraníes… En fin, ya saben, el padre gritándole al nene, y Elorza al lector, que por qué se va de casa, por todos los diablos, si en casa se vive puta madre, joder, aunque la madre se haya ido aterrorizada tiempo ha, y quien grita, papá, sea un enloquecido borracho irresponsable que le da una paliza al hijo cada vez que dice que quiere, no ya vivir como la gente de su edad, sino sobrevivir, y que lo amonesta verboso y brutal con el gastado e inútil consejo de que se guarde de las malas compañías que lo incitan a la rebeldía y a abandonar la casa del padre sin razón a la vista, sencillamente porque sí.

Conste que estoy más que convencida de que a cualquiera medianamente civilizado le repugnan los integrismos; de ahí, que solo el escuchar a cualquiera de los miembros de este Gobierno, pero incluso a Rosa Díaz, me enferme. Pero el problema con toda esta gente de la derecha española, ultraderecha, o que al menos siempre cojea en esa dirección, es dónde pone los puntos, las comas y el acento cuando se atreve a hablar de integrismos, últimamente, a diario. ¿Se los pone por casualidad al integrismo neoliberal, a sus defensores y sostenedores? ¿Condena los brutales instrumentos de los que se hace servir? ¿El integrismo del gobierno financiero mundial que mantiene cautivos a los gobiernos europeos democráticos? ¿El del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que debieran desaparecer sin más debate en foro alguno? ¿El de una Organización de Naciones Unidas que debe ser transformada de manera radical e inmediata sí o sí? ¿El integrismo españolista? ¿El del PP? ¿El de un Israel no sé si cuasi genocida, o genocida sin cuasi que valga? Por ir solo al último interrogante, sospecho que todos estos, Elorza entre ellos, o Elorza entre los voceros, sabe mucho más de integrismo islámico palestino que del sionista o del de los valedores del estado de Israel, los USA, pero no los únicos, que permiten y amparan de forma asombrosa un ¿genocidio progresivo? o cada vez más audaz de Israel en Gaza. Ya saben, Israel, sí, Venezuela, no. Palestina, por Dios, qué lata.

Hay cosas que parecen no tener remedio, y en que no lo tengan gasta su vida un ejército de hipócritas y de colaboracionistas sin alma. Y claro, cuando alguien parece hablar nuestra misma lengua, diciendo lleno de santa indignación que cómo no va a haber remedio contra la delincuencia o contra el crimen organizado aplicados sistemáticamente a la defensa y el sostén de los ya escandalosamente poderosos y ricos, contra el implacable y feroz aplastamiento de las ciudadanías, imprescindible aplastamiento para que los primeros sigan su ascensión y su progreso, resulta inevitable que prefiramos tratar de entendernos con gente como la de Podemos, por ejemplo, que con quienes sostienen, incluso es posible que crean firmemente, que las cosas siempre fueron y seguirán siendo así, que este es el único camino a andar. O a arrear. A estos segundos, estos sí, populistas, demagogos y antisistema, colaboracionistas de regímenes criminales, solo cabe negarles la amistad, el oído y el saludo. Como diría ese muchacho de quien aún sabemos tan poquito, Pablo Iglesias, esa no puede ni debe ser la patria de los bien nacidos, nuestra patria.

 

“La irresistible ascensión de P.I.” 18 de julio de 2014

http://elpais.com/elpais/2014/07/09/opinion/1404895770_355103.html

“La ola” 16 de junio de 2014

http://elpais.com/elpais/2014/06/13/opinion/1402669397_082667.html

 

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