De aforados y de linchamientos (finisco in dieci secondi, lettori).

 

Yo me entero de que alguien me ha aforado sin mi permiso, es decir, por las buenas, y le parto la cara sin más y aun antes de pedirle explicaciones por haberme dejado con ese sambenito, más, con el culo al aire, o exactamente, por haberme calumniado, llamándome sinvergüenza o poniéndome bajo sospecha, y encima, sin comerlo ni beberlo. Y no estoy absolutamente segura, pero me parece que, por calumnia, hasta se puede presentar una denuncia, en cuyo caso no habría dudado un minuto en hacerlo con el responsable de un aforamiento gratuito. Hay que ver qué diferentes somos unos de otros, ¿verdad?, porque, si bien estaba enterada de que en este país, y frente a casi todos los demás (1), hay un buen montón de aforados, jamás se me pasó por la cabeza que alcanzara la cifra espeluznante de casi diez mil, todo un ejército, y entre ellos, los miembros del gobierno, los diputados, los senadores, los parlamentarios autonómicos, los jueces, magistrados, altas instituciones del estado… y así, por narices, que puede que incluso sean narices constitucionales. ¿Artículo 102? ¿Artículo 71.3? Me suenan un montón, pero nunca apuesten por ese aspecto mío de erudita, es una especie de disfraz para una mujer, y con nietos. Mientras tratan de visualizar a todos y cada uno de esos estirados, para que la hoja de parra, debe de ser, no les descubra por allí o por allá partes que, a saber por qué, llaman pudendas, piensen solo en los de la Banda del País Valenciano, en un Cotino, por ejemplo, por aquello de la muestra. ¿No sienten ciertas molestias estomacales? Personalmente, las siento a calzón quitado, por insistir en la desmesura o inapropiado de los más de los aforamientos, o mejor, del aforamiento en sí, sin más.

Y piénsenlo bien, porque, por si fuera poco, estar aforado tiene que conllevar un montón de materias a cursar o de hábitos molestísimos, entre ellos, ponerse corbata o ponerse toga, por ejemplo, durante todo el curso político o el año judicial, para fingir que uno es honorable porque está aforado, o que está aforado por ser honorable, y aunque sea el aforado, no una persona común con sus defectillos, sino el peor de los fuleros, o un delincuente de cuidado con la cartera ajena, cuidado con el erario, ojo con esa sentencia, atención con ese soborno, caray con ese cohecho, olé la Caja de Ahorros o el medio banco que te has levantado, aforrado, porque este tipo de sinvergüenza no para mientes en qué se lleva, el caso es llevarse algo el majo. Es como una enfermedad, pero no vaya a darles por pensar en la cleptomanía, ni hablar, esa se limita al gustito que experimenta cualquiera cuando logra afanar, con el riesgo por todos conocido, en los grandes almacenes propiedad de un trilero, o de todo una estirpe de trileros, un fular de marca. Nada que ver con el afán eternamente insatisfecho del aforado.

¿Y qué es exactamente un aforado? Al DRAE con ello a despejar dudas. Veamos:

Aforado, da.

(Del part. de aforar).

1. adj. Dicho de una persona: Que goza de fuero. U. t. c. s.

Aforar.

De todas las acepciones, le conviene solo una: 2. tr. Dar, otorgar fueros.

Fuero.

4. m. Cada uno de los privilegios y exenciones que se conceden a una provincia, a una ciudad o a una persona. U. m. en pl.

8. m. Der. Competencia jurisdiccional especial que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo. Fuero parlamentario.

¿No les huele mal? ¿No sospechan incluso de ciertas connivencias entre los académicos y toda esa gente al haber dejado para el vocablo “aforado” acepciones tan vagas, que ni por asomo nombran o definen qué es en realidad un tipo de esos? ¿Estarán aforados los propios académicos? Personalmente, siento que fede más que cheira, o de muy otra manera, ¿no lo habrán hecho los santos varones de la Real Academia de la Lengua -de quienes afirma un amigo mío que se la cogen con doble papel de fumar cuando deben enfrentarse, ¡non fuyades, cobardes, malandrines y viles criaturas, son solo palabras las que os acometen!, a algún sinónimo coloquial de felación, por ejemplo, entre tanto más que habrá-, en razón de que no hay en Europa país con el grado de corrupción del nuestro, por lo que aforamos a todo aforar, tal que si los persiguiera la ley con una dureza desconocida por estos pagos, a excepción de cuando con los pobriños? ¿Podría corromperse, en el grado en que se corrompe un aforado, un bombero, un maestro, un conserje, el empleado de una sucursal bancaria, un perito mercantil, el asesor financiero de la esquina, un comercial, un cantante de ópera, un cómico de la lengua….en fin, no sé, cualquiera de nos-otros en una palabra? Pues, lo crean o no, hay países cuyos principales mandatarios no gozan de protección especial alguna, en el peor de los casos, con las excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano. Mientras que aquí, permítanme insistir, ¡cargamos con unos diez mil aforados! Madre mía, da como vergüenza el solo silabear aforado y aforamiento.

Bien, pues sobre todo esto que acabo de escribir divagaba mi imaginación ayer, cuando recordé un par de titulares de la prensa, acompañados de las correspondientes imágenes, que fue justo cuando me dio por empezar a pensar, estrictamente hablando. Pablo Iglesias, líder de Podemos, cuando estaba prometiendo acatar la Constitución para tomar posesión de su acta de eurodiputado (2) -acompañado su acatamiento de una oración o introito más bien largo, mientras González Pons, el retrasaíco, y otros a su altura, se tomaban a coña, tanto lo que decía el ya prácticamente europarlamentario, como a él mismo-, en ese mismo momento, me pregunto ahora, ¿estaba aforado, o aún no? Y si lo estaba, o andaba a punto de estarlo, o de serlo, ¿por qué vestía de proletario, y proletario de arremangada camisa como si, a continuación, fuera a ponerse de rodillas para desatascar personalmente las sentinas de Europa, en lugar de hacerlo, como los aforados en general, con un traje impecable con su corbata, su camisita y su canesú, es decir, con todo el resto de la idiosincrasia, incluida la limitación intelectiva de un Pons y compañía? ¿O no existe aforamiento, inmunidad del tipo que sea para los eurodiputados, y Pablo Iglesias, sabiéndolo, se dijo concretamente: ¡Paso… total, no van a aforarme!? ¿O se empeñará él mismo en que no lo aforen bajo ningún concepto? Y ese mismo aforamiento, si es que lo hay, y esta parte es en verdad enjundiosa, ¿podría detener el linchamiento mediático de un señor que debe de ignorar con quiénes se las está viendo el pobre y, bastante peor, se las va a ver en el futuro? (3) ¿Han sido ustedes testigo de cómo tuvo que tranquilizar a los de la casta, en el Parlamento Europeo, este señor, Pablo Iglesias, tomando humildes palabras de la lengua del de Asís, il poverello d’Assisi, “finisco in dieci secondi” (4), tal que si no estuviera aforado, o precisamente porque no lo estaba? Y palabra de honor que yo he escuchado en ese mismo Parlamento consideraciones, afirmaciones, insinuaciones, alusiones, palabras contantes y sonantes como condenas a muerte referidas a montañas de ciudadanos europeos, sin que nadie dijera esta boca es mía; es decir, tienen que estar aforados, y aforados a más no poder. Este fue uno de mis pensamientos, puntualizo.

El otro venía a resumirse en una especie de silogismo escolástico. Si nuestro entrañable exrey es quien todos sabemos, aquel joven soberano que a la una y pico de la madrugada del 24 de febrero de 1981 salió por la tele con su uniforme de Capitán General de los Ejércitos a defender la Constitución y a llamar al orden a las Fuerzas Armadas en calidad de Comandante en Jefe -¡Huuuy… Creo que se me escapa en este momento si era capitán o si era comandante!-, es decir, en realidad, por contarlo tal que lo recibimos, para decirnos a todos los ojerosos desalentados: podéis iros a dormir tranquilamente, la batuta de este dramma giocoso u ópera bufa esta en mis manos, ¿por qué van ahora y lo aforan a toda leche? ¿Tendrá algo que ver con que Diego Torres, la mala compañía de su yerno Urdangarín, en el escrito presentado por su abogado, acabe de asegurar que la Casa Real estaba al tanto de absolutamente todo lo relacionado con el Instituto Nóos? ¡Dios no lo quiera! De todas maneras, miren, no puedo quitarme de la cabeza que el secretario de las infantitas, ¿no?, un tal García Revenga, junto con un abogado -pero noble, ojo, y nobleza de por papeles, porque que cada cual haga de su alma un sayo, pero papeles son papeles- que envió el campechano del rey, o de exrey, o como quieran llamar a ese pedazo de padrazo, intervinieron ambos en aquel lío de Nóos de levantársenos una buena parte del pan a los ciudadanos instalados en el Mediterráneo, parte de los cuales, más que instalados, vivaquean, y esto último a consecuencia de la familiaridad o confianza excesiva que se toman un puñado de aforados con todos nosotros en general. Recuerden que ya Mariano José de Larra execraba ese exceso que es la campechanería española en su artículo El castellano viejo, y aunque se publicó por primera vez en 1832, no hay vez que lo relea, que no me diga: oiga, tal cual, pero tal cual, hermano, aún ayer mismo… Corramos un tupido velo, ¿sí?

Aunque, fíjense en lo que son las cosas. Acaban de chivarme que el jefe del Ejecutivo -Mariano, sí, qué otro, miré usted- ha prometido estudiar la reducción del número de aforamientos en la Escuela de Verano del PP, talmente como si me hubiera leído esta entrada antes de hacerla pública. Pero, no olviden dónde me nacieron, como estos no dan puntada sin hilo, más que tratar de reducir el número de aforados, su intención, ¿no será reducir el número de diputados, muy otra cosa, por cierto? ¿Que por qué? ¡Ah, bueno, esa es otra historia de las que tampoco entiendo, así me pase semanas pensando en ello! Se trata, al parecer, de una cuestión tremendamente complicada que concierne, dicen, a partes iguales, a Mari Loli Cospedal, por una, y por la otra, a la mismísima democracia. Pero no me pregunten por qué, o cómo, o para qué, no sabría decirles.

(1) http://www.abc.es/espana/20140510/abci-exceso-aforados-espana-201405091625.html

(2) http://www.20minutos.es/noticia/2166337/0/podemos/pablo-iglesias/constitucion/

(3) http://www.elmundo.es/espana/2014/06/30/53b06a85e2704e2e3a8b4579.html

(4) Disculpen la fuente, por Dios:

http://www.libertaddigital.com/internacional/europa/2014-07-01/iglesias-se-estrena-con-polemica-en-el-parlamento-europeo-1276522755/

 

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