El asalto del sistema a los medios: De cómo El País se convirtió en un libelo de la derecha

 

Artículo tomado del blog “Impresiones de una periodista en paro“. Autora: Luisa Sánchez

Se cuenta que, tras los nombramientos efectuados por el nuevo director de El País, Antonio Caño, los viejos redactores o lo que queda de la plantilla original, en la redacción de ese periódico hay un sentimiento de estupor y desolación. Quizá parejo al de muchos lectores que fueron testigos de cómo lo que fue ‘su periódico’ se ha ido convirtiendo en los últimos años en un libelo de la derecha y los prebostes de la economía; del sistema, en suma. 

Cuando hace unos meses se conoció el correo que se le coló al candidato a nuevo director, cuyo cargo fue confirmado en pocos días, Antonio Caño, en el que se dirigía al director general, Juan Luis Cebrián, comentándole que el diario debía ‘abrirse a nuevas mayorías’, después de criticar a los periodistas de la plantilla, los trabajadores de ese medio supieron a qué atenerse o lo que iba a suceder. Al fin y al cabo, lo que viene sucediendo desde que dicho director general, el incombustible y ambicioso Juan Luis Cebrián, de acuerdo con los herederos del anterior propietario del periódico, Jesús Polanco, pusiera en manos de una sociedad financiera, Liberty Acquisitions, la mayoría de sus acciones.

Liberty Acquisitions está participada por Goldman Sachs, Soros Fund, Deustche Bank, Morgan Stanley, Bank of América y Credit Suisse, entre otros, lo más granado del capitalismo especulador de los mercados. También tienen acciones de Prisa el multimillonario Carlos Slim, el Grupo Santander, La Caixa y Telefónica, junto con otras financieras de menor importancia. Un elenco de lo más escogido de entre los defensores del ultracapitalismo neocon. 

Si a eso se le suma el que en la influyente sección de economía coinciden los redactores Alicia González, pareja de Rodrigo Rato, y Miguel Ángel Noceda, pareja de Isabel Gil Llerena, jefa de prensa de María Dolores de Cospedal, resulta evidente, tanto la forma en la que El País trata determinadas informaciones, como las relacionadas con los latrocinios de Bankia y las investigaciones sobre SACYR y sus supuestas contribuciones a las campañas de Cospedal. Es decir, que la credibilidad de El País, solo en que lo que respecta las noticias económicas, queda muy en entredicho.

Con tales propietarios y con semejantes periodistas, esperar que El País pueda seguir manteniéndose como un periódico independiente es una utopía más. Cierto es que el diario de Prisa nunca fue un medio revolucionario, ni siquiera progresista. Desde siempre defendió el sistema establecido, la Constitución elaborada al dictado de los espadones y el frufrú de las sotanas, aliado de los prebostes de la transición y sometido a un monarquismo que pasaba por la derecha a medios tradicionalmente mucho más conservadores. Si en el presente ha llegado a cotas inadmisibles de servilismo con el PP y con el gran capital –hoy mismo publica un artículo loando al dueño de Mercadona, Juan Roch, un empresario que explota a sus trabajadores y que entrega, según los papeles de Bárcenas, substanciosas donaciones al PP, a cambio de que este legisle a su medida-, lo cierto es que hace ya mucho tiempo que inició esa deriva hacia la derecha conservadora, lo que le hizo perder cientos de miles de lectores. 

El pasado domingo, en un exceso de servilismo, dedicó un reportaje al expresidente Aznar que, más que reportaje, podía calificarse de publirreportaje, a decir de algunos de sus propios trabajadores, que no entienden que se le dé tanta coba a un personaje que tiene interpuestas dos querellas contra ese periódico. Quizá sea el modo en que Caño quiere solucionar, extrajudicialmente, el problema. En la actualidad, apenas quedan en la redacción de Miguel Yuste periodistas de la vieja guardia, porque nombres tan significativos como el de José Yoldi, que hacía magníficas e imparciales crónicas judiciales, fueron expulsados mediante un ERE. O Maruja Torres, la columnista que dejó su mancheta indignada por cuanto veía en ese periódico, y del que, dice no fiarse de lo que cuenta, ‘porque está convencida de que no dice la verdad’. Impresión que comparten muchos de sus antiguos lectores.

Mas no ha sido la llegada del ultraconservador Antonio Caño a la dirección de El País la que protagonizó el giro a la derecha del rotativo de Prisa. Se inició cuando cayó en manos de financieros, y desde entonces, viene protagonizando esperpénticos episodios como el sucedido en octubre pasado, cuando colgó durante tan solo unas horas una noticia en la que se informaba de que el Parlamento Europeo exigía al Gobierno español que tomara las medidas necesarias para que los afectados por las preferentes recuperasen íntegro el dinero que se les estafó. El titular, que apareció brevemente en la edición digital, rezaba: “El Parlamento Europeo pide a España por el reembolso a ahorradores, según IU”, que más produce la sensación de que le rece a España como a una Santa Rita o a la Virgen de los Remedios para que se produzca ese reembolso, que el hecho de que le pidiera explicaciones a este gobierno, que es de lo que se trataba. Pero, como esa noticia podía perjudicar a los accionistas, desapareció de la edición digital y naturalmente no se incluyó en la de papel. 

No fue el único disparate protagonizado por el antecesor de Caño en la dirección. Javier Moreno, igualmente sometido a los deseos de los accionistas, protagonizó en su etapa otros episodios de servilismo con los amos del dinero. Una de las más sonadas y bochornosas meteduras de pata de El País en toda su historia, se encuadra en su militante antichavismo: la publicación de una foto falsa de la agonía de Chávez. El País, desde el golpe que intentó derrocar a Chávez en los tiempos en los que Aznar apoyaba a los sediciosos, vino manteniendo una cruzada militante contra el régimen socialista venezolano dictada por los amos americanos y por el PP. La publicación de la fotografía falsa, que supuso un amarillismo inconcebible en un periódico supuestamente serio, fue el desiderátum de su línea editorial contraria al gobierno venezolano de Chávez, que continúa contra Maduro, tergiversando y mintiendo a diario respecto a los problemas de ese país. 

Su postura contra los gobiernos progresistas de Sudamérica solo es comparable con su descaro pro PP de los últimos años y su activismo periodístico contra el PSOE, llevándolo a dar prioridad en su portada al conflicto surgido entre el PSOE-A e IU por el asunto de los realojos de la corrala Utopía, antes que a la crónica de la corrupción en el seno del PP, el día después de que Bárcenas declarara que había cajas B en todas sedes de las comunidades y provincias. Y qué decir del patético ridículo que hizo al dar la cifra de 55.000 manifestantes en las Marchas de la Dignidad que llenaron el centro de Madrid y que se calcula congregaron a más de millón y medio de personas.

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que para El País no existen más partidos que el PP y el PSOE, dado que ni en sus encuestas ni en las noticias aparecen jamás otras formaciones, aparte de UPyD de Rosa Díez. Ante la formación de nuevos partidos situados a la izquierda de IU, El País guarda silencio, al aplicar la máxima de que aquello de lo que no se habla no existe. Aunque en algunos casos dedique largos artículos a asuntos que no tendrían que ser sino anécdota, como la publicación del libro de Pilar Urbano sobre la presunta implicación del Borbón en la intentona golpista del 23F, que sirvió, de paso, para confeccionar un largo, laudatorio y cortesano artículo de su director general, Juan Luis Cebrián, en el que mostraba su admiración por la persona del rey y el falso proceso pseudodemocrático de la transición. 

Se dice en los mentideros de Madrid, aquellos de los que ya hablaba Góngora para aludir al asesinato del conde de Villamediana, que Antonio Caño, el nuevo director de El País, es muy amigo de Felipe de Borbón, con lo que el trato apologético y palaciego a la corona está garantizado, frente al que le dan otros diarios a la Casa Real, como El  Mundo, y a pesar de haber echado a su director José Pedro Ramírez, en parte por publicar los sms de Raxoi a Bárcenas, y en otra, por sus reportajes sobre los negocios del yernísimo y la infanta. 

Súmese el control que ejerce el mundo financiero sobre Prisa, su sometimiento al PP, junto con el mencionado monarquismo cortesano, y se obtendrá el producto en lo que se ha convertido El País: un libelo de la derecha y del sistema.
http://periodistaparada.blogspot.com.es/2014/04/el-asalto-del-sistema-los-medios-de.html

 

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