Enfermar de todos los demonios

 

En general, la manera en la que suelo referirme a la mayoría de las cuestiones que comento en este espacio es burlona, y burlona en cualquiera de las manifestaciones de la burla. Pero hay ciertos asuntos acerca de los cuales no cabe chanza o broma, sería como rizar el rizo, es decir, algo rotundamente idiota; tal ocurre con el que traigo hoy al blog. Cabe, eso sí, presentarlo, primero en forma de escrito, un logro, y además, en vídeo.

En lo que concierne al género, diría que el escrito es una crónica con desenlace tétrico y fatal, muy al gusto romántico español; el vídeo, una farsa, pero en su sentido más despectivo, es decir, una representación burda y chabacana, remedo altamente logrado e hilarante del estado de ciertas cuestiones en una sociedad que, sin duda, existió en tiempos pretéritos y definitivamente idos. Hasta enseñanza moral o moraleja le he encontrado tanto a la crónica -centrada en la genealogía y algunas de las múltiples intervenciones públicas de Eduardo García Serrano- como a la farsa, moraleja solo al alcance de espíritus muy refinados y avezados en la captación de lo subliminal; así mi caso, si prescindimos de la modestia debida.

Dicha farsa corre a cargo de un presentador de Alerta Digital de enorme corpulencia, podría decirse que quien da la cara -aunque, en realidad, no es la cara lo que da, y fíense de lo que les digo, se trata de una especie de eufemismo simplificador- y un cura párroco, ambos en diálogo aparente, porque diálogo, lo que se entiende por diálogo, no hay, ambos se explican simultáneamente o, por querer ser más rigurosa, interpretan a dúo: el presentador, con un número mayor de intervenciones y tratando de jalear, guiando, al de la sotana hacia el quid de la cuestión, por más que conste que en absoluto necesita ser jaleado, dado que se trata de cuestión en la que se le supone experto y, por lo mismo, ávido de querer representar su papel conforme a los cánones, los eclesiásticos como los pecuniarios a percibir. Lo que viene a significar que el cura, que no sale en pantalla, pero al que hay que oír, gestiona la exigencia en un ancestral ejercicio de exhibición de dominio de la moral y conocimiento de la naturaleza de la justicia divina y humana, de la intervención precisamente de Dios, y quizá, al tiempo, de sus representantes en la tierra, asuntos estos que, por su enorme complejidad, no andan al alcance de cualquiera en su total trascendencia. No, desde luego, al alcance de aquellos faltos del adecuado aprendizaje escolar en su momento, y nadie diga que por fortuna, o por eximidos más tarde y por voluntad propia de lecturas que vinieran a subsanar las lagunas arrastradas desde una infancia prácticamente sin aprendizaje, haciendo exhibición en muchos casos de una desatención provocadora para con otros instrumentos de aprendizaje, por demás al alcance y manejo de cualquiera, porque derivan del uso, muy recomendable como hábito, del refranero español, o de los clichés, locuciones y expresiones idiomáticas incrustados en nuestro acervo lingüístico de los que tanto se aprende. Por todo lo cual, o por buena parte, ignoran cuestiones pasadas pero reales, de cuya existencia sabemos por la historia, o sabemos al menos por el boca a boca generacional al que acabo de referirme. Así, por más que se use la expresión, los más desconocen en toda su dimensión el amplísimo y profundo significado de la manida expresión “Con la Iglesia hemos dado, Sancho” -que no “topado”, por mucho que lo repitan los que no leyeron el Quijote-, que usa el loco enamorado en su sentido literal cuando, en lugar de hallar el palacio de su señora Dulcinea, topa con la torre de una iglesia, esa inmensa estafa que tantos sufrieron en propia carne, carne en la que es esencialmente experta la secular institución. De hecho, a casi nada es ajeno el Vaticano, por no serlo, ni siquiera lo es a lo que, por definición, debiera serlo y en cualquiera de los sentidos que quiera dársele a la apropiación, que tacharía de indebida, pero es obvio que esta es muy otra cuestión y que dirimirla lleva su tiempo, tiempo muy lento que secularmente aprovecha en su beneficio la institución eclesiástica en una especie de do ut des, es decir, te doy (la ignorancia) para que me des (el beneficio).

Les harán más o menos gracia los casos que traigo al blog, soy consciente, pero de la gracia que pueda haber o dejar de haber, en absoluto me considero responsable; remítanse a García Serrano o remítanse a Alerta Digital y exijan lo que entiendan que deben y pueden exigir.

Cabe advertir para finalizar que, ya que por razones obvias no podía traer al blog la crónica completa de cuanto lleva protagonizado a lo largo de una vida el mencionado García Serrano, me limito a dar la última noticia que acerca de su persona me llegó ayer en forma de obituario o nota necrológica inserta en la Cartelera Turia. Siento tanto la nota, creánme… Es decir, que haya tenido que ceñirse a la brevedad con la que suele despachar estos asuntos la mencionada cartelera. Por el contrario, anda a mi alcance la inclusión del documento audiovisual con la actuación completa en Alerta Digital del dúo La cólera de Dios. Pero tampoco vayan a pensar en Aguirre, pobre Aguirre.


CASO 1. NECROLÓGICA (título y texto de Cartelera Turia – 17/23 de enero 2014)

 

 

ESPACIO PARA LA CRUZ                          Eduardo

 

QUE APARECE EN CARTELERA              García

TURIA  (me dio mal rollo)                         Serrano  

 

De tal palo, tal astilla. En esta ocasión sí que se cumple la máxima. El periodista Eduardo García Serrano, que fue director del panfleto La Gaceta, perteneciente al grupo Intereconomía, es hijo del falangista de pro Rafael García Serrano, que hizo sus pinitos en el cine español como guionista. Los títulos de las películas lo dicen todo: La fiel infantería, La patrulla, Los novios de la muerte, Morir en España, A la legión le gustan las mujeres… y a las mujeres les gusta la Legión, etc. Fue un ‘intelectual orgánico’ del falangismo. Su hijo, Eduardo, ni eso: zafio y exaltado. Redactor jefe de diarios como El Alcázar, y La Voz del Progreso, posteriormente pasó a Radio Intercontinental. Ultraderechista recalcitrante, ha sido protagonista de varias polémicas como tertuliano del penoso programa El gato al agua. En 2006 calificó como “¡maricona vieja!” a Antonio Gala, y al político socialista Pedro Zerolo de “¡maricón!”, por disentir de sus opiniones. Pero fue en junio de 2010 cuando en dicho programa no tuvo ningún recato en llamar “puerca”, “guarra” y “zorra repugnante que enseña a los niños a meneársela, que fabrica degenerados”, entre otras lindezas, a la entonces consellera de de Salud de la Generalitat de Catalunya, Marina Geli, por organizar unos talleres de educación sexual promovidos por su departamento seis años antes. Por estas “injurias graves con publicidad”, el juzgado penal número 20 de Madrid ha condenado recientemente al periodista ultra a abonar más de 21.000 euros a la exconsellera socialista, además del pago de las costa procesales y a divulgar la sentencia entre las diferentes plataformas del grupo Intereconomía. Los comentarios de los que intervinieron en el blog “Falangista como Dios manda”, del programa “La gran esperanza” (título de un libro de su padre), solían finalizar con las frases “¡Adelante, camaradas!”, “¡Arriba España!”, “Deber cumplido, “¡Viva Cristo Rey!”… toda una declaración de principios. Una noche, mientras paseaba tranquilamente por una solitaria calle de Madrid, un gato hambriento se le echó a la cara desde una cornisa y le sacó los ojos. A pesar de que la víctima gritó “¡A mí la Legión!”, nadie acudió a auxiliarlo, y murió de las graves heridas recibidas. A su funeral asistió la plana mayor del PP. FUNERARIA LA SOLEDAD.

 

CASO 2. Alerta Digital: El caso Zerolo.

http://www.youtube.com/watch?v=59E0rdd_JYU

Noticia sobre el caso en El Faro de Vigo:

http://ocio.farodevigo.es/tv/noticias/nws-260147-un-cura-dice-cancer-zerolo-es-castigo-divino.html

Petición de firmas en Change.org, al final, apoyando la solicitud al Obispado de León de la expulsión inmediata del cura párroco Jesús Calvo por sus valoraciones en Alerta (“sin matices ni medias tintas’, creo recordar que es su lema) de la enfermedad de Pedro Zerolo. Confieso que he firmado, como confieso mi arrepentimiento inmediato por haberlo hecho, fue uno de esos estúpidos prontos tan míos (en gallego: ás veces danme routadas) en determinada situacional emocional. Allá cada cual con su iglesia, pero esto compete a muy otras autoridades y gestores, como a los amos de granjas de cerdos cumplir con lo que esté legislado acerca de las condiciones higiénicas y demás exigencias de sus cochiqueras o pocilgas.

http://www.change.org/es/peticiones/obispado-de-le%C3%B3n-expulsi%C3%B3n-inmediata-del-p%C3%A1rroco-jes%C3%BAs-calvo-por-sus-opiniones-en-tv-respecto-a-la-enfermedad-de-pedro-zerolo?utm_campaign=new_signature&utm_medium=email&utm_source=signature_receipt#share

 

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