La Desencriptada.

 

_Oye, tío, ¿tú sabes por dónde cae Ferrol? Sí, joder, Ferrol del Caudillo, ¿qué pasa?… Es que me despistó un montón la estación de Ourense, ¿no era? Pues a mí, me pareció la de León… Entonces, dices que todo recto, ¿no? ¿Que no? ¿Cómo que no? No te entiendo un pijo, chaval, que se ponga Alvariño… Sí, Alvariño… ¿Que está cenando? Pues que lo deje, coño, dile que me he perdido, y que me he perdido literalmente hablando, además… Esto no es una diligencia a la que se le vayan a desbocar los caballos, es un tren de VC que depende solo de mí… ¿VC? Velocidad considerable, graciosillo … Vale, vale, ahora consulto el plano, pero dile a Alvariño que se ponga, ¿sí? … Y tú no te retires, que te oigo por el oído libre… Ya, pero total, estas llamadas nos salen gratis, son móviles @oyeypierde, se queman después de cada llamada… ¿Alvariño? Oye, ¿tú sabes por dónde cae Ferrol? … Ya, ya, pero entre los dos me estáis despistando y, encima, joder, no hay cristo que entienda este plano… Coruña, ¿no está encima de Santiago? Sí, ya… Pues vendrá a ser entonces que Ferrol también está encima de Santiago, y al tiempo, encima de Coruña, digo yo, ¿no?… ¡Ferrol, Ferrol, no Perejil, hostias, que no es momento de coñas! Que se ponga el puesto de mando personalmente en persona  (ese me oye…). Hola, ¿puesto de mando? … ¿Eeeh? No, yo hablo español, no gallego… Miña nai fálao algo, eu non, que andiven moitos anos na capital… Xa sabes, polos Madriles, sí… Pues avisa a un traductor instantáneo, fillo de puta…. (Ya verás cómo voy a perderme a lo tonto… Solo me faltaba esto). No hay traductor instántaneo, entiendo… Oye, ¿y traductora? ¿Cómo que no? ¡Dios, qué paciencia hay que tener con Galicia! Hala, háblame en gallego… a ver si me apaño, tú…  ¿A curva da Grandeira? Pois que non me di nada ise nome, coma eu vivía en Madrid, ¿enténdesme?, levo feitos alguns viaxes, sí, pero…  ¡Espera, espera, espera… que parece que la tengo encima! ¡Eso es, ahí está, ahí está, la Puerta de Alcalá!  Moi ben, graciñas pola axuda, e a ir ben. Corto e cambio. (E agora, ¡sen ASFA, sen ERTMS e sen mans, a pelo! E ónde haberase metido o meu compañeiro, digo eu, Rosiña… ¡Vaise enterar España do qué é un maquinista como manda o Rei, a Xustiza e máis Deus, noso Señor!)

Estas líneas no pretenden sino introducir a uno de los héroes de la interminable epopeya* que se avecina y que se desarrollará conforme a los cánones tradicionales establecidos por ciertos autores de cuyos nombres querría no acordarme, pero hay que ver cómo y cuánto me acuerdo.

Además, están inspiradas en un incidente que viví en primera persona -que suele decirse para reforzar el verbo o lo que haya que reforzar- ocurrido hace más de veinte años. Un enorme autobús dispuesto por Conselleria d’Educació del País Valencià esperaba a un grupo de adolescentes, entre ellos a mi hijo, para emprender un viaje turístico-cultural a Austria, con una o dos paradas en Italia, si recuerdo bien. A punto de partir, pregunté a la responsable del departamento que corría con el asuntito: ¿Y el otro conductor? _Lo recogen “más adelante, no sé exactamente dónde”. _No me vale, habéis dispuesto dos conductores y los quiero aquí, los quiero ahora, quiero verlos, y además este no es el tipo de autobús contratado. _ Visto que pasaba el tiempo y que aquello no tenía pinta de resolverse, añadí: _Adelante, no perdáis tiempo, salid, pero mi hijo se apea._ Otras madres que me conocían se sumaron a mi decisión. En quince minutos, apareció el autobús requerido, con el otro conductor. “Es que resulta que me confundí con los datos de otro viaje. ¡Estoy boba, por Dios!”. Partieron. Pasaron más de cuarenta y ocho horas y no había información alguna que darnos en los teléfonos facilitados; yo me subía por las paredes. Después de horas de pelearme con el personal de Consellería encargado de la cuestión, un incauto me dijo que “el único teléfono que tenían” era el de fulanito, concejal del ayuntamiento de un pueblo próximo a València. Lo llamé y, a fuerza de usar cuanta picardía y tonos de voz me iba requiriendo la naturaleza del mentecato, me proporcionó un teléfono de allende los Pirineos, que para una madre es lejísimo. Llamé de inmediato y, después de cruzar unas palabras en mi tosco alemán con un conserje de hotel, avisó a uno de los monitores, de cuyas palabras deduje de inmediato que me confundía con alguien de casa: ¡Jo!, menos mal que llamáis, no he tenido un minuto libre para hacerlo… Nos hemos perdido, nos han multado en la autopista por exceso de velocidad y además… _Corta antes de que vayas a comprometerte. Soy fulana, madre de uno de los muchachos a vuestro cuidado. Dime dónde estáis ahora y dime cómo están los chicos… De acuerdo, muy bien. ¿Y mi hijo? ¿Lo estás viendo en este momento?_.  Sí, sí que lo veo, está a pocos metros de aquí, ¿te lo paso? _No. Y además no le digas que he llamado, no vayas a olvidarlo._  Sin embargo, para que todo llegara a funcionar como se nos había prometido, que era justo como exigía yo, incluido el regreso con dos conductores, aun tuve que amenazarlos con la inmediatez de un vuelo para recoger a mi hijo en Innsbruck, si no me traiciona la memoria. A partir de aquí, decir que todo funcionó como un reloj suizo sería quedarme muy corta.

Moraleja: Si aprendes de niño a saber en qué manos están tus cosas, podrás vivir incluso en España.  Me la enseñó mi padre con el abecedario.

Drae.

Epopeya.

(Del gr. ἐποποιΐα).

 

1. f. Poema narrativo extenso, de elevado estilo, acción grande y pública, personajes heroicos o de suma importancia, y en el cual interviene lo sobrenatural o maravilloso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s