Los deslices inconexos del Gobierno.

 

Política de cómo Dios no da a entender, gobierno de Bárcenas y tiranía de lengua de sapo.

Estaba leyendo a Le Carré y, ante una reflexión suya mucho más breve que la que sigue, pero de parecida semántica, lo iba corrigiendo mentalmente. -No, mira, David John, la cosa ocurrió de este otro modo: Después de haber creado Dios a Aznar, con claro ascendiente en Fraga Iribarne, y la de este, en Franco, con descendencia o desembocadura a su vez en Rajoy, junto con el resto de la alegre muchachada de la Camorra, sintió ipso facto un escalofrío de desprecio que lindaba la náusea ante su propia obra, desprecio que lo empujó precisamente a apresurarse a crear a Luis Francisco Bárcenas Gutiérrez el Cabrón, porque además de que se le había pasado por alto como un miembro más de la misma familia, quiso restablecer un cierto equilibrio en el maltratado, durante toda su puñetera existencia, ecosistema español. Dicho esto al escritor británico -personaje tan extraño, que no admite premio, título o distinción alguna otra, y aun consta que los rechazó siempre que se insistió en el asunto, lo que añado por si andaban poniendo en solfa tamaña chulería-, me tumbé en el sofá a disfrutar de media hora de dulce siesta pig. Soñé que los individuos de toda esa fauna de Dios tenían la apariencia de seres humanos, es decir, eran casi, casi, como cualquiera de nosotros, excepto uno, quizá por unas cuantas frases que me saltaron a los ojos desde la prensa y durante el desayuno procedentes de una especie de como cerebro párvulo enloquecido, el suyo de González Pons justito, quien, en la breve siesta, daba en aparecérseme como sapo común. Sapo es el nombre popular con el que se conoce a la gran familia de los bufónidos, y ustedes saben mejor que yo, que fui una niña de poca relación animal, que estos carecen de dientes, aunque, a cambio, poseen glándulas parotoides en la parte trasera de la cabeza, glándulas que segregan una sustancia que actúa a modo de una neurotoxina, es decir, que altera el funcionamiento del sistema nervioso de sus enemigos; con todo, y por fortuna, en este caso, amigos y simpatizantes también bufónidos, reunidos en una cena en Sueca, la quinta esencia, pero no del País Valenciano, de La Comunidad, también conocida desde ni se sabe como Levante Español. Mil quinientos individuos de una de las especies también más comunes puesto que, entre ellos, estaban al menos García-Margallo y Alberto Fabra, es decir, gente de la denominada Ley De La Transparencia Jajá Olla Cómo Caen Chuzos de Punta a Esgalla Polos Catro Puntos Cardinals (no me pidan la sigla, no sé inglés). El sapo no escupe exactamente, sino que, para poder capturar sus presas, lanza su lengua fuera de la boca y esta maniobra tan rápido, que tal parece que escupiera, pero no. Los mejores escupitajos o productos de la lengua fuera del sapo común Pons -bufo bufo- fueron, a saber… y perdónenme, si pueden, son exigencias del guión:
1. “El PP no es Bárcenas, es Miguel Ángel Blanco”.
2. “Un día como hoy mataron a Miguel Ángel Blanco, quien dio su vida por la democracia, por el PP y por España.
3. “Probablemente ese día, nuestro tesorero ya estaba acumulando una fortuna en Suiza que tiene que explicar.
4. “No podemos permitirnos el lujo de no estar unidos en las presentes circunstancias de España y la Comunidad Valenciana”. 

5. “Si no gobierna el PP, gobernará la izquierda y los catalanistas”. 

Estos escupitajos, más los procedentes de otros bufónidos que, como este, perdieron el norte, del que en realidad no tenían el original, sino una fotocopia, se encierran en dos: No te pares en barras y menta el santo nombre de tu madre, si ello reporta ganancia. Así sea.  

Por si no me creen del todo para más de lo mismo, pinchen en este enlace del diario Levante y traten de seguir con la atención que merece la lengua y movimientos en general de otro sapo común:

http://multimedia.levante-emv.com/videos/nacional/20130711/acusa-oposicion-ser-abogados-barcenas-317316.shtml

Justo a partir del 0:19 del vídeo, cuando va en lo de las investigaciones de los delitos de uno de los suyos, en la oración segunda de pasiva, o sigui, con el complemento agente callado: “… de quien está siendo investigado por delitos”, agucen la vista, el oído, el olfato, la lengua y la yema de los dedos, para poder contarle a los vecinos y contar con el honor de haber sido testigo de excepción de una pausa dramática que reitera, pero más obviamente aun, al ser consciente el bufo-bufo de que la lengua que sacó para atrapar algo que amenaza con escapársele se le está yendo del férreo control que debiera ejercer por fuerza su lo que sea que use a modo del cerebro humano, aspiración o empeño volcado en querer salir del berenjenal en el que se metió solito. Suda… Perdón, qué barbaridad, cómo va a sudar, transpira, busca la expresión adecuada, hurta la limpia mirada, y después de haber salido triunfante -considera- eleva el volumen de la voz para acallar los esperados murmullos desaprobatorios del respetable, pero muy en especial para recuperar la auctoritas, de la que siempre anduvo falto cualquiera de los miembros de la familia bufónida.

Tengo el pálpito de que, en fechas relativamente próximas, vamos a necesitar mujeres y hombres que hayan sido creados por dioses de mayor enjundia, envergadura y finura intelectual. Si saben de alguien, o mejor, de un puñadito de ellos, vayan confeccionando una lista. Es posible que, llegado el caso, entre su lista, la mía y las de otros que vengan a sumarse, gracias a nuestras listas, detengamos los recortes, abandonemos el euro, huyamos de la Europa barbarizada, salgamos de la España Una, peguemos un portazo en la OTAN (¿estamos aún en la OTAN?), qué sé yo, lo que sea que no sea estar con estos o con sus primos. Recuerden que a la cantante Cecilia, otra que veía las cosas cabal en su momento, la España Una le recortó ciertos versos de “Mi querida España”, de la que hubo de eliminar toda referencia a las dos de siempre (“esta España viva, esta España muerta, esta España nueva, esta España vieja”), para que quedara claro que mandaba una de ellas, la eterna, con lo que la cosa le quedó en “Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra”, que tararea usted, yo y todo dios, la batuta, Una. Porque la España de Cecilia es la “de las alas quietas”, la “de las vendas negras sobre carne abierta”. Y aun tiene el desparpajo de interrogar la retórica de la joven cantante: “¿Quién pasó tu hambre, quién bebió tu sangre cuando estabas seca?” O, “¿dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza?” Y para la mujer, por si fuera a haber dos o tres en lugar de Una, al dictado de Rouco Varela, ya por entonces, así como de su chico preferido, Gallardón, en la mente de su creador personal ambos, en “Dama dama”, canción en la que Cecilia la refería como “Puntual cumplidora del tercer mandamiento, algún desliz en el sexto”, Gallardón, del brazo de Rouco, ordenaron, paternales y protectores, retirarle el uso del sexto, -¿o del sexo?- dejándola, como de hábito, sin sentido a la dama y sin sentido sus costumbres: “Puntual cumplidora del tercer mandamiento, algún desliz inconexo”.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=nOatrXGc0do&noredirect=1#at=28

Y el Chunda chunda o el Per ofrenar noves glòries a Espanya, ¿por qué no está sonando ahora mismo para que se nos erice el vello púbico a la ciudadanía una, grande y libre? On ets, President de les Espanyes, el bon amic del senyor i els seus, on ets, que no et sentim ni et veiem, Bárcenas, amor meu?

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