Què volen aquesta gent?

 

Me toca escribir a mí ahora, pero sigo teniendo muy presente la Cartelera Turia. Porque la Turia, no solo me informa con objetividad, me da su opinión, me aconseja qué película o qué espectáculo debo ver, a quien ir a escuchar, dónde comer, sino que ratifica mis propias opiniones cuando mis desemejantes querrían puntualizarme justo la tesis de la peli, de la comedia, de la cena, del tinglado de la antigua farsa que resultó ser todo esto que estamos disfrutando en democracia, con perdón, y no solo en las tórridas patrias de Chindasvinto, en casi todo lugar, por no decir en todo. Me dice que no ando tan equivocada respecto a mil asuntos, me protege, me consuela, me abriga, me habla como a una persona, tan reconfortante que resulta, es decir, me mima a tal punto, que a ver qué amante podría competir con ella.

Pues sí, José María Izquierdo estuvo en València para dar una conferencia, “Contra la desinformación”. Habló de sobreabundancia de información, fenómeno al que llamó ‘infobesidad’ -me parece que no me gusta el neologismo, pero no andamos en tiempo de exigencias lingüísticas y mohines puritanos, andamos hambrientos-, qué es desinformación, la que el periodista debe saber descubrir, porque la desinformación daña la salud mental, y por lo tanto, la física. Es ahí donde los periodistas vuelven a encontrar una parte de su papel, imprescindible siempre, en tanto que deben protegernos con su paraguas del diluvio universal de escupitajos, lanzados en cualquier dirección y por cualquiera, y cuando lo peor, no por cualquiera, sino precisamente por los de siempre, ese gran hermano que se ocupa sin tregua y con gentileza de todos nosotros. El profesional ha de realizar una tarea opuesta a la de la red: controlar y organizar las amedrentadoras metástasis, aplicarle la quimioterapia de su rigor, separar el polvo de la paja, jerarquizar y asegurarse de la fiabilidad de las fuentes, todo aquello a lo que ya aspiraba antaño, más vérselas con un nuevo enemigo sin cara que juega a confundirnos, regalándonos más información de la que podemos digerir, aun cuando no esté férreamente controlada, para que nos ahoguemos en ella. Murió de una enchenta informativa, rezará en las esquelas de nuevo cuño. Estas son mis palabras, que Izquierdo lo contó con las suyas.

Hizo una alusión a cuando la prensa deja de tener solvencia económica para pasar a depender del capital privado, esa falta de independencia, y afirmó que la edición digital de los periódicos viene a suponer entre el 15 y el 20% de sus ingresos, lo que significa que son sus ediciones en papel las que aportan más ingresos, hecho que explica, al menos en parte, quiero suponer, que dentro de un par de meses El Mundo, seguramente El País, diario con el que colabora Izquierdo y del que fue director adjunto, obliguen a pagar el acceso a sus ediciones online. Y algo precioso, que tal vez sugirió Izquierdo, la posibilidad de desandar al menos una parte del camino: ¿el papel de nuevo sobre la mesa? Me atrevería a apostar por ello, no porque lo haya dicho Izquierdo así tan claro, pero yo sí apuesto por un regreso prudente del papel, ya veremos después qué pasa. Referencia de Izquierdo: “Al hacer abiertas nuestras ediciones digitales nos estábamos tirando piedras contra nuestro propio tejado” (del director de la revista Newsweek). Pero habría jurado que no iba ni a Izquierdo, ni a la Cartelera, apenas los utilicé para ir calentando motores. Y con todo, estoy en condiciones de avisar, y aviso, que Izquierdo, la Turia, Levante, Público, el fascismo, los hechos tozudos, y algo más, podrán estar presentes en las líneas que siguen.

Puesto que hemos regresado, y en un visto y no visto, a aquello tan entrañable de la posguerra -y si no, ¿por qué nos pasábamos tantas horas frente al televisor, repasándola en series televisivas?-, de acuerdo con esta nueva circunstancia, el Ayuntamiento valenciano, según el diario Levante, contempla «abrir el comedor social municipal de la calle Santa Cruz de Tenerife durante el mes de agosto» y «aumentar el número de comidas diarias que reparte este centro de 120 a 160», además de incrementar «la distribución de alimentos en la ciudad con cinco nuevos puntos de reparto para atender a 2.200 familias más durante los dos próximos meses, y conceder «las ayudas de manutención y de comedor escolar que los servicios sociales municipales consideren necesarias durante los meses de verano, especialmente, en el caso de los menores»… Suspensivos de toda suspensión y suma y sigue de posguerra en las líneas siguientes pero, ¿esto del Ayuntamiento de València no les recuerda Las damas de la Beneficencia, de Nacha Guevara?: “Yo siempre pienso que, a pesar de la maldad que reina en el mundo, hay algunas entidades dedicadas a hacer el bien desinteresadamente. Una de mis favoritas, justamente, es la “Liga Pro Burla Al Físicamente Disminuído”.

Así que, ahora que también nos ha regresado viva y coleando la caza de los que disienten, según Turia -ya lo advertí-, no solo parece que se aprovecharán las vacaciones para continuar con la búsqueda y captura de aquellas personas que pudieran estar relacionadas con los altercados de la huelga que hizo el pasado día 9  todo el conjunto educativo contra la ley Wert, sino que, de hecho, a lo largo del tiempo transcurrido desde entonces, menos de un mes, han sido ya detenidos once muchachos. Pero como durante los hechos fueron identificados al menos unas ciento cincuenta personas, “en su mayoría alumnos de Instituto y menores”, y ello, con el viejo estilo posbélico que nunca podremos olvidar, es decir, a ojo de buen cubero, “a todos ellos se les imputa, así, a bulto, desórdenes públicos, daños y atentados a la autoridad durante la protesta. A partir de ahí, la policía del régimen pasa sus denuncias selectivas a los juzgados, como si fuera un anexo al expediente inicial y llegan las citas para declarar. ¿Cuánto tiempo puede durar esto? Ni se sabe. ¿Puede usted estar seguro de que no será convocado por el juez? No. ¿Están convencidos de que su hija o su sobrino participaron en los hechos que sostiene la policía? Ni de coña, pero no estaría de más que evocasen aquella canción, ¿Qué volen aquesta gent?, de María del Mar Bonet (…).” El artículo, firmado por Manuel S. Jardí -millones de gracias, Manuel-, termina así, con el acierto, la rotunda imprudencia y la absoluta generosidad de un hermano, de un padre, de nuestros mejor amigo, que no duda en alzar la voz por encima de la de los monos para advertirnos de que vayamos con pies de plomo: “Se recomienda, pues, permanecer alerta, denunciar abusos y, sobre todo, asegurarse de que las personas detenidas regresan a sus domicilios. A la primera desaparición, avisen. No es broma.” ¿Han visto La noche de los lápices, de Héctor Olivera, allá a finales de los ochenta? A estas alturas, debe de costar verla por primera vez, pero convendría. Cuenta sobre los primeros meses de la última dictadura argentina, cuando siete muchachos fueron secuestrados, torturados y asesinados por haber salido a reclamar una reducción en el precio de los billetes de transporte para estudiantes. Es un género eterno en el cine este de las generaciones perdidas… o despistadas. Y parecía tan inofensivo todo, al principio de la peli…

Pero, además, por si todavía les parece que todo esto no es una posguerra tan posguerra, y de una guerra jamás declarada, pero que se libró, que exagero, el pasado día 25, parte de la prensa, una exigua parte, cierto, daba esta noticia de la que dejo el titular y una parte del texto, por si alguno cae en el error o en la comodidad culpable de no pinchar en el enlace para leer directo en Público: “Declara como imputado el periodista que acusó a Falange de “crímenes contra la humanidad. El periodista y economista Gerardo Rivas ha sido imputado por un presunto delito de “injurias con publicidad” contra Falange Española de las JONS. Jueces para la democracia e historiadores como Ian Gibson y Paul Preston califican la aceptación de la querella como una vejación del derecho a la libertad de expresión y a la verdad. El periodista y economista Gerardo Rivas calificó a Falange Española de las JONS como una organización “con un amplio historial de crímenes contra la humanidad” en un articulo publicado en el diario digital El Plural el pasado 22 de marzo de 2012. Este martes, Rivas tendrá que prestar declaración ante la Justicia como imputado por una querella presentada por Falange que le acusa del delito de “injurias graves con publicidad”. Para Falange, la afirmación de Rivas supone “vejaciones injustas” para el partido, así como un intento de “menospreciar y menoscabar públicamente la fama y el honor” de dicha organización política. “El hecho de que la querella de Falange haya sido admitida a trámite es una consecuencia de que no se hayan cerrado como se tienen que cerrar las heridas del genocidio que sucedió en el Estado español y de que no haya habido nunca un juicio que aclare la verdad”, señala a Público el abogado defensor de Rivas, Eduardo Cáliz”. Con todo, insisto, conviene leérselo entero para, entre otros detallitos, conocer el ‘carácter’ de la jueza. Es niña, en efecto.

http://www.publico.es/457774/declara-como-imputado-el-periodista-que-acuso-a-falange-de-crimenes-contra-la-humanidad

“Donde esté el odio que se quite lo demás”, dijo en una ocasión Luis Landero que le había dicho Carlos Castilla del Pino, el famoso díxome, díxome gallego al que ya me he referido otras veces, y que, no me lo discutan, es el que permite que los novelistas -algunos o algunas más que otros- vayan contándonos. Qué lástima el ser ajena por naturaleza y por crianza al odio, porque hay que ver lo bien que se podría vivir, una vez despojados de todo lo demás, y sumergidos en este fascismo, no de nuevo cuño -de apariencia tenue o atenuado, dicen, y que será, pero no es mi percepción: yo lo veo, lo escucho, lo huelo y lo toco cuanto quiero, no lo saboreo por culpa del estómago-, gracias en especial, pero no solo, por supuesto, a la complicidad de casi todos los medios de comunicación, al evitar, tanto llamar a las cosas por su nombre, como mentir con descaro envidiable sobre ellas. Podría referir con lujo de detalles que un tío carnal, allá en los ásperos comienzos de la travesía franquista, recibía una paliza diaria por pretender lanzar al viento palabras o ideas que no les parecían de recibo a otros, es decir, que no las juzgaban guay o de las suyas, y no los falangistas, no, ya le habría gustado a mi tío, porque la paliza o… la paliza, vaya, habría sido una y definitiva, sino sus cachorros, bien adiestrados por papá, compañeritos de cole de unos quince años los unos y el otro. Hasta que finalmente lograron darle la última. La que lo mató.

Y es justo a lo que yo iba precisamente: ¿no juzgan los periódicos más solventes y responsables que algo vuelve a apestar en Dinamarca de una manera insoportable? Abelardo Muñoz -sí, claro, de la Turia- escribe acerca de lo mismo con esa rabia tan suya de chiquillo cargado de razón. Y dice: “¡Los señoritos de la Araña Negra atacando a un periodista! A uno de los nuestros. Más les valiera a esos jerifaltes empeñados en dorar la píldora y en hacer que creamos ver merengue donde solo hay mierda, con perdón de las señoras, en aplicar en versión española lo que los aliados hicieron en el 45 en Alemania: la denazificación. Desbaratar un poco esas filas tan prietas. Y mientras tanto, y ya en un terreno más íntimo, confieso que veo más razones que nunca para entrar en el selecto club de los conspiranoicos. Pero, ¡ojo!, no se confundan, no es el de Los protocolos de Sión, o creer que un jerarca católico tenga cogido por los genitales a un gobierno democrático (que eso es verdad), no; es comenzar a barruntar que Pepe Grillo es un infiltrado de la CIA o, y esa más histórica, que a Vladimir Illich Lenin lo financiaron los Rotschild. O, ¡Dios nos asista!, ver de nuevo a los castizos camisas viejas tapeando alegremente en las Gran Vías”. En la propia noticia de Público acerca del periodista acusado por Falange, se hace saber, por si se ignoraba, que Raimundo Fernández Cuesta -que falleció con casi 96 años-, uno de los fundadores de Falange Española y ministro de varios gobiernos de Franco, reconoció en un artículo publicado en Diario 16 que el papel de Falange en la Guerra Civil era el de llevar a cabo los fusilamientos, “no todos, pero sí la mayoría”. “Siempre éramos los falangistas los que teníamos que fusilar a la gente, en lugar de ser los demás. Por eso digo que entonces caímos en la trampa”. Dios lo haya acogido en su seno, diría, si no fuera porque no juego a creer que creo en el punto geográfico, pomposamente denominado más allá por estos que matan, pero a los que, curiosamente, nadie castiga por haber matado, así que se cansan de morir en la cama siendo bisabuelos. Y luego dicen que los rojos son mala gente…

Una vez más, por otra parte, quiero decir también que el actual aborregamiento de la ciudadanía española, como en los tiempos del propio Franco, durante los cuales era muy consciente yo de qué pasaba y también de en qué andaba la gente, no me inspira odio, pero montañas y montañas de asco y de desprecio. Y a tal punto llega la cosa, que incluso me cuesta compartir mantel con los que siguen silbando al viento distraídos como si todas estas cosas, ¡otra vez!, no fueran con ellos. Y me cuesta tanto, que he decidido dejar de compartirlo. Es el mínimo placer que me debo, visto que no sé disfrutar del odio.

Què volen aquesta gent (1968) Maria del Mar Bonet.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=8HnuNRkf4Pw#at=20

Informació d’aquesta cançó:

http://ca.wikipedia.org/wiki/Qu%C3%A8_volen_aquesta_gent%3F

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2 comentarios en “Què volen aquesta gent?

    1. Gracias por haber entrado en dissidens a confesarme que fumas algo más que tabaco, despistadiña, porque produce unos efectos de no creer en el prójimo 🙂 Lo que ya no sé es cómo te sienta a ti. ¿Seguro que estás bien? Porque si es así, no te importe comentarme cuantas veces la fumes, ¿vale? No es que… alegra un montón, la verdad. No sé cómo vamos a apañarnos si el PP empieza a perseguirla, que esos, con tal de quitarnos la alegría, son capaces de anatemizar el perejil o el laurel, loureiro, en mi tierra, por si lo has olvidado, plumilla.

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