MENTIR PARA RESISTIR.

 

Editorial de la Cartelera Turia, semanario cultural del País Valenciano fundado en 1964.

 

Asistimos en las últimas semanas a la puesta en escena, por parte de los poderes gubernamentales y sus voceros, de un compendio de mentiras e interpretaciones torticeras de la realidad a propósito de la situación económica y de un horizonte, tan falso como increíble, del fin de la crisis. Tras la contundencia de las últimas cifras de la Encuesta de Población Activa con más de seis millones de personas desempleadas, llegó la estadística del Inem, con unos valores sensiblemente inferiores considerando que solo registran demandantes de empleo en las oficinas del servicio. Justo después llegó el tibio repunte ocupacional que refleja una actividad laboral ligada a la temporalidad. Súbitamente comenzó el bombardeo de mentiras, con magnitudes que oscilaban entre las bondades de una reforma laboral que a este paso borrará cualquier rastro de actividad productiva —y legalmente remunerada— en este país y el cambio de aires internacional que ya obra el milagro de los brotes verdes en los mercados financieros. Paisaje para daltónicos y mandatarios que habrán probado extraños brebajes que aumentan la confusión cromática. El presidente del gobierno y sus ministros apelan a la banca rescatada con dinero público para que abra los grifos del crédito: toda una confesión de parte que ilustra su nula influencia ante la todopoderosa e impune delincuencia financiera que trazó la hoja de ruta hacia el desastre. Pero también una forma de eludir la propia responsabilidad gubernamental en aquellas entidades supuestamente nacionalizadas, que podrían predicar con el ejemplo. La realidad es que los insaciables mercados, por seguir con el eufemismo, necesitan otra dosis —lo llaman inyección financiera— para sanear el estropicio. Si no lo impedimos, un nuevo sablazo en el horizonte con cargo a los servicios públicos. Tanto en el patético e insolvente gobierno de Mariano Rajoy, como en el entramado de partidos que a duras penas apuntalan un sistema corroído por la ineficiencia, expolio, latrocinio, corrupción y nepotismo, entre otras calamidades, apelan al rosario de mentiras, repetidas con alevosía a ver si logran cambiar la realidad, o cuando menos su percepción entre la ciudadanía esquilmada. Mentir, sospechan, es resistir. No hay brotes verdes, el desmantelamiento del estado del bienestar alcanza niveles de tragedia cotidiana y hasta en la peor de las ficciones la paciencia tiene un límite. Antes o después, el entretenimiento se acaba y la alucinación se disipa. La realidad es la que es y a cada cerdo le llega su san Martín.

http://www.carteleraturia.com/

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