En el principio era el verbo.

 

TOMADO DEL BLOG “LOS IMPORTUNOS”. AUTOR: CARLOS VIDALES (escritor, periodista e historiador nacido en Bogotá, Colombia, en febrero de 1939. Reside en Suecia desde 1980. Profesor jubilado de la Universidad de Estocolmo).

El Evangelio según San Pantxo

(Fragmento)

En el principio era el Verbo.

Y el Verbo dijo: háganse las conjugaciones. Y las conjugaciones fueron hechas. Y el Verbo separó el presente y el pretérito, el futuro y el pluscuamperfecto, el participio pasado y el gerundio, el infinitivo y el indicativo. Y el Verbo comprendió que todo lo existente se mueve en los intrincados y cambiantes laberintos del tiempo.

Y en el primer día, el Verbo creó los sustantivos y las preposiciones. Y los sustantivos recibieron condiciones de existencia según las preposiciones a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras, los unos con relación a los otros. Y el Verbo comprendió que todo lo existente se agita en las redes multidimensionales del espacio.

Y en el segundo día, el Verbo separó los sustantivos según su género, en masculinos, femeninos y neutros. Y para definirlos creó los artículos definidos el, la, lo. Y vio que los sustantivos individuales formaban grupos y creó los conceptos de singular y plural. Y vio que era bueno.

Y en el tercer día dijo el Verbo: háganse los adjetivos para definir las cualidades de los sustantivos. Y distinguió lo grande de lo pequeño, lo bello de lo feo, lo claro de lo oscuro. Y creó los colores para indicar los diferentes matices de los sustantivos.

Y en el cuarto día dijo el Verbo: no está bien que los sustantivos tengan cualidades definidas mientras Yo, el Verbo, no las tengo. Hágase, pues, el adverbio, como adjetivo del Verbo. Y creó los adverbios de tiempo y de lugar, de modo y cantidad, de orden, de afirmación, negación y duda, así como los adverbios pronominales, demostrativos y relativos, interrogativos e indefinidos. Y los adverbios fueron como los secretarios del Verbo, su cohorte de ángeles, arcángeles y querubines y serafines, para ajustar de manera precisa todas las conjugaciones y los tiempos verbales. Y en el rango más alto de los arcángeles creó los Verbos Auxiliares. Y los adverbios, viéndose exaltados en su función de calificadores de Verbos, crecieron en arrogancia y comenzaron a calificar a los Adjetivos. Y los adverbios, cada vez más autosuficientes, bien pronto aprendieron a calificarse también los unos a los otros.

Y en el quinto día, el Verbo creó las conjunciones para que los sustantivos, los adjetivos, las formas verbales y los adverbios pudieran establecer relaciones de unión los unos con los otros. Y vio que el mundo comenzaba a tomar una forma inteligente.

Y en el sexto día reunió el Verbo todo lo que había creado los días anteriores y dijo: ahora vamos a construir la oración. Y creó partículas, sufijos, prefijos, declinaciones, pronombres personales y otros objetos necesarios. Luego construyó la Oración, poniendo en su centro, como líder, al sustantivo. Y dijo al sustantivo: Nada harás sin ayuda del Verbo. Todo lo que hagas o digas será con el Verbo. Y mientras respetes mi Ley, la Ley del Verbo, dominarás y serás el señor sobre todas las demás partes de la oración, pues a partir de ahora yo haré una Alianza contigo y serás mi pueblo elegido.

Y dijo el Verbo a todas estas criaturas: creced y multiplicaos. Y nacieron nuevas oraciones y establecieron tribus, pueblos y naciones de frases, dichos, expresiones, interjecciones, llamados, lamentos y muchas otras maravillas. Y formaron familias y clanes, clases y oficios. Y surgieron poemas, epopeyas, tragedias, comedias, historias, leyendas, jergas, dialectos, razones filosóficas, narraciones alucinadas y descripciones del mundo.

Y dijo el Verbo a toda esta muchedumbre de criaturas: te llamarás lenguaje. Y serás siempre vivo y eternamente cambiante.

Y el séptimo día, el Verbo se fue a descansar.

Y ocurrió que una horda de antropoides estúpidos, aprovechando el descuido del Verbo que dormía, comenzó a manipular con insensata curiosidad toda esta muchedumbre de ideas y palabras.

Y ahí fue donde comenzaron los problemas del mundo.

Y esta es la hora en que el Verbo no ha despertado todavía de su siesta.

Pantxo el Orejón, Santo y Burro.

Otra versión, herética, encontrada en los Manuscritos del Mar Tuerto:

Según una vieja Biblia en sánscrito que me prestó el Reverendo Burro Sancho (y que no le he devuelto ni le devolveré), resulta que el Verbo creó a los artículos definidos masculino y femenino y luego les dijo: ahora, haced la Conjunción. Y ellos se conjuntaron y de esa Conjunción nacieron dos Sustantivos que pronto se pelearon, y el mayor mató al menor a punta de Interjecciones. Por esta época comenzaron a crecer los Adjetivos y entonces los Sustantivos, que también se habían desarrollado después de su primera guerra civil, se sintieron ofuscados y decidieron hacer un pacto con El Verbo, para que ellos fueran reconocidos como el Pueblo Elegido. El Verbo mandó entonces al Pronombre para guiar a los Sustantivos a través del desierto, y este Pronombre les enseñó todas las reglas gramaticales y de ortografía. Les dijo, entre otras cosas, que para marcar su alianza con el Verbo, debían cortarse el cuerito de la Preposición, acto ritual que fue llamado Circuncisión porque originalmente tenía acento circunflejo sobre la “o”. Pero en las ciudades de Sodoma y Gomorra había una muchedumbre de sustantivos neutros, ambiguos, de costumbres dudosas y corruptas. El Verbo los castigó poniéndoles los puntos sobre las íes, primero, y el punto final después. Siglos más tarde, el Verbo le dijo al Adverbio que se presentara ante la Virgen Sílaba y le anunciara: “Bienaventurada eres entre todos los fonemas, porque parirás un Hijo que será el Verbo sustantivado, el Sustantivo adverbial y el Sustantivo verbalizado, todo al mismo tiempo, las tres cosas distintas y un solo Verbo Verdadero”. La Virgen Sílaba se fue a contarle esto a las otras sílabas que no eran vírgenes y se armó un despelote de palabras que nadie entendía. Entonces el Verbo Sustantivado fue perseguido, muerto y sepultado, resucitó a los tres días y está sentado a la diestra del Verbo, en el reino de la Oración subordinante.

Un hombre que pasaba por esos caminos bíblicos se encontró todas esas palabras tiradas y como tenía hambre se las tragó, pero se le atragantaron y no las pudo digerir. Y desde entonces, sus descendientes vomitan palabras sin parar, y por cada palabra que echan por sus bocas, les nacen mil palabras nuevas en las gargantas. Y a esto le llaman lenguaje.

Carlos Vidales
Estocolmo, octubre de 2012

[Nota teológica: Esta última versión me parece misógina y patriarcal. A la única que medio le dan oportunidad de ser primera es a Doña Conjunción. Y es bien sabido que Doña Conjunción es la base de toda la historia. Doña Preposición no alcanzó a dar ni un brinco, porque está condenada a que se la corten a cada cual, si quiere renovar su Alianza con el Verbo. Aunque en la versión ortodoxa el Verbo es el comienzo y el origen de todo lenguaje, es indudable que todas las demás partes de la oración son igualmente necesarias para que exista un lenguaje digno de tal nombre. Según una teoría evolucionista formulada por un hereje incalificable, el Verbo no existió desde siempre sino que se formó a través de un proceso de millones de años, a partir de Sustantivos en movimiento, que solamente podían ser comprendidos si se los concebía, precisamente, en movimiento. De ahí surgió la sentencia materialista, absolutamente herética y diabólica, que dice: “El Verbo es el Sustantivo en movimiento”. Vale. Pantxo].

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s