Un asunto más importante que Dios.

 

Esta guerra que se está librando, esencialmente en el sur de Europa -que eso viene a ser nuestra crisis de cada día, una coyuntura económica bien aprovechada por el sistema capitalista y por sus defensores a ultranza-, tiene una finalidad fundamental de la que derivan varias otras, pero todas ellas, soñadas, ansiadas, queridas y, después, es decir, ahora, acometidas o llevadas a la práctica: la de substituir un cierto estado de bienestar, el que había, por otro, el estado de malestar propio del modelo anglosajón; todos recordamos a Margaret Thatcher y no solo.

El modelo anglosajón se caracteriza por menos prestaciones o subvenciones que el resto de modelos, es decir, el nórdico, el continental o el mediterráneo -el que hubo y está siendo desmantelado justo aquí, en la mismísima cuna de la civilización europea, en el Mare Nostrum-, por una asistencia social del tipo en última instancia, te echo una mano, si acaso me presionan, la mano que se les echa a los desfavorecidos y miserables en general, la de la caridad o la misericordia, ante el temor a una revueltita social. Lo ya asumido, al parecer, de momento, es que se deje abandonadas a su suerte a las personas sin trabajo, enfermas, dependientes, desvalidas y mayores, o como mucho, prestándoles la más ínfima de las atenciones, la justa para evitar el mencionado estallido social, el capaz de cambiar de sitio el miedo, ese cambio tan deseable por terapéutico y por didáctico al tiempo, tal que ha demostrado la historia. Las ayudas, subsidios y demás se dirigen en mayor medida a la población activa, y siempre en muchísimo menor grado, pues, a los desamparados. Así que, las pensiones también andan en trámite de reducción, como en el de ampliar y complicar, cuanto sean capaces, de seguir permitiéndoselo nosotros, las condiciones que el trabajador o potencial perceptor debe reunir para recibirla. Fundamento de derecho ya casi universalizado, o en proceso de ello: los mayores y demás dejados de la mano de Dios no interesan, son semipersonas que ya fueron explotadas en su momento, cuanto se pudo y ellos dieron de sí, o se dejaron, al no haber querido repetir aquello tan feo de la guillotina, que hay que ver qué melindrosas son las clases trabajadoras y desfavorecidas.

En el modelo anglosajón se pone mayor énfasis en el mercado laboral, ese en el que los derechos de los trabajadores se adelgazan a extremos esclavistas, pero con todo, los gastos en políticas activas interesan y, por lo mismo, será el primer bien que alcanzaremos en cuanto nos digan que la crisis ha terminado, o viceversa, es decir, cuando los trileros den por finalizada la fullería de este juego con seres humanos. Los sindicatos apenas tienen poder de decisión en ese modelo, nunca comparable al que tienen -tuvieron- en los otros tres, y razón por la que en este mismo país se logró ya desautorizarlos -en ocasiones, con la mano tendida de ciertos individuos de los propios sindicatos- y aun ponerlos a la altura de los políticos corruptos, es decir, a la altura exacta de la mierda. Esa falta de poder sindical es una de las hipótesis esenciales cuando se analizan las causas por las que en esos países con modelo anglosajón existen mayores asimetrías sociales, un mayor número de empleos con salarios bajos, o muy bajos, y pensiones-limosna, que podríamos llamar.

En síntesis, la bajada de las pensiones, como el resto de imposiciones regresivas que ya padecemos, no se explican por el dinero que hay o deje de haber, ES UNA CUESTIÓN IDEOLÓGICA. El PP sirve a los representantes del capitalismo en su expresión más salvaje a cambio de que, entre otros mil beneficios, los jueces le dejen hacer, no le molesten en sus múltiples corrupciones y pueda dictar e imponer leyes y normas de acuerdo, al tiempo, con las de la secta católica, a la que representa, o más exactamente es, y por lo mismo, sigue enriqueciendo sin desmayo. Ellos, el PP, son iglesia, y por lo tanto coincide al milímetro la ausencia de moral del uno y de la otra, y al ser iglesia católica el PP, como ella, ama la substitución de la justicia por la caridad sobre todas las cosas. Entrégame tu alma y te daré pan. Esto lo aprendí solita y en apenas unos días, a mis catorce años, en una parroquia asturiana de entre tantas que hay, durante lo que pretendió ser un verano de atención a los pobres, la botella diaria de leche en polvo americana, plan Marshall, por cabeza, excepto a las cabezas que no aparecían por misa: _A esa vieja, no le des. No viene a misa. Tuve que abandonar la caridad, trocándola por cosas más hermosas que conciernen al pensamiento, la salud y la cordura. Hay al respecto una hermosa canción de mi adorado poeta y cantautor argentino Atahualpa Yupanqui (1908-1992), Preguntitas sobre Dios, que dejo al final del texto.

Las críticas y la consideración del Reino Unido de que la Europa Social conduciría al desempleo y a la pobreza han sido corroboradas por fin, o lo que es lo mismo, debe de estar muy satisfecho el Reino Unido de que Europa, la otra Europa, le venga dando toda la razón desde hace ya unos cuantos años, todos estos de la pobreza advenida, o la que nos advinieron, desde que comenzaron a imponernos un modelo de malestar, precisamente el suyo. A aquellos enfrentados y pasados puntos de vista, en realidad, posturas diferentes que nacieron de una historia, también muy otra y relacionada con la del capitalismo y la lucha de clases, se vino a sumar la internacionalización de la economía, el libre comercio internacional y los movimientos del capital internacional, ¡arriba la mundialización, porque en ella todos seremos pardos, pero no comunistas! Se ha señalado por muchos que la diferencia más significativa entre el modelo anglosajón y el de la Europa social es la de que en aquel sistema se busca ampliar la riqueza nacional por encima de todas las cosas, las personas hechas cosa, en nuestro caso gracias a la intervención  del Espíritu Santo, mientras que en la Europa Social se aspira -aspiraba- a una especie de redistribución de la riqueza que hubiera entre la ciudadanía. Estamos, pues, insisto, en trámite de hacer desaparecer ya cualquier diferencia entre la ciudadanía europea. Seamos todos uno y pobres de nuevo.

Vuelvo a la Cartelera Turia una vez más. Tiene la ventaja de que sus editoriales con cortitos, hablan candeal y se editan aquí, en el País valenciano, laboratorio de experiencias que dio para tanto:

 
Editorial de la Cartelera Turia, semanario cultural del País Valenciano fundado en 1964.

ASALTO A LAS PENSIONES.

No es el primer intento de abalanzarse sobre el botín de las pensiones, ni será el último. Es como mirar al cielo. No es que esté nublado, sino que está plagado de vultúridos que ennegrecen el firmamento. En este horizonte de aves carroñeras planean grupos financieros de diversa calaña, con sus economistas y “expertos” bien alimentados, que se encargan de construir el discurso de mentiras, demagogia y medias verdades para llevar el agua a su molino. Todavía contemplan, asombrados, cómo es que, a pesar del hachazo que han asestado al estado del bienestar, salvando la banca delincuente entre otras lindezas, el botín de las pensiones sigue sin pasar a sus manos. Y ello, a pesar del enorme riesgo que dichas partidas corren bajo el mandato de Mariano Rajoy, que a buen seguro mete mano y mueve una parte substancial para sufragar la deuda pública. De estas maniobras poco o nada se sabe, porque la opacidad es norma de conducta del régimen. Estos días la carroña financiera ha vuelto a la carga, con la ayuda inestimable de su gobierno títere, exhibiendo otro nuevo informe de “expertos” —la mayoría de los cuales, juez y parte, en tanto que empleados en el sector que codicia su parte del tesoro—, los cuales advierten, cómo no, que el sistema de pensiones público peligra bajo la actual coyuntura. En el montaje de esta farsa no podían faltar los medios de comunicación de referencia para repetir como loros y dar consistencia a la sarta de falsedades y falacias. Aquí abrevan las radiotelevisiones gubernamentales y los grupos mediáticos participados por el mismo mercado de capitales que promueve el desmantelamiento del sistema público y la reducción de las pensiones públicas a la mínima expresión. Aducen los malandrines que aumenta la esperanza de vida y disminuyen las cotizaciones al descender la población activa por efecto directo del desempleo, entre otras variables. No explican, en cambio, que la esperanza de vida no consiste en morirse más tarde —tampoco precisan dónde, ni a qué estratos sociales afecta—, pero que tal magnitud va asociada, principalmente, a la reducción de la mortalidad infantil. Usan torticeramente la demografía y evitan citar aquellos países en donde las pensiones son una partida más garantizada en los presupuestos del Estado. Omiten, los muy truhanes, que se puede actuar sobre los ingresos y no solo sobre la fiscalidad de los trabajadores. Mejórese la productividad, el empleo, los salarios… persígase el fraude fiscal, póngase fin a la evasión de capitales y a los refugios societarios de todo el catálogo de ilustres y menos ilustres defraudadores… y las pensiones, como todos los servicios públicos, estarán a salvo.

 

Preguntitas sobre Dios.

http://www.youtube.com/watch?v=mEZaWXqiSw4

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