La crisis nos está enfermando.

 

 

Entrevista en la Cartelera Turia a Manuel Gómez Beneyto, coordinador de estrategia nacional de la salud mental (J.R.García Bertolín).

El psiquiatra valenciano Manuel Gómez Beneyto denuncia en esta entrevista que la crisis económica nos está enfermando, que se ha duplicado el número de personas que acuden al médico, a pesar del estigma, por problemas de salud mental, que puede en el futuro rebasarse esta barrera y generar una auténtica epidemia, precisamente cuando menos recursos hay para hacerle frente.

¿La crisis nos está sacando de nuestras casillas?

Nos está enfermando, está aumentando el número de personas que padecen enfermedades mentales. Es algo que está más allá de del control de la persona y exige una intervención médica. Nos está sacando de las casillas, nos está irritando cada vez más, llevando a un extremo que ojalá que termine en una respuesta ciudadana colectiva.

¿Se sabe cuánto han aumentado las enfermedades psiquiátricas?

Tenemos poca información, como siempre en España, donde las estadísticas son insuficientes y llegan tarde. Aquellas de las que disponemos no indican que haya aumentado el número de personas que padecen trastornos mentales, pero sí el de personas con trastornos mentales que acuden al médico y que antes no acudían. El impacto de la crisis en estos dos o tres años ha sido empeorar a los que ya estaban mal. Son casi el doble de personas las que están yendo al médico de familia por problemas mentales.

¿El paro provoca depresión?

Está comprobado que la produce. Lo que pasa es que hay que verlo cronológicamente porque, aunque el paro ha aumentado y en consecuencia la aumentado no solo la depresión sino otro tipo de trastornos mentales, y además el suicidio, que suele estar asociado, hay factores que han amortiguado esta situación: mucha gente gente tenía ahorros de antes y está viviendo de los ahorros, otros tienen el apoyo familiar, otros se dedican a la economía sumergida. En España, el apoyo familiar y social es muy importante y, afortunadamente, se mantienen ciertas prestaciones. No se ha visto todavía ese agravamiento de los trastornos mentales que vamos a ver en un futuro próximo como efecto diferido de la crisis. Vamos a ver, con toda seguridad, un aumento de los trastornos depresivos, de los trastornos fóbicos, de los trastornos de ansiedad.

¿Se tiene constancia de que los suicidios estén aumentando?

En otros países, sí, aquí, de momento, no. La única constancia es el aumento del número de personas que va al médico de cabecera y al centro de salud, pero ocurrirá, con toda certeza. Hay que diferenciar lo que son comportamientos de desesperación, de indignación, de haber llegado al límite y de explotar, de lo que es propiamente el trastorno mental.

¿El Sistema Nacional de Salud está preparado para la que se le viene encima?

Se dice que nuestro Sistema Nacional de Salud es el mejor del mundo, y en algunos aspectos es cierto, pero con muchísimas lagunas, particularmente en salud mental, donde tenemos uno de los presupuestos más bajos de Europa, y en Valencia, de los más bajos de España. En cuanto a los trastornos mentales, está infradesarrollado, y más ahora que ha aumentado la demanda  y que el Estado, en lugar de reforzar el sistema sanitario, lo que hizo ha sido, no solo recortarlo, sino zarandearlo de mala manera. Está siendo cada vez menos capaz de atender la demanda. Es a esos a los que se va a ver en el futuro. Esas personas que acuden a los centros de salud mental o a los médicos de familia y no reciben la atención adecuada acabarán cronificándose y desarrollando secuelas probablemente para toda la vida.

¿Están surgiendo nuevas enfermedades?

Hay aquí una cuestión delicada, los intereses no científicos, que provienen de la industria farmacéutica y de determinados sectores profesionales que quieren ocupar posiciones de prestigio o de poder, de hacer publicaciones en torno a nuevas enfermedades emergentes y a antiguas enfermedades que parece que han aumentado. Creo poco en eso, creo que hay un contubernio de las farmacéuticas, algunos profesionales y algunos medios de comunicación que están generando el clima de que estamos continuamente amenazados por una epidemia de trastornos mentales. Vamos a estar amenazados por esa epidemia en un futuro, como consecuencia de la crisis, pero todavía no lo estamos.

¿Usted ha dicho que tenemos miedo a despertar?

Estamos muertos y con miedo a resucitar. Quiero decir que estamos inmóviles, como muertos, ante una situación que debería incitarnos a reaccionar con todo todo nuestro ánimo, y sin embargo no reaccionamos. Estamos doblemente muertos porque tenemos miedo a resucitar, a reaccionar, porque vemos que la tarea que tenemos por delante para recomponer nuestra situación, si es que alguna vez estuvo compuesta, es tan inmensa, que apunta hacia una revolución cultural, y posiblemente política también, de tal calibre, que nos inhibe, nos bloquea. Tenemos dificultad para reaccionar porque aquello que está causando nuestra ruina, esa mezcla de neoliberalismo, ultraconservadurismo, corrupción, mentira, negligencia, ese clúster, no tiene nombre, no tiene cara, no se convierte en un enemigo que tome forma, y frente al que podemos levantarnos. Llegará un momento que se alcanzará una masa crítica tal, que la ciudadanía se sentirá con fuerzas para hacer frente a la situación, porque la solución no vendrá por parte de los políticos.

¿El estigma vergonzante de las enfermedades mentales se ha superado?

Sigue siendo uno de los problemas más graves para afrontar las enfermedades mentales, sobre todo porque interfiere en la intervención sanitaria, ya que muchas personas no acuden al médico o al psicólogo porque han asimilado el estigma, han interiorizado que es vergonzoso estar enfermo mentalmente. Menos de la mitad de la gente que necesitaría ayuda no está recibiéndola, la mayor parte sencillamente porque no la busca. El estigma lleva también a que la psiquiatría y la psicología no tengan el apoyo del Estado que deberían tener, si tenemos en cuenta la carga de enfermedad que suponen los trastornos mentales. Nunca hemos emprendido una lucha contra el estigma.

Los laboratorios, ¿se están poniendo las botas con esta situación?

Sin duda, ya se las estaban poniendo, pero mucha gente ha tomado conciencia de que lo que estaba ocurriendo hasta ahora no podía ser. Ha habido denuncias importantes, han perdido mucho dinero, han perdido juicios por su comportamiento claramente no ético, al poner los beneficios por encima de la salud. Ha sido evidente que a veces han ocultado al público y a los profesionales efectos secundarios graves de determinados fármacos que siguieron en el mercado por razones económicas. Ha ocurrido mucho, y en psiquiatría más que en otras especialidades. Eso está empezando a cambiar, y por parte de los profesionales se está teniendo más conciencia de esa corrupción de congresos y visitas a todos los países del mundo con la excusa de la presentación de un nuevo fármaco. Se tienen que terminar, y se están terminando de hecho.

 

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