EURO QUE VUELA, A LA CAZUELA

 

Editorial de la Cartelera Turia, semanario cultural del País Valenciano fundado en 1964, que no solo subscribo, sino del que doy fe encantada.

 

Cuando se escriba la historia universal del saqueo, los capítulos más trascendentales situarán en lugar destacado la depredación en pos del botín practicada en España, con especial ensañamiento en el País Valenciano, durante los regímenes políticos administrados —es un decir— por el Partido Popular. Apenas queda lugar para el asombro, puesto que a cada nuevo hallazgo de quebranto patrimonial o presupuestario perpetrado en el sector público le sucede otro de mayor enjundia. Si el robo de los fondos de la solidaridad, que creíamos destinados al socorro de los damnificados por el terremoto de Haití, acabaron —presuntamente y a falta de lo que dirimirán los tribunales— en los bolsillos de particulares por obra y gracia de un Rafael Blasco convertido en el reverso patético de Robin Hood, no es escándalo menor la sisa de casi 130 millones de euros desaparecidos en combate —entre aspirantes al botín—, que en origen eran subvenciones destinadas al sector primario. Que la Consellería de Agricultura haya pretendido tapar con el habitual y espeso manto de la opacidad las triquiñuelas supuestamente amparadas para que los fondos, también de la Unión Europea, fueran desviados a otros beneficiarios, no ha impedido que la Fiscalía de València se arremangue para exhumar los presuntos delitos y, llegado el caso, pese a la natural resistencia en el PP y su patibulario gobierno autonómico y grupo parlamentario que lo sustenta, se depuren las responsabilidades penales que correspondan, habida cuenta de que la justicia política solo llegará cuando esta derecha letal sea desalojada de las administraciones donde tanto pillaje se ha cometido. Obras en parroquias y subvenciones a peñas taurinas fueron destino de parte de los fondos previstos para socorrer a un sector esquilmado y menospreciado por los poderes públicos. En otros casos fueron alcaldes del PP los que captaron parte del capital consignado para menesteres agrarios. Su parte del botín. A la ya insolvente Generalitat valenciana se le abre otro doble frente: el judicial, derivado del cúmulo de infracciones cometidas en este perverso asunto; y el económico, cuando tenga que devolver los capitales truculentamente desviados. La realidad vuelve a desmentir el discurso oficial. Por escasos que sean, sí quedan recursos para mantener los servicios públicos y los sectores necesitados. Ocurre que tales fondos siguen cursos subterráneos que desembocan en pozos indeseables, conducidos a través de pestilentes alcantarillas políticas. ¡A ver ese salfumán!

 

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