Lenguaje confiscado

 

 

Me refería en un texto anterior, otra vez y cómo no, a que el dominio del lenguaje es síntoma de salud mental, de que la hay. Y también al de los monos, en rigor, pues, al no lenguaje, al inexistente, y al tiempo, al de millones y millones de seres, en apariencia menos monos, que, sin embargo, creen comunicarse entre sí, y aun con todos nosotros, aspirando, a saber con qué intención, a contagiarnos de sus balbuceos, obligarnos a viajar en el tiempo para reencontrarnos, no con el antepasado simiesco que, con paciente empeño, logró llegar a ser uno de nosotros, sino con cualquier otro de los que fracasaron, para fundirnos en un abrazo: hermano. ¡Jamás! Y sin embargo, los que sabemos hablar y somos capaces de establecer una comunicación razonable -solo razonable, cierto- con nuestro prójimo, a pesar de que somos conscientes de que estamos siendo gobernados, aquí y allí, por monos rabiosos en su limitación intelectiva, cognitiva y comunicativa, por su pequeñez y por su codicia, sometidos a su vez ellos mismos a estúpidos monosabios de otras plazas, nos negamos a curarnos de una enfermedad devastadora que se llama costumbre, acomodamiento, inercia, sumisión y adición a una paz injusta y criminal, en lugar de señalarlos con el dedo y perseguirlos para enjaularlos, porque, no solo se nos meten en casa para, tras habérnoslo robado todo, echarnos de ella, jurando que les pertenece, sino que nos arrancan el bocado de paz auténtica que nos llevábamos a la boca y, aun insatisfechos, le escupen a nuestra ración de hambre, respaldados por una ley de más, una ley de menos.

Todavía con el eco en el oído de una cascada de comunicados y de comunicaciones de políticos, de empresarios disfrazados de grupos de comunicación, educación, cultura y otros entretenimientos, en diarios, radio y televisión, de imbéciles que se fingen columnistas y aun escritores para pronunciarse sobre las hediondas finanzas delictivas, nos enterábamos de que el cardenal primado de Escocia, Keith O’Brien, ex arzobispo de St. Andrews y Edimburgo, había renunciado a sus funciones ante Benedicto XVI, después de que hubiera trascendido una acusación de “comportamiento inapropiado”, en román paladino, siempre lo mismo, y que se refiere en este caso concreto al acoso sexual a cuatro sacerdotes en la década de los ochenta. En realidad, O’Brien había presentado su dimisión hace unos meses por razón de edad, y Benedicto XVI se la aceptó con fecha 13 de noviembre de 2012, pero bajo la fórmula nunc pro tunc, ahora por entonces, expresión de uso legal común que se refiere a una actuación que se realiza en fecha posterior a otra, pero con carácter retroactivo. El efecto posterior se preveía para el próximo 17 de marzo, pero el Santo Padre, ¡loado sea Dios!, “ha decidido que mi dimisión tenga efecto hoy, 25 de febrero de 2013.” Y aun añade: “No voy a unirme personalmente a ellos -el resto de cardenales- en el cónclave. No deseo que la atención mediática se centre en mí, sino en el papa Benedicto XVI y su sucesor.” Juraría que parece querer decir que, en tan alta ocasión, declina con modestia chupar cámara.

Lenguaje llamativamente críptico, afirma la prensa. Pues a mí, no me lo parece, tampoco las prisas. ¿Una dimisión? Así se le viene llamando en las mejores familias, bien lo recuerdo; de hecho, más llamativo aun era aquello, que sin duda sigue vigente, de ‘me firmas este papelito en blanco con tu dimisión, y así, llegado el mal momento, nada habría que reclamar por tu parte, porque lo guardaremos en este cajón y, de ser preciso, que no lo será, hijo mío, lo rellenamos, lo fechamos, tú a la calle, y todos tan amigos, ¡hala, ya puedes empezar, y que haya suerte! ¿Ha ocurrido algo que explique el que se nos vaya ahora O’Brien, en lugar del 17 de marzo, su septuagésimo quinto aniversario, con un apresurado y cariñoso empujón nunc pro tunc? Pero, por supuesto. De hecho, se diría que el tunc venía empujando desde los ochenta, y a saber por qué obscuras razones se le mantuvo en su sitio. Bueno, obscuras razones, tampoco, más cierto que la luz del mediodía, las habituales del Vaticano y de la Iglesia Católica. El cardenal O’Brien fue denunciado de acoso sexual casi treinta años atrás, según revelaciones del periódico dominical londinense The Observer, alcanzando los efectos de aquel pretérito y preterido acoso a tres sacerdotes y a un ex sacerdote, el que se vio obligado a colgar los hábitos en 1985, pies para que os quiero, al saber que su acosador había sido nombrado obispo, y que, por lo mismo, quedaba a sus expensas, es decir, insisto, lo que se llama haberse dado prisa con el nunc pro tunc. Acude a mi memoria una frase latina ad hoc, como no podía ser menos. Nunc aiunt, tunc negabant: Ahora dicen que sí, entonces decían que no. ¡Milagro del Espíritu Santo! (la exclamación, toda mía, ojo).

No sé si con fundamento o sin él, ese nunc pro tunc, ahora por entonces, se me asoció sin querer con lo de la indemnización en diferido en forma de simulación, que tan bien nos dejó explicado la secretaria general del Partido Popular, la folclórica Mari Loli Cospedal, en relación con el fin de la relación laboral, despido procedente/ improcedente, de su tesorero, extesorero o vayan a saber, don Luis, el Cabrón, asimismo conocido por Bárcenas a secas. ¿Fue el despido de Bárcenas nunc pro tunc? ¿Lo despidieron ahora en lugar de entonces, cuando robaba para engorde, fortuna y regocijo de los correligionarios de Cospedal García? ¿Fue un delicado mantenimiento en su puesto laboral, como si lo hubieran despedido, pero no, que a ver por qué tenían que despedirlo, con lo bien que le llevaba las cuentas al partido el cabrón, dicho sea con todo respeto al señor Bárcenas? Si de adjetivar con críptico se trata, nada como esa misma realidad, las explicaciones de los términos del despido y de la correspondiente indemnización al empleado. Incluso el portavoz del Grupo Popular del Congreso afirmó que el partido lo había contratado y despedido, añadiendo que ojalá no se le hubiera contratado nunca, deseo a su vez nunc pro tunc, si bien lo observan. Según prensa diversa, el PP finalizó su relación laboral con Bárcenas en diciembre del 2012, no en 2010, lo que no fue negado por ese partido, pero si queremos ser objetivos hay que admitir que el PP viene diciendo sí y no simultáneamente, salvo las ocasiones en las que dice que sí, pero no, o también, no, pero sí, y ya desde los tiempos en los que opositaba. Otro lío para los creyentes de fe temblorosa.

Aparte de la hipotética relación entre los nunc pro tunc vaticano y pepero, este aplicado a un despido con la correspondiente indemnización simulada en diferido, ¿cuáles son las diferencias en lo que atañe a lo substancial de uno y otro currante? ¿Cómo fueron tratados cada uno de ellos por sus respectivos amos? ¿Con cuál eficacia se presentó a la mundana curiosidad el hecho de haber despedido a su manera, al uno, en el amoroso seno del Vaticano -ciudad-estado dentro de la ciudad de Roma-, al otro, en Génova -Madrid, España, no confundir con la ciudad homónima italiana-? Ahí, ahí, le has dado, pero se te amontonan los interrogantes, convendría desatender alguno. Pero, ¡puf, dónde va a parar el estilo, el savoir faire, la experiencia milenaria en cinismos e hipocresías bien vitaminizados que han hecho un logro del comunicado de la Iglesia Católica, frente al de la tonadillera del Partido Popular! Lengua templada, cuidado italiano, la mirada, humillada, no la mente y la boca de un simio… perdón, simia en este caso… tipo ‘esto lo arreglo yo en dos patás, que total, son más imbéciles que yo’, tragándose la razón a lo Carpanta y con maneras adquiridas deprisita y a última hora, tan de arribistas o parvenus. Es decir, lo gestual comedido, la firmeza lectora eclesiástica, salvo un leve titubeo -qué turbulencias no habría muy adentro-, frente al balbuceo prelingüístico del buscón o de la buscona, y tantas y tantas otras cositas que aparecen, o no, en las melodías, pero que, cuando ausentes, sentimos que uno o varios instrumentos chirría. A O’Brien lo despidieron nunc pro tunc, por pederasta, no, para evitar que el Happy Birthday to You, cantado a voz en cuello por sus colegas septuagenarios y demás simpatizantes, pudiera desmerecer la imagen del cónclave durante la intensa publicidad urbi et orbi del recogimiento, cara al ansiado y cristianísimo, Habemus Papa. A Bárcenas, solo por haberse distraído de los intereses del Partido Popular, pero entregado a la causa como ya le hubiera gustado al Banco Vaticano haberle podido exigir a un O’Brien, que, en cambio, se distraía el pobre con el aire de las jóvenes sotanas al pasar. Horas de lenguas muertas consiguen afinar los comunicados de la Iglesia como hostias de cada día, y desde hace tanto tiempo, que se acumulan en el olvido; a deshora la lengua, cantinfladas y chascarrillos. Y que teólogos, moralistas y demás expertos en esas lides se ocupen de ponerle la nota a cada pecador y dejar señalado cuál de los dos será más digno de arder en el fuego eterno del Infierno, no es mi vocación, ni mi profesión; pero no confundamos nunca al monarca con Urdangarín.

Repasen comunicados, intervenciones parlamentarias, incluso las leídas, alegres declaraciones y opiniones de cualquiera de los miembros de este Gobierno, las que lanza al aire como los niños sus cometas cada vez que le sube la temperatura a uno, le baja la tensión a otro, pasa a la fase dicharachera de su bipolaridad un tercero, superó su dismenorrea una cuarta -forzando así la visibilidad de la mujer que tantos dolores de cabeza produjo a la RAE-, en realidad, cada vez que abre la boca el mayor y el más pequeño de tan egregios asnos. La  sintaxis, el léxico, las castizas expresiones de que echan mano es un don reservado en exclusiva al partido de las esencias patriótico-militares o, mejor, a la esposa -de nuevo, la mujer, la RAE, vean- de un patriótico español: que se jodan, perroflautas, el enemigo, elementos  desestabilizadores, antisistema, los que vivieron por encima de sus posibilidades, radicales, confabuladores, y todo ello, y con idéntica auctoritas, copiado por la bestial y ágrafa patronal nuestra de cada día de un Díaz Ferrán o de un Juan Roig, por picar aquí y allí, pero no juzgando adecuado citar empresaria en este caso. Siempre se puede ir a peor, y el lenguaje del melitar o del estraperlista es ya tartamudeo últimamente, silabeo, farfulleo, chapurreo, ronroneo, balbuceo, es decir, muestra las características de la etapa prelingüística en la que, en contadas ocasiones, incluso pareciera que el emisor aspira a darle una intencionalidad a un algo, un afán de comunicación a una nada, a base de ya solo, ¡oh, simplicidad toda mía, al fin!, resoplidos, grititos, risas, desprecios como miradas, con su remedo de entonación y sus pausitas, de manera que aun podría parecer, si anduviéramos a muy otra cosa, que es una criatura con voz de adulto el personaje, sensación que nos abandona, si le echamos una ojeada a la facies o morro del tartaja mental. Alguno de ellos, no obstante y por ventura, ha caído ya en el autismo.

La experiencia tal como fue. Y que podría repetirse. Intervención de Cospedal García. Reproducción escrita de la farfulla, por si alguien se perdiera mecido por la nana misma:

“La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido, y como fue una indemnización indefin … en diferido… en forma, efectivamente, de simulación de … simulación o de … o de lo que hubiera sido en diferido, en partes de una …  de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la SS … Es que, si no,  hubiera sido … Ahora se habla mucho de pagos que no tienen retenciones a la SS, ¿verdad? Pues aquí es que se quiso hacer como hay que hacerlo, es decir, con la retención a la SS.”

http://www.youtube.com/watch?v=HrwgRazLGJA

El vocero eclesiástico que informó de la dimisión de O’Brien:

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/02/25/actualidad/1361791640_057381.html

No hay color. ¡Dos mil años de aprendizaje separan a unos de otros! Y luego viene el Menistro de Incurtira a querer robarnos la Escuela, con su latín, su griego, sus mates, su educación en valores, que no es asignatura, por cierto, y por más que se hayan empeñado tirios y troyanos, sino algo que debe emanar de cada intervención, gesto, movimiento, frase, suspiro, bostezo incluso, del profesor de la Enseñanza Pública, la que queremos sólidamente laica para enseñar a decir a los niños: obispo, caca, derecha, caca, entre millones de expresiones que conocen esos sabios.

The end: Acabo de leer, tarde, en El País el título de dos noticias relacionadas con la renuncia del Fiscal Jefe de Catalunya, Martín Rodríguez Sol. El protagonista, el inefable Gallardón, la voz de su conciencia, ofrece otra intervención prelingüística; para ser rigurosa, dos. Una: “Limitar la expresión de los fiscales garantiza su independencia”. Otra: “El fiscal catalán contaminó su independencia”. Gonzo, la mirada azul del gallego de El Intermedio, muchos gallegos miran azul, quizá no vaya a examinar la lógica de esos titulares. No es grave, porque en las demosgracias actuales excelentes programas sirven en especial para desfogar a la ciudadanía, ayudando así al erre que erre del mantenella y no enmendalla de los simios. Son sistemas estos que todo lo engullen, a modo de agujeros negros supermasivos (ya, pero el Vaticano no es una democracia, caramba).

 

 

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2 comentarios en “Lenguaje confiscado

  1. Hay veces, doña Luisa, que sus artículos no se ya si los escribo yo, o los hace usted por mí o si intervenimos ambos, y tampoco sé bien si usted se permite también escribir los míos sin que yo me entere, o si es que a los dos nos los mandar redactar terceros que, como no saben lo que hacen ni lo que dicen, acuden a usted y a mí para ver si les explicamos lo que andan farfollando, pero que al no encontrar nosotros tampoco la imposible explicación de lo que acontece, parece que terminamos escribiendo solo para no llorar.
    Porque cuanto más logramos aclararnos, aun a pesar de lo difícil que nos lo ponen, más lloramos.

    Y para mí que va a ser esto último.

    En cualquier caso, bendita sea Vm.

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    1. Bendecida quedo, Alberto, muchas gracias. Pero no me sea despistado, caray, cómo se nota que es usted poeta y que sufre alucinaciones por hipersensibilidad o quién sabe si una alimentación inadecuada; lo que usted ha leído son sus propios textos. No se trata sino de que en este blog, que es mío, entienda, en ocasiones, exhibo textos que le tomo prestados del suyo, dejándolo bien claro siempre. Y si no se trata de ofuscación o de despiste por su parte, sino de que el asunto le molesta, dígalo claro, o denúncieme, pero no cuente con sobre, iluso, los escritores de este país jamás cobraron, a no ser en el sentido de recibir una paliza o en el de ser ninguneados; solo cobran, y bien, quienes fingen serlo. Sus textos puede reconocerlos porque su nombre y el de su blog preceden al texto, en primer plano y a mi leal saber y entender; la url de aquel, al final del mismo. Y ahora, váyase en paz, si puede, buen hombre…

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