Papeles apócrifos, fotocopias de fotocopias. Primer aviso.

 

 

Primer aviso*, monsieur le Président du Gouvernemant du Royaume d’Espagne, que parece que se ha consumido buena parte del tiempo protocolario de la fiesta, y apriétese los machos que, aunque en cierto modo esta corrida acaba de empezar, no imagina siquiera qué tan larga puede llegar a ser. Y vaya por Dios el que haya de lidiarla usted, sin duda el torero con menos tablas, arte, seso y aun con más trabada lengua y menor cintura de cuantos se conocieron por estas plazas. ¡Y ande que no hemos conocido toreros, maestro!

¿Cuánto tiempo desde que se les viene advirtiendo del insuficiente control del gasto en juergas, muy en especial del que atañe a las comunidades autónomas que somos todos, las mayores y mejores fábricas de entramados, urdimbres, telarañas, redes y cuanto sirviere para recoger, capturar e izar a bordo? ¿Cuánto que se les ordenó atarlas más corto, y no de esta o de aquella manera, sino a la suya todas las tácticas y las estrategias, pero refrenando con rigor estricto las aprehensiones y capturas que, no es que fueran preocupantes, inadmisibles, inasumibles, escandalosas y pecaminosas en extremo, sino más bien todo al modo de las antiguas alegrías tan nuestras de Casa Nostra con las que a los virreyes de uno y de otro color de alistamiento se les iba por entre los dedos de las manos tanto bien como el total del que dispusieran, al modo folclórico-autonómico-campsista, y que remató en ser el propio del que ya no dispone de nada porque de todo dispuso ya, y hubo de anotar entonces en el debe de quienquiera que fuese, y al por mayor, cuanto dejaba a deber, ese debe que se traduce siempre en ganancia para el prestamista, con el plus añadido habitual de ganar poder que le es inherente, y que usa siempre para bajarle la testuz, en este caso al virrey de turno. Y qué decir cuando el préstamo habido no puede satisfacerse ni con plazos de eternidad, por lo que, para cuadrar las cuentas, habría de esperarse a la tercera o cuarta generación de productores de miel, contando a partir de la nuestra, ¡oh, señor de los señores de todas las deudas contraídas hasta hoy y de todas las juergas corridas por unos, por otros y por los de más allá!

Y sin embargo, si se le hubiera permitido, monsieur le Président du Gouvernemant du Royaume d’Espagne, usted seguiría ejerciendo de Hamlet, un Hamlet navegando el mar de las dudas gallegas, ise xa veremos ó que pasa o día de mañán, que en la práctica funciona con el habitual vale, sí, enseguida voy yendo, oído cocina, cambio, corto, pero sin ir y, desde luego y sobre todo, sin terminar de decidirse a dar, no ya un puñetazo didáctico en el centro del ara misma de la eucaristía, sino el puñetazo de poner a cada uno en su sitio a hostias. Y le ha tocado la faena -insisto, vaya-, que ya es mala suerte, monsieur le President, pero se venía inclinando en demasía por actuar como registrador de la propiedad en lugar de fungir de matador enfrentado al pavosoro astado, uno de esos raros miuras que hace una eternidad no se veían ya por estas plazas y que, tal vez por lo mismo, llegada la urgencia de tener que echárselo a alguien, el miura, se pensó en usted porque al respetable le gustó, y le gustó más aun de cuanto usted se esperaba, y le gustó al tiempo a los amos de las inabarcables y luminosas dehesas de ganado bravo y de cotos de caza, de arriba abajo recorridas las jerarquías que convinieron en ello, tal vez por justo su apariencia de registrador de tan triste, bobalicona y distraída figura, con su salpimentado de granítico sostenella y no enmendalla, y para cualquier bagatela el sostener y el no enmendar, cualidades con las que logró socavar las más arduas suspicacias, las naturales de un pueblo y de un empresariado y aun de unos dioses de todos ellos, desconfiados y burdos en la apreciación, además de su voluntariosa, de usted, conmovedora y eterna aspiración que, ¡por fin!, cuajó en el logro de la plaza ganada, en la que, no obstante, pretendió ejercer de don Tancredo y con mejor voluntad aun que el nacido valenciano Tancredo López, de quien tantos se hicieron y aun se hacen lenguas.

Así que, puse empeño también yo en escuchar con recogimiento, no solo oír, mirar concentrada, no solo ver, su muy dramática convalecencia televisada … Perdón, comparecencia quise decir, monsieur le Président, pero de este haberme trabucado tiene la culpa el aspecto con el que se nos manifestó de pronto -al modo de aquel fatídico también, para La Corte de los Milagros que es su corte, 11 de marzo de 2004-, no en rueda de prensa como esperábamos, no sometido su bondadoso carácter a las preguntas ácidas de los periodistas que aspiran a violentarles siempre -¡y a ver por qué contradiós se violenta a un don Tancredo!-, así sólo televisado y solo y enfrentado al Comité Ejecutivo… de los suyos, cálidamente apoyado por, de ellos, los máximos dirigentes. Aquella palidez extrema, aquella boca seca y hundida tal que si hubiera devenido abuelo de hoy para mañana, los labios de papel de fumar por salivación escasa, aquel susto torero, mon Président. Qué pudo haberle pasado a este señor, qué le habrán hecho, me dije, si será cóctel de sedantes, o un exceso de qué que le sirvieron a este como cristo enflaquecido y encorbatado traje desde el que nos escupe la integridad tan convincente de cuantos habían sido puestos en entredicho, más la de quienes no figuraban siquiera en el reparto, y con copioso  despliegue de oclusivas sordas en cada frase sacramental leída -¿recuerda de su bachillerato en los jesuitas las durísimas oclusivas con las que se nos cortaba en seco la jarana escolar, las muy sordas p, t, k?-, oclusivas merkelianas en su origen, quién lo dudara, usadas después como el restallante producto de unos dientes apretados por convicciones íntimas que rechinaban al oído del buen pueblo receptor : ParTido, ParTe, meTáliKo, PaTrimonio, nunKa, KuenTa, PolíTiKo, PoPular… ¿Y a santo de qué ese imprevisto y veloz, visto y no visto, haberle empujado precisamente a usted a levantarse de la mecedora dos periodicuchos de tradicional y notoria enemistad, hoy uno, mañana el otro, más el eco inacabable desde todo medio de comunicación, así nacional como extranjero, monsieur le Président du Gouvernemant du Royaume d’Espagne? Usted no daba crédito, nosotros, tampoco; de ahí, estas apresuradas líneas, va mucho más allá de cuanto se le podía hacer a un señor que tuvo la bonhomía de casarse pasados los cuarenta, na Illa da Toxa ¡y nada menos que un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes!, pormenor que no debe pasarse por alto al ser uno de los detallitos biográficos que más nos lo humaniza y que más nos enternece a todos, incluyendo en el todos a Bárcenas, el contable proscrito.

Pues tal que le venía diciendo, monsieur le Président, pareciera que convinieron ellos -y de quienes sean ellos, usted ha de tener una idea mucho más concreta que cada uno de nosotros, así en conjunto como por separado- en que la suerte de lidiar el toro debía reservársele precisamente a su persona de usted. ¿Fue la UE en su conjunto, díganos la verdad? ¿Fue Alemania en su nombre la instigadora? ¿Y conchabada la UE o la Germania con cuáles de los poderes fácticos de los de aquí, de los de allí y de los de acullá para convenir el picador y el estilo? ¿Mala gente? ¿Desconsideraron por un casual su sosegada cachaza gallega? ¿Y es cierto que urge, que no queda tiempo ya, que llegó el Memento Mori o de reestructurar para vertebrar de nuevo con mayores y mejores éxitos, económicos en especial, aunque no solo -¡qué agonía secular! ¡qué pésimos virreyes!- el estado que somos, si es que somos algo, pero ahora ya a fortiori? Entonces, ¿era auténtica la moneda de que la casi reciente disposición en autonomías genera tanto gasto como para tener que seguir los gallegos -entre otros, pero Galicia fue, no la más a trasmano, sino una de las más dejadas, cuando no la dejada por antonomasia, de la mano de Dios, aunque este saber ande vedado a gallegos que lo son por capricho, el de la voluntad de su progenitora de solo querer nacerlo en la tierra, que lo que es residir, su santa madre residía en Piedrahíta de Ávila-, yendo a buscar como antaño la justicia, la fama, la sanación, los saberes ocultos y los cirujanos de más atinado bisturí, el pan, a Madrid? No. Intuyo que a la mala gente que piensa por usted lo que menos le importa es cómo vaya a vertebrarse el Estado, esta España suya que tanto les duele a los prosopopéyicos de los juegos malabares, pero mucho en cambio el bien pragmático resultante para el que convienen urgencias, no ya de seguir con la dieta, sino de hacerla tan eficaz como sea pertinente, quizá mayor y aun más disciplinada, ahorrar el todo con el que tranquilizar a todas las pirañas con sus pirañitas, lo que vendría a significar frenar, a las bravas que fuere, aquel bien ido de vaciar ad infinitum ríos, fuentes, manantiales que se secaron dónde va, pero do manaban caudales que les fluían copiosos a los visorreyes, a cuantos pululaban por sus cortecitas, a sus criados y a los criados por estos en cada una de ellas, todos ellos a la suya de codiciar cualquier bien de los que tejían y tejían las abejitas obreras para sus zánganos, ¡oh, maná inagotable del que se servían sin cesar platos variados y a gogó!

Así que, los papás y las mamás, si se me permite el tropo, es decir, los adultos, que siempre se ven obligados a ejercer de malos, dadas aquellas premisas, vistos estos desastres, considerado que jamás se les iba a reembolsar a cada cual lo que le pertenecía -divino sentido de lo propio y de la propiedad- decidieron darle un sustito de miura, ese aviso que le decía, mon Président, llegados a un acuerdo todos ellos, y ellos, Dios mediante, acordando con señores que acordaron a su vez con la prensa de cualquier color lo que convino. Y de la herida que esos adultos le produjeron dio en salpicar la sangre manada a todos sus ejércitos y aún goteará pero, ¿sin solución de continuidad? ¡No! Urge a más de uno cobrar lo suyo, finalmente llegó la hora de devolver el principal y los intereses de demora, no restados los gastos de los virreinatos, sino cargados en cuenta a todos nosotros, los zánganos.

Y hasta tal punto tiene que ser así, que en los más pequeños pero excelentes mentideros de toda provincia periférica como de cualquiera otra de la unidad central corre la voz de que, no solo seguirán días de infarto hasta que se cumpla con el último céntimo, sino que, de no parecer suficiente rapidez la aplicada a la devolución de lo prestado, los confiados prestamistas, más que dispuestos a pelear por lo suyo, disponen de más listas ya confeccionadas, esas bombas que se sumarán a los estragos que produjo la primera, y aun de otras, pero de esas de ir al súper una madre de familia numerosa, y que esa vez y las que siguieren podrían incluir incluso -¡un órdago de inclusiones!- los pomposos patronímicos de cuantas sus señorías de la justicia y cuantos sus periodistas iban también a lo suyo, libando del panal, leales las unas y los otros al tinglado de la vieja farsa que es la commedia dell’artecommedia all’improviso en la que alguien jugó a la ruleta rusa con este pueblo en su integridad desde tiempos de vaya usted a saber. Y como los males nunca viajan solos, incluso se murmura sobre la exigencia de que nuestro anciano monarca sea rejuvenecido ipso facto y como proceda, por clonación que fuere, en el adecuado a una nación que aspira a parecer europea y respetable. Que lo de serlo constituye ya una antigualla para la mayoría de esta nuestra y probablemente de las de todo el planeta, pero moralistas -y sociólogos y politólogos- tiene su santa madre de todos ustedes los que disponen para nuestro bien.

Que Dios nos coja confesados, maestro, y que no nos pille un toro que es todo suyo y que, por lo mismo, debe torear usted.

drae* Aviso

7. m. Taurom. Advertencia que hace la presidencia de la corrida de toros al espada cuando este prolonga la faena de matar más tiempo del prescrito por el reglamento.

 

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