Se precisa intelectual. Abstenerse consagrados

 

Adoro los manifiestos, en especial los intelectuales. No sabría explicar por qué, es algo que me ocurre desde la adolescencia, cuando creo recordar que, al menos en este país, no se manifestaba nadie, pero ni por escrito, por lo que es posible que aquellas carencias expliquen estas alegrías de ahora de ponerme como en trance, justo lo que me ocurrió hace un par de días al ver noticia de uno en la prensa, ¡y qué uno!, no solo por manifiesto sin más, sino por las razones que deletrearé.

En primer lugar, esa afirmación inicial entre signos de exclamación: “¡Somos Europa!”. Virgen Santa, por fin uno que cayó en la cuenta, qué satisfacción el que un grupito de gente importante haya gritado al viento lo que somos, sin ambages o puntualización iniciada con algún pero. No fue todo. La segunda parte del titular añadía nada menos que lo que sigue: “Manifiesto para reconstruir Europa desde la base”. Leerlo y arremangarme fue todo uno. ¡Nada menos que reconstruir Europa desde la base!  Recordé la de veces que, hace décadas, nos decíamos que había que derribar la universidad española tal como andaba para volver a construirla desde la base. Para cuando llegué a la entradilla del llamamiento: “Necesitamos de una sociedad civil europea y de las perspectivas de las generaciones más jóvenes si queremos solucionar los asuntos candentes de hoy”, me sentí excluida en razón de la edad para la parte de las perspectivas, pero no le di demasiada importancia, ¡la de veces que nos habrán dicho unos y otros que la juventud radica en el interior de las personas! Así que me lancé a curiosear la lista de firmantes que me llamaban enfebrecidos y comprobé que los más eran gente de toda la vida: Daniel Cohn-Bendit, Jacques Delors, Michael Krüger, Helmut Schmidt, Richard Sennett, Javier Solana, Vaira Vīķe-Freiberga, Robert Wilson, Umberto Eco, Zygmunt Bauman… Tan de toda la vida que, al enterarme de que algunos a los que daba por fallecidos en función de vagos recuerdos biográficos andaban aún entre nosotros, esa alegría añadida, me dije: ¿Has visto cómo no excluyen a nadie por abuelo, eh? Esto nuestro sí que es ser joven. El nuestro porque, sin más, me sentí partícipe del grupo que llamaba y entre los llamados.

Cierto es que el primer párrafo me despistó una barbaridad: “¡Un Año Europeo del Voluntariado para Todos —para taxistas, enfermeras, obreros industriales, dentistas, maestros, periodistas, estudiantes, pensionistas— como respuesta a la crisis del euro!”. Vaya, parece que estamos incluidos casi todos, aunque no citen a ingenieros, arquitectos o bomberos, pero tampoco es cosa de agotar las profesiones y oficios, sería una lista interminable. ¿Se trataría de algo tipo beca Erasmus, pero para representantes de toda la población? ¿Se requerirían qué condiciones para aspirar a una de ellas? Por más que las becas Erasmus sean como una especie de óbolo para la compleja iniciación a la vida de los más jóvenes, becas modestas, a las que siempre hay que arrimar la aportación voluntaria, siempre más generosa, de los progenitores del becado, me dije que siempre es tiempo de iniciarse en lo que uno apetezca, caminar los caminos que no pudo, o que no supo, en el momento oportuno.

Empecé a leer el siguiente parágrafo con auténtica devoción, pero no llevaba leídas un par de líneas cuando me observé en desacuerdo con sus redactores; tengo muy mal carácter. Me refiero al contenido de un aserto tan contundente como los demás que reza: “Nunca antes de ahora habían recibido los jóvenes de Europa una mejor educación. Sin embargo, uno de cada cuatro europeos menores de 25 años está sin empleo.” Hombre… pues sí, lo he leído varias veces, se nos machaca con ese convencimiento, pero mentalmente siempre lo puntualizo a mi manera, que no voy a callar en ocasión tal especial: Nunca antes de ahora habían recibido educación tantísimos jóvenes. Disiento, pues, solo en lo de mejor, porque aunque parece lógico que la democratización de la enseñanza conllevara una calidad unos grados por debajo de la imprescindible, soy de quienes considera que podría haberse hecho de muy otra manera y con resultados mejores, pero esta convicción, y alguna experiencia al respecto, no le interesa a nadie; la gente está muy ocupada siempre.

Volviendo al texto del manifiesto, quiero puntualizar que, cuando accedí a la universidad, a la tierna edad de los dieciséis recién cumplidos, ya tenía la convicción de que la educación y el empleo eran cosas diferentes; de otra manera, que la educación era un bien en sí, no ‘un bien para’, lo que no significa en absoluto que no esté convencida de que el no poder acceder a un puesto de trabajo más o menos acorde con la formación de uno no me parezca una aberración, y un crimen sin más el que se le niegue trabajo a cualquiera, siendo que el salario es nuestro haber, nuestro estar y nuestra libertad, por todo lo cual me juzgué más radical que los firmantes del manifiesto: “Si las esperanzas de las generaciones más jóvenes de europeos son sacrificadas en el altar de la crisis del euro, el tan admirado modelo europeo también fracasará.” En lo de que el modelo europeo fracasará, quedándose, sin embargo, tan anchos los dicentes respecto a cuestiones más prácticas, me olvidaría del ‘modelo’, por mucho que fuera ‘admirado’, para afirmar, sin más que, si las esperanzas de las generaciones europeas más jóvenes de poder trabajar no se cumplen, lo que hay que hacer es enchironar a los responsables, sean quienes sean y se encuentren donde se encuentren; de forma inmediata, a los responsables directos, o últimas cabezas, que a estos los conocemos, tienen nombre, apellido, domicilio, dirección de correo y una nómina generosa, dietas aparte, que a ver por qué no voy a poder echar mano de algún eufemismo también yo. Es justo a nuestros representantes políticos a los que hay que exigirles toda la responsabilidad, entre muchas otras razones porque, antes de tomar posesión de su cargo, juran o prometen acatar la constitución.

Después de una referencia muy emotiva a John F. Kennedy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”, posé la mirada en el meollo de la cuestión, supuse, dado lo avanzado del texto: “Esa es la razón por la que pedimos a la Comisión Europea y a los gobiernos nacionales, al Parlamento Europeo y a los parlamentos nacionales que promuevan una Europa de ciudadanos que trabajen activamente, y garanticen los requisitos financieros y legales, para el Año Europeo del Voluntariado para Todos como un modelo contrario a la Europa establecida de arriba abajo, esa Europa de las élites y de los tecnócratas que ha prevalecido hasta ahora.” Tres veces tuve que leer para hacerme cargo, no sé si por el hecho de que las comas fueron tratadas con cierto desapego o qué… “Pedimos”, es decir, ellos piden, nada menos que a La Comisión Europea, al Parlamento Europeo, a los gobiernos nacionales, que promuevan una Europa de ciudadanos que trabajen activamente, y garanticen los requisitos financieros y legales… Pues no sé, porque, si bien lo entiendo, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, los gobiernos y parlamentos nacionales andan a muy otra cosa o de espaldas a cuestiones filantrópicas. En fin, como sea, lo de “… como un modelo contrario a la Europa establecida de arriba abajo, esa Europa de las élites y de los tecnócratas que ha prevalecido hasta ahora” lo juzgué inmejorable e irrenunciable aspiración; de hecho, en ello andamos muchos desde hace décadas. Pero confieso que la referencia a las ‘élites’ me gustó menos, ya que en la lengua vecina elite es grave con llaneza, y cuando un préstamo se nacionaliza, es bueno que lo haga con la acentuación original, de modo que solo un pedante que lee francés sin hablarlo podría confundir tan groseramente, así esdrujulizando. Para una cuestión similar -señala Menéndez Pidal, cuidadín, no servidora- se reprocha la pronunciación ‘médula’ por ‘medula’, con étimo latino ‘med(ú)lla’, mientras que la lengua patrimonial, que trabaja de oído, nos proporcionó el lógico  ‘meollo’ con la vocal tónica en su sitio, como le ocurrió a ‘cebolla’, del latín ‘caep(ú)lla’. Pero, pelillos a la mar, son cositas que no tiene por qué saber, pongamos, un ingeniero de caminos. La RAE sí, es más que posible que bien lo sepa alguno de sus académicos, pero, al no tratarse de la visibilidad o invisibilidad de las mujeres, no apetece una discusión con el mismo ardor al respecto; se decanta, con un par varón, cerrando los ojos a la historia de la lengua y a la madre que parió a toda románica, por que elijamos el que más nos guste. En estas actitudes, la RAE comparte políticas con la secta católica. Así, si mal no recuerdo, la masturbación, al menos la de los chicos -las chicas van en lote aparte siempre para los obispos-, pasó de ser considerada pecado mortal a menos mortal, incluso venial, cuando cayó en la cuenta de que la parroquia no andaba por la labor de inclinarse por paraísos prometidos para cuando el más allá, haciéndolo, en cambio, por las descargas higiénicas y placenteras del más acá, razón por la que, sopesados pros y contras, dicha secta rebajó la condena. A la Real Academia le ocurre algo parecido: en cuanto todo dios se masturba con palabras dignas de condena eterna e infernal, rebaja sus exigencias. Cosas de la política.

Después de tres párrafos más en torno a ni se sabe, o que estamos hartos de saber aun mejor que los firmantes, verbi gratia, que “La crisis de la deuda que actualmente está desgarrando a Europa no es simplemente un problema económico sino también un problema político”, debiéramos advertir a toda esa buena gente que andábamos rotundamente convencidos de que no se trata de un problema económico, sino de un problema de alta política sin más, problema que, por cierto, hay que resolver sí o sí de inmediato, y entendiendo por problema que nadie digiere que estemos siendo gobernados por gente desconocida, peligrosa y a la que ni de coña hemos votado en una urna, entre otras razones, porque no es gente que guste de urnas, y menos, de dar la cara. “Necesitamos de una sociedad civil europea y de las perspectivas de las generaciones más jóvenes si queremos solucionar los asuntos candentes de hoy. No podemos permitirnos dejar que Europa se transforme en el objetivo de un movimiento de ciudadanos indignados contra una Europa sin europeos”, manifiestan los manifestantes. Vuelve a escapárseme el significado de la exhortación de que no podamos permitirnos dejar que Europa vaya a ser el objetivo de los ciudadanos indignados CONTRA una Europa sin europeos, a no ser que los indignados sean gentes de aviesa intención procedente de otra galaxia. Pero parece que indignados estamos todos, por volver al eufemismo, y una Europa falta de europeos parece un disparate, una sutileza, una llamada con connotaciones que se me escapan, o una alusión, a saber si xenófoba. A ver si va a resultar que a esta otra elite se le ha ocurrido que, como Nuestro Señor Don Quijote, nos lancemos a pelear contra molinos de viento para pasar el rato y dejar tranquilos a los que no descansan ni los domingos.

“El Año Europeo del Voluntariado para Todos no se ha diseñado simplemente para tapar huecos. No está concebido como una hoja de parra institucional para los fracasos europeos. Consiste por el contrario en una organización de autoayuda de desobediencia creativa, como una fuerza compensatoria del poder de las élites europeas y nacionales existente en la política y los negocios. Que ofrece la posibilidad de esperanza y resistencia frente a una falta de visión de futuro institucionalizada. El Año Europeo del Voluntariado para Todos es un acto de autoafirmación de la sociedad civil europea. No configura un sistema de limosnas para la juventud desempleada”. Autoayuda es un vocablo que me pone en guardia siempre; esa gente ha debido de leer manuales de dudosa reputación, pero en cambio con lo de “autoafirmación” y la “desobediencia creativa” pasan directos al territorio de la arenga, y a mí las arengas me enardecen, me electrizan, me empujan a cualquier barbaridad. Y desde luego, de limosnas, nada, a ver qué se creen las elites europeas, joder. Y joder con la redacción de esas últimas líneas del manifiesto tan de parataxis niña como para no querer dejar fuera de la comprensión del texto ni a un meteco metido a lector.

Lo bueno viene después, cuando, a cierta altura del texto, se empieza a comprender que un manifiesto no es lo que siempre sueña uno, por lo que importa leer muy concentrado: “La libertad política no puede sobrevivir en una atmósfera de temor. Solo prospera y consigue establecerse allí donde la gente tiene un techo que le protege y sabe cómo va a vivir mañana y durante su vejez. Por eso el Año Europeo del Voluntariado para Todos necesita de una sólida base financiera. Solicitamos del empresariado europeo que haga su pertinente contribución.” ¿Cómo? ¿Solicitan del empresariado europeo que haga su pertinente contribución, cada uno lo que buenamente pueda? Una de tres: O los firmantes redactaron el manifiesto en estado de ebriedad manifiesta, el traductor perdió los papeles allá donde las elites, o esta gente es postulante del Domus, si es que se gasta aún aquel alegre salir a la calle hucha en ristre. Aunque cabría una cuarta suposición, que estén vendidos al oro chino, que eso sí es oro con quilates sobrados capaz de sacarle los colores a la NASA, si se tercia. “Solicitamos del empresariado europeo que haga su pertinente contribución”. Me confieso incapaz de entender qué pide al empresariado europeo gente filantrópica y de natural desprendido, esta granada representación de alemanes, ingleses, polacos, franceses, nórdicos, un par de letones… ¡y Javier Solana, laus Deo, Secretario General de la OTAN que fue, Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y Comandante en Jefe de la EUFOR, además de físico, sobrino en segundo grado, poquito parentesco, de Salvador de Madariaga!

“Si Europa quiere desarrollar una cultura de abajo arriba, esta será el resultado de las nuevas formas de acción cívica que tienen lugar en las redes transnacionales. Campañas de alcance global y europeo que se desarrollan en ámbitos para cuyos problemas los Estados nacionales no son capaces de ofrecer soluciones adecuadas: degradación ambiental, cambio climático, flujos migratorios y de refugiados, xenofobia, así como también en los diferentes campos de las Artes. Es preciso acordar un nuevo contrato entre el Estado, la Unión Europea, las estructuras políticas de la sociedad civil, el mercado, la seguridad social y la sostenibilidad.” ¡Aaah, vale! Y conforme leía, la Marsellesa sonaba de fondo, no el Das Deutschlandlied: Solicitan del empresariado europeo que subvencione campañas de alcance global en relación con absolutamente todo, una especie de nuevo orden, o nuevo contrato entre el Estado, la Unión Europea, las estructuras políticas de la sociedad civil, el mercado, la seguridad social y la insostenibilidad. Sin palabras. Vaya currículo para los becados, el proyecto con su presupuesto, ese capital exigido a los empresarios depositado en un lugar de confianza, ¡y hala!, taxistas, enfermeras, obreros, industriales, dentistas, maestros, periodistas, estudiantes y pensionistas a currárselo como Dios manda, a pensar qué podríamos hacer con el capitalismo salvaje que arrambla con todo, con sus practicantes, los mercados financieros, sus mercaderes, y echarle las cuentas a la Seguridad Social, no, inventarse otra, y al tiempo y ya puestos, CREAR UN NUEVO CONTRATO SOCIAL. Pero si estaba de puta madre el que había, caramba, hasta que aterrizaron los codiciosos extraterrestres a ordenar dinamitarlo a los dirigentes políticos de cada democracia a sus órdenes, incluidos los alemanes. ¡Por qué y para qué un NUEVO CONTRATO SOCIAL! ¡QUEREMOS EL QUE HABÍA! Con el que había nos apañábamos muy bien. A partir de ahí, pues ya veremos qué vamos haciendo, que es justito en lo que íbamos antes de la nueva impensable invasión bárbara.

En el final, como en las novelas policíacas, está la clave: “La identidad europea es el producto del diálogo y la discrepancia entre muchas culturas políticas diferentes: las del Citoyen, el Citizen, el Staatsbürger, el Burgermatschappij, el Ciudadano, el Opywatel, el Politis, etc. EUROPA TIENE QUE VER TAMBIÉN CON LA IRONÍA; CON SER CAPACES DE REÍRNOS DE NOSOTROS MISMOS. NO HAY MEJOR MANERA DE COLMAR A EUROPA DE VIDA Y DE RISA QUE MEDIANTE EL ESFUERZO CONJUNTO DE LOS EUROPEOS DE A PIE ACTUANDO EN SU PROPIO NOMBRE.” (las mayúsculas, mías, pero no grito, resalto).

¡Acabáramos! Esta buena gente no es una Ana Botella cualquiera, proponiendo cubrir servicios públicos con voluntarios, porque “todos los ciudadanos deben hacer algo por la sociedad”, es decir, atender espacios públicos, centros culturales, polideportivos, bibliotecas, residencias públicas de ancianos, parvularios y guarderías… Que sepan quienes firmaron el manifiesto que no andan tan errados en la parte de las risas, la propuesta de Botella también nos hizo reír, más que nada, en su caso, por la parte de la autoridad moral que en este país tiene el PP, muy en particular ella, su marío, Agag y Gürtel… los de tanta invención como trujeron, aunque “las dávidas desmedidas, los edeficios reales llenos d’oro, las vaxillas tan fabridas, los enriques e reales del tesoro, los jaezes, los caballos de sus gentes e atavíos tan sobrados ¿dónde iremos a buscallos?, ¿qué fueron sino rocíos de los prados?” … Ay, perdón, esta parte es de Manrique, el PP siempre me empuja al medievo. Pero esta otra gente, no. Propone, y además a cargo del empresariado, que nos ríamos, visto que todo es dolor.

La cuestión es que, ya bien centrada en el espíritu del texto, tengo una contrapropuesta. A saber: ¿Y si esos mártires del manifiesto amenazaran a los dirigentes políticos de los diversos estados europeos, a la Unión misma, a Frau Merkel, a Sarkozy, a Rajoy, a las estructuras políticas de la sociedad civil, a los mercados financieros, al capital, a la insostenibilidad, y a cuanto gustaran añadir por su cuenta, con un suicidio en masa, al menos una huelga de hambre indefinida, acampados a las puertas del FMI, del Banco Mundial, del Central Europeo, del Reichstag? Ya me imagino el escándalo, la vergüenza que sentirían los aludidos al saber que el gesto desesperado de intelectual práctico ocupaba las primeras paginas de todos los periódicos, y aun más, la sacudida de conciencia consiguiente de los enemigos del pueblo, si se prefiere, su cólera, al observar en las imágenes que los huelguistas, a pesar del hambre y de la sed, mantenían una sonrisa burlona y desafiante en los labios, la ironía en cada frase dirigida a los criminales causantes de estas escaseces, o mejor, estado de sitio sin declaración previa de guerra. Lo que nos íbamos a reír.

En fin, seguro que el manifiesto tendrá una segunda parte: la que nos explique cuál era la propuesta. Y querría suplicar a toda esta gente de las intenciones altruistas que se manifieste en un koiné al alcance de todo mortal; si es posible, koiné, koiné, es decir, sin necesidad de traducción. Al menos, para quienes somos europeos viejos, que no es exactamente lo mismo que residir en la vieja Europa. Y en el mismo sentido, si Alemania, que no formaba parte de la Europa vieja, no pilla, se le escapa la koiné, miel sobre hojuelas. ¡Ánimo, vamos por todas!

El manifiesto vertido al cristiano viejo, aún no en koiné:

http://elpais.com/elpais/2012/04/25/opinion/1335365305_415494.html

 

 

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