Lo que ya no puedo decir

 

Ayer, sobre las cinco de la mañana, quise postear un texto, largo, para variar,  y en el que me pareció que dejaba dicho todo cuanto me resultaba imprescindible acerca de Günter Grass, de su biografía, de la conciencia o referente moral que es en su país desde hace una vida, mi emoción y la emoción de tantos alemanes y no alemanes por haber dicho él  “Lo que hay que decir”, gente aficionada a leer entre, bajo y sobre líneas los artículos de opinión, ni cuento con qué afán examinar la información que se nos proporciona y buscar la que se nos hurta, junto con un profundo sentimiento de gratitud a Günter Grass por que haya dicho lo que tenía que decirse y que, de cuando en cuando, alguien termina por decir, obrándose así un milagro de luz sobrevenida al modo en que la arrojó a la cara de la ciudadanía del mundo entero, exigiendo que la mantengamos tal que nos la regaló y aunque no lo supiera, Dimitris Christoulas, al descerrajarse un tiro delante del Parlamento griego. Para hacerlo, postear, digo, solo faltaba borrar la url de un periódico alemán tan amarillista como suelen ser los más de ese país, así que lo hice… llevándome al tiempo por delante, como cuando me bebo de un trago el café solo y cortito, por favor, el texto completo. ‘Se ha dejado un borrador a las 4:57’ leí llena de esperanza boba y femenina. Se había dejado sí, pero más blanco que la patena esa que ya debe andar produciendo de nuevo. Mis palabras volaron, pues, aunque sé que andarán en alguna parte, nunca se borra nada de verdad del todo ni siquiera en el ordenador, es seguro que el disco duro las guarda a mayor tranquilidad, no solo de sionistas, sino de cuantos imbéciles nacionales como extranjeros dirigieron su índice enhiesto y acusador en dirección a Günter Grass, a su poema, poema que, por más que su traductor, Miguel Sáenz, sea traductor de traductores, el portento que me permitió leer a tantos escritores alemanes, también ingleses, y sin poder acusarlo de una coma desacertada o de un adjetivo excesivo -y me han dicho que tal cual es su alemán-, no haya hecho sino verter al castellano, se habrá guardado el poema en sus entresijos teutones por incapacidad inherente a la traducción tal vez algunas aliteraciones, ciertas formas verbales cuyo poderío en alemán no fue posible trasladar al castellano, así como las connotaciones que las palabras despiertan en una lengua y que no son casi nunca las que despiertan en otras, recursos probablemente menores, porque apenas ese poema es poema, y que resultan intraducibles siempre.

No voy meterme a recuperar con trabajo lo que se borró, hacer ese esfuerzo de rebuscar datos que me robaron horas, alguna divinidad así lo quiso, pero tampoco puedo dejar de homenajear las palabras del poema y a su autor, dejándole al lector todo el trabajo de hallar las razones de por qué Günter Grass resulta nada menos que todo un hombre, que diría en castizo Unamuno, y los analistas del poema casi en general -concluyan la búsqueda en la red, si no-, seres menores a lo suyo, asalariados de más amos que los integrados en jerarquías que culminan en los intereses de países muy concretos, sea en este caso Sión, USA, los gobiernos de otros países que los envidian y tratan con guante de seda y las procesiones y coros de loadores de la peor letra, ni digo de la abyección de los intereses particulares chiquitines que van del habitual plato de lentejas para arriba, el plácet del inmediato superior o el de su esposa al reconocer engordado su haber en el banco. Grass cumplirá este año 85, sus ‘comentaristas’ son muchos más jóvenes, y si lo han leído o llegan a leerlo algún día, va a serles igual, ellos tienen las cosas tan claras como para seguir trabajando a su aire por mal que vayan las cosas de este mundo, que en el otro nadie cree ya, aunque hagan como que sí esos mismos, además de Rajoy y su banda de músicos, junto con Obama, Benjamin Netanyahu, Simon Peres, Merkozy, el Vaticano y demás gentes de parecido jaez repartida a lo largo y ancho de este mundo de payos.

Este es el poema de Günter Grass, que vio la luz en el rotativo alemán Süddeutsche Zeitung. A los demás les faltaron de lo que dicen en este país en mejor prosa que la mía que hay que tener, no les faltaron en cambio cuando el escándalo, y así el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), adelantando por la derecha a lo que Grass había contado ya en su autobiografía, haciéndose con esa presa en Pelando la cebolla, 2007 en castellano,  Beim Häuten der Zwiebel, 2006 en su país, exactamente lo que el escritor, que había obtenido el Nobel y el Príncipe de Asturias en 1999, dejaba dicho. Por entonces, yo estaba en Berlín, y aunque los tenderos, yendo a lo suyo, corrieron a poner en el escaparate el ‘documento de la vergüenza’, lo cierto es que les duró poco la alegría porque a los berlineses en general apenas les interesó. Berlín no es Madrid, España, Berlín tampoco es del todo Alemania, Berlín es otra cosa siempre, esencialmente Berlín es pobre, culta, cordial, sabia, las ha vivido todas en su momento, así que, que le echen zarzuelitas a los berlineses, que es decir al tiempo, turcos, italianos, españoles, latinos, armenios, etc.

LO QUE HAY QUE DECIR

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

Debajo, la url del comentario de texto de un alumno de 4º de la ESO, aunque él se diga periodista escritor, editorialista o ligado a esos negocios, a día de hoy asesor del Grupo Planeta, creo haber leído en alguna parte. Dejo deletreado el titular, esa deposición que viene a como avanzarnos los chistes que incluye en el cuerpo del texto un tal Adolfo García Ortega, texto que, júrenlo, está constituido con fervor total por una serie de consideraciones políticamente correctas y a favor de la corriente acomodaticia dominante. Pues faltaba más. La negrita del titular me la pidió a gritos precisamente el contenido del texto, ese ir comentando mientras silba su autor, tal que si paseara por una playa mediterránea, ese gusto de pisar la arena caliente los pies desnudos, todo él desnudo de equipaje lingüístico, reflexivo, moral, etc., como un muchacho en flor. Del título, no me digan que no hay que haber crecido como mandan los cánones para haberse atrevido con esas tres palabras en clave de ironía, salvo, eso sí, la doble ese en mayúsculas que aún no he podido desentrañar. Quizá en la intimidad de sus hogares algunos estén tratando de hacerlo, recordando su adolescencia, y no solo en según qué casos, despertada por las hormiguitas seductoras de un tal José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma Ramos, Onésimo Redondo o Ruiz de Alda, presentes, porque a otros voy a dejarlos de nombrar, no vayan a leer mala fe algunos, y quede constancia de que determinados nombres no correspondían a tontos precisamente.

SANTO, SOLDADO, POETA, SS

http://elpais.com/elpais/2012/04/05/opinion/1333620984_583657.html

Sin embargo, y es por lo que El País me cuenta aún entre sus clientes, existe otro artículo firmado por José María Ridao de muy diferente contenido, aunque me habría gustado que dejara bien claro que las ‘veleidades nazis’ de Günter Grass fueron las de prácticamente todo alemán, bien por obligación de ciudadano de aquel país por aquellas tremendas fechas, bien por la juventud, que suele ser incapaz de distinguir la naturaleza de los cánticos que le van llegando. En todo caso, por entonces, Grass tenía 17 años, y con todo, la vergüenza por tanto de lo que supo mucho más tarde lo obligó a callarse hasta 2007, pero con la pretensión de hallar la exactitud dentro de una memoria, la de todos, que siempre juega seleccionando lo que nos puede salvar, y que no era lo que quería precisamente este señor, sino lo que le permitiera presentar en público y con la integridad que se debía a sí mismo aquella faceta de su vida, cosa que hizo en Pelando la cebolla, debajo de una capa, otra y otra y otra… Y de todas maneras, lo cierto es que ya se lo había confesado a algunos de sus íntimos. Creo que a Ridao lo salva el hecho de ser licenciado en Filología árabe, es decir, que este señor lee infinitamente mejor que García Ortega, aunque a mí personalmente me habría encantado que se relajara un pelín más. Vean, si no.

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/03/actualidad/1333478222_398181.html

Nota tontarrona. El estado de Israel ha declarado a Günter Grass persona non grata.

 

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